En el fondo del caldero

Por Milena Recio

Metal contra metal produce dentera. Esa sensación desagradable que colma la cabeza cuando se oyen ciertos sonidos: las tizas al rayar la pizarra; los dientes que muerden un cubierto vacío, o el metal que rechina contra otro metal: un calambre ligero recorre las encías, llega hasta los oídos y provoca un escalofrío leve.

Es lo primero que se siente frente a Jesús y Nelson. No sé cuántos minutos podremos estar frente a ellos si esta sensación no se detiene. De entre sus piernas salen todos los sonidos que nos dejan retorciéndonos.

Jesús maneja con destreza un breve cuchillo en su mano. Parece un sablecillo. Se ve que tuvo mayor porte, pero su hoja se ha gastado y uno puede fantasear con una densa y larga historia del cuchillo de Jesús.

Antes pudo haber servido para picar tomates o filetear algún trozo de carne. Quizás algún día se usó para pelar un cable eléctrico o sacarle la punta a un lápiz. Con él pudo haberse defendido de un espíritu maligno o haber herido de muerte el corazón de un animal. En estos días el cuchillo en su mano sirve para despellejar la inmundicia grasienta adherida a los calderos que desde hace un año le dan de comer a Jesús, antiguo maquinista ferroviario, y a su familia. Desde hace un año le saca brillo a ollas ajenas.

Sentado en su silla, –es su silla de la paciencia–, a sus 73 años y ya con muy pocos dientes, Jesús y sus manos broncas tratan de devolverle al metal todo el esplendor que pudieron haber tenido.

Él pide 25 pesos por cada uno de los cacharros que limpia, pero los calderos y las viejas sartenes quedan tan relucientes que algunos le dan 30 o 40. La mayoría de sus clientes no imagina que sea posible recuperar tanto fulgor después de tanta hediondez.

“Cuando uno crea familia, uno tiene que ayudar a la familia”, dice Jesús, de Centro Habana.

Para este hombre que carga los huesos de sí mismo en una delgadez premonitoria y que parece ser su propio abuelo, el deber es “raspiñar por la calle”, en “lo que pueda, siempre y cuando sea honradamente”.

Publicado en OnCuba

 

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