F. Mond, escritor cubano: «En nuestros jóvenes no ha muerto el romanticismo, solo que ha cambiado de fase»

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Un suceso real es el detonante que ubicará a Gabriela, adolescente habanera, frente a un mundo paralelo al suyo. ¿El hecho? La explosión del Acorazado Maine. ¿La historia? La novela de ciencia ficción Hasta que la vida nos una, con sello editorial de Gente Nueva, que firma F. Mond, experimentado autor del género, con títulos tan exitosos como ¿Dónde está mi Habana? Krónicas Koradianas.

Aunque siempre el tránsito entre los supuestos mundos paralelos se lleva de la mano de los creadores de la historia por medio de una supertecnología, en esta novela, donde ellos son referencia, no ocurrirá así. En el trance de su recuperación, al haber quedado afectada por las ondas expansivas de la explosión, la protagonista descubre que hay algo muy fino que no la deja avanzar. En breve el sonido de un violín le advierte que detrás de la lámina hay alguien a quien no conoce.

Presentada por estos días en la librería Ernest Hemingway, de Marianao, a un público integrado fundamentalmente por el taller literario de la Casa de la Cultura del municipio, la obra es la primera de una serie denominada La otra fase, que ya va por cuatro novelas, inéditas aún, con un tema común en distintas situaciones. A propósito de la entrega, F. Mond accedió a conversar con Granma.

–Hasta que la muerte nos una es un modo lúdicro de citar con cierto optimismo una frase común. ¿Habrá en la novela un aura esperanzadora? ¿Cómo se trata –si así fuera– el arrojo, la voluntad de los personajes?

Cierto. Aunque los protagonistas viven una experiencia que puede llevarlos al manicomio, por la alucinante realidad que los envuelve, ambos unen voluntades. Gabriela deja atrás prejuicios propios de una muchacha de su tiempo (1898) para, junto con Julián, subsistir en ese mundo extraño que ninguno de los dos comprende.

–Hablamos de una novela de ciencia-ficción donde está la historia de Cuba. ¿Se trata de un compromiso, sentido de pertenencia u otra razón?

En parte, sí. Creo que nuestro acontecer histórico es rico en situaciones importantes e interesantes como echar a andar la imaginación. En varias de mis novelas anteriores ha sido así; por ejemplo: en ¿Dónde está mi Habana?, una de las primeras, el tema gira alrededor del asedio y el intento de tomar La Habana por los ingleses, en 1762. Me gusta recrear el hecho histórico. El tiempo que le dedico a informarme sobre el asunto, a investigar acerca del tema, resulta para mí la mitad del placer de escribir. La otra mitad radica en el grado de aceptación de los lectores.

–En la trama José Martí llega a ser el primer presidente y la república se desarrolló sin la injerencia de los norteamericanos… ¡Cuánto habríamos dado los cubanos por eso!

En efecto, pero en esta novela solo se menciona el hecho; en una de las inéditas el asunto se expone detalladamente: Julián salva la vida de nuestro Apóstol en la emboscada que, con ayuda del vecino del norte, le había preparado la inteligencia colonial.

–¿Forman parte de sus estudios permanentes las ciencias exactas, tan necesarias en la ciencia-ficción?

En lo absoluto. Pero siempre me atrajo la literatura de divulgación científica. Mi formación es literaria, lo de la ciencia es un «daño colateral» insoslayable.

–En el argumento se pueden apreciar toques muy simpáticos. ¿Será que F. Mond no puede prescindir del humor?

–Es casi seguro que sí. Solo he escrito una novela donde no hay humor explícito: Los que deben morir, pero no es ciencia-ficción, sino algo parecido: una ucronía o especulación histórica: ¿qué hubiera sucedido de no haber sucedido como la historia recoge que sucedió? Me resulta difícil dejar a un lado el tono humorístico cuando escribo. Recuérdese el exergo de Holocausto 2084: «El humor es a lo trágico lo que el bicarbonato al garbanzo duro: lo pone blandito, lo hace digerible».

–¿Cuál es el público para el que se ha pensado la novela?

Está dirigida a los jóvenes, más o menos de la edad de los protagonistas, es una novela (una serie) de amor y aventuras, todo en La Habana, con personajes con los que pueden identificarse los jóvenes románticos. Porque, aunque muchos así no lo crean, en nuestros jóvenes no ha muerto el romanticismo, solo que ha cambiado de fase.

Publicado en Granma
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