Julio Fausto Aguilera, el poeta y el sapo

Por Rolando Castellanos Portillo

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Sucedió en Ciudad Real, al sur de la Ciudad de Guatemala. El poeta dedica las horas de la tarde a la lectura acostumbrada. Tiene en sus manos una Antología de la Poesía Hispanoamericana. No se cansa de releer un breve poema:
El sapo
hermoso a su manera
lo ve todo
con la serenidad
de quien se sabe destinado
al martirio (José Emilio Pacheco)
No ha terminado de leer el último verso cuando, de pronto, entre un húmedo matorral surge como piedra verdosa un sapo que, salto tras salto, invade el corredor y lo recorre con destino impreciso. Su huella mojada queda impresa en los gastados ladrillos de barro y, en segundos, desaparece en los cercanos límites del arbusto vecino.
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Julio Fausto Aguilera escribe “Viajero hermano huésped” a finales de la década del sesenta. Se incluye dicho poema en una sencilla plaquette titulada “Poemas guatemaltecos” (Dirección de Cultura y Bellas Artes, 1969). La mayoría de poemas aquí incluidos poseen un marcado carácter cívico –temática siempre presente a todo lo largo de su producción–:
El sapo
feo,
oscuro y portentoso,
piedra mojada,
en qué momento cuajó la noche
sus ojos rutilantes
viene a nosotros,
claro embajador
de los reinos despiertos,
bullentes de la noche
del jardín en tinieblas
de los montes y charcos ávidos
ante los moradores todavía en vigilia,
y penetra confiado, familiar,
recibido con risas, con arduos pensamientos
y misterio.
Sapo Maravilloso, viajero de la noche,
de los siglos viajero, hermano huésped
mi fervor te aposenta,
mi fervor
en tus misterios queda enmudecido. (Página 31)
3
Muchos años después, el poeta recuerda el proceso creativo: un instante fugaz ha quedado plasmado en uno de los poemas más bellos de la poesía guatemalteca. La costumbre del poeta jalapaneco de hablar con entusiasmo de su obra descubre a los ojos del lector el eterno misterio de la intertextualidad… “Tu realidad ahora: exuberante, rica, bañada en luz”.
El poeta no se queda en el “carácter cívico”, como muchos poemas suyos dedicados a la patria. “Viajero hermano huésped” descubre en particular un instante irrecuperable, esencial, del ser guatemalteco.
Fue así como Julio Fausto Aguilera, Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2002, lo contó una tarde de sábado en el archivo del periódico El Imparcial.

Publicado en La Hora
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