Mónica Acevedo, coordinadora del Festival TABA: «El público contará con un menú de obras que invitan a armarse su propio banquete teatral»

Por Daniel Cholakian – NodalCultura

El verano de Buenos Aires tiene desde hace varios años un Festival de Teatro que nació desde la experiencia de intercambios con el Temporada Alta de Cataluña. A partir de allí creció y se convirtió en una referencia central del teatro internacional para el público de la capital argentina.

La 7ª edición consecutiva del Festival Temporada Alta en Buenos Aires (TABA) se va a desarrollar entre el 7 y el 17 de febrero en TIMBRe4.

Nuevamente habrá una importante presencia de la escena latinoamericana. Se presentarán espectáculos de Argentina, Colombia, Perú y Uruguay. De Europa llegarán espectáculos de Alemania, España, Finlandia y Suiza.

TABA es una fecha que se instaló en el teatro del verano porteño en 2013 y su presencia es casi performática, el teatro porteño desde entonces fue encontrando que Buenos Aires es un espacio muy vital en el verano. Más allá de los cambios económicos y de modos de consumo, más allá de la crisis, el teatro -especialmente en verano- se convirtió en un espacio de encuentro, además la mera función espectadora del público. Eso se ve mucho en las funciones del TABA, cerveza antes, charla después, encuentros con los artistas.

En esta 7ª edición habrá teatro tradicional, danza, teatro físico, teatro de objetos, títeres, clown, performances, música. La tradicional sala porteña, en sus distintos escenarios, será centro de la cartelera teatral en febrero. Memoria, historia, amor, humor, horror, cultura, identidad, poder, corrupción, serán algunas de las temáticas que atraviesan la programación.

Además de los espectáculos, la programación de TABA incluye: la semana catalana, mesas de conversación, workshops y el Torneo de dramaturgia transatlántico.

Prehistoria de la felicidad – Foto: Dante Rossi

“Este año hemos intentado abrazar una programación diversa que pueda convocar a diversos tipos de espectadores”, afirmó Mónica Acevedo, coordinadora del TABA a Nodal Cultura. En la conversación Acevedo explicó cuáles han sido los criterios de programación, con qué se encontrará el público, cuáles son las estéticas de los grupos participantes y cómo a partir de estas presentaciones se podrán apreciar las diversas miradas que ofrece la escena del mundo hoy. La coordinadora del Festival también nos habló sobre la presencia de los elencos latinoamericanos en el TABA.

¿Cuáles son las claves o los ejes curatoriales con los que pensaron esta edición y con qué se va a encontrar el público?
Este año hemos intentado abrazar una programación diversa que pueda convocar a diversos tipos de espectadores. Nuestro eje curatorial está puesto en la búsqueda de propuestas escénicas contemporáneas de carácter independiente que reúnan calidad artística y búsquedas de lenguajes, a la vez que puedan ofrecer al público una mirada propia sobre el mundo desde sus diversos lugares de procedencia, entendiendo que la naturaleza de cada proyecto proviene de otra geografía y contexto. Nos enorgullece poder contar en esta oportunidad con espectáculos que abarcan géneros diversos: clown, teatro físico, unipersonal, perfomance, teatro familiar, teatro instalación y música en vivo.

El público va a contar con un gran menú de obras que le invitan a armarse su propio banquete teatral, además de variadas actividades complementarias, que esperamos les permita disfrutar de la alegría y la fiesta que es para nosotros el poder contar con tal diversidad de artistas internacionales.

¿Cómo dialogan las estéticas entre los diferentes artistas y grupos invitados este año?
Las estéticas serán muy diversas y algunas muy distintas entre sí, porque cada una proviene de un contexto muy particular. Todas son propuestas contemporáneas que nos ofrecen una mirada particular sobre el mundo hoy. Nos ha interesado poder justamente ofrecer variedad a la vez que miradas creadoras inspiradoras. Por ejemplo, la coproducción suizo alemana finlandesa Mondkind será probablemente la propuesta que nos visita desde más lejos este año, con una propuesta más performática que sin embargo invita a un público de amplio espectro, familiar. Mientras que la propuesta de Colombia está más vinculado a un trabajo más cercana a los juglares, en manos de un actor de larguísima trayectoria. Desde Perú la Compañía de Teatro Físico nos deleitará con uno de sus primeros trabajos. Y la escena joven estará representada esta vez por Tu veneno en mí, de un numeroso elenco en escena, proveniente de Mendoza, y CHETA, de Uruguay.  España, por su parte, en esta oportunidad trae una diversidad única y exquisita: desde Cataluña, Lluis Homar, actor de larga carrera interpretando un clásico de la literatura dramática catalana a una sola voz; el espectáculo de Clown de Guillem Albá que es un estreno; la instalación escénica de Casas, proveniente de Mallorca, y el espectáculo en pequeño formato Vida, proveniente de Zaragoza.

Mondkind – Foto: Minna Heikkilä

Todos dialogan en que son búsquedas que reflexionan en torno la realidad contemporánea de nuestras sociedades; en un contexto de crisis, prácticamente mundial, donde siempre gracias a cada propuesta se nos da la oportunidad de detenernos un momento, vincularnos unos con otros, mirarnos a los ojos y compartir una experiencia enriquecedora gracias a este encuentro.

¿Qué nos pueden contar de la presencia de obras latinoamericanas?
En esta oportunidad hemos podido concretar la participación de espectáculos latinoamericanos muy interesantes por su diversidad: Prehistoria de la felicidad (Perú); Cantoras de la Candelaria (Chile); CHETA (Uruguay); Tu veneno en mí (Argentina), y El tigre no es como lo pintan (Colombia). Teatro físico, música en vivo, nuevas dramaturgias y búsquedas contemporáneas; unipersonal, cada una un mundo a descubrir. Además, por primera vez haremos un Work in progress de la obra PA(T)RIA o el día que un moro frustró mi primera paja; espectáculo que dirige la española María García de Oteyza junto a un equipo artístico proveniente de España, Chile, Colombia y Paraguay. Sin duda, un festín de teatro al que son todos muy bienvenidos y que esperamos sea una verdadera fiesta.

Tu veneno en mí – Foto: Leandro Fernández

El TABA es ya una fecha instalada en la escena porteña del verano ¿Cómo viven ustedes todo lo que se genera alrededor del Festival?
El Festival lo concebimos y lo vivimos como una gran fiesta; como equipo, es un proyecto que disfrutamos mucho y que queremos cuidar para seguir creciendo. Es una fiesta porque nos hace muy felices el poder acoger en casa a artistas internacionales y poder facilitar a nuestro público un evento diverso y lleno de propuestas y actividades que genera una manera distinta de disfrutar el verano en la ciudad. Sobre todo, como bien mencionaste, para nosotros el Festival es un espacio de encuentro, y tal vez por eso nos alegra tanto hacerlo y nos hacer arrancar el año con la mejor de las energías.
En nuestro contexto actual, nos interesa que más que nunca se produzca este encuentro, que todos se sientan bienvenidos y que todas las actividades inviten a la mayor diversidad de personas posibles, para que podamos vincularnos, mirarnos a los ojos, dialogar y disfrutar del teatro en sus diversas posibilidades.
Para nosotros el teatro es eso, generar el encuentro y disfrutarlo, un espacio de protección y de crecimiento en conjunto, donde, además, juntos, es que generamos la realidad que vivimos. Por eso, más que nunca, esperamos que sea un Festival donde todos se sientan invitados y nadie se quede afuera, porque nos necesitamos más que nunca los unos a los otros.

Florencia Caballero Bianchi, dramaturga y directora de CHETA (Uruguay): “Esta obra es un ejercicio de memoria y opinión”
¿Cómo hablarían de la propuesta escénica que traen a TABA?
Siempre definimos CHETA como un ejercicio de memoria, entendiendo a la memoria como un proceso tanto individual como colectivo y siempre profundamente político. Un recuerdo es siempre subjetivo y nunca del todo real. Trabajar con la memoria es siempre un campo minado, en donde lo real y la imaginación con la que completamos lo que no podemos o queremos recordar se encuentran en constante tensión. A eso se agrega el discurso de lo que hemos acordado recordar, lo que la HISTORIA ha decidido que es el relato, a fin de cuentas, un acuerdo, no la verdad objetiva. Hablar sobre mi adolescencia como hija de padres “clase media de izquierda” en el contexto de un barrio profundamente empobrecido, fue rendir tributo a la lucha por el hombre nuevo, en medio de la que nací a fines de los 80 y que llega a nuestros días convertida en una izquierda negociada, unos principios que a veces han sido vencidos por las realidades brutales de nuestra sociedad capitalista y patriarcal. No basta con luchar por un mundo mejor, hay que batallar todos contra todo lo que hemos aprendido y nos domina día a día en cada decisión cotidiana.
Esta pieza al igual que un recuerdo se encuentra suspendida en una hiperrealidad distorsionada por el discurso, oscila entre la representación y el posdrama, en un espacio impreciso con la cualidad de situarse para luego desaparecer, un lugar que es muchos lugares a la vez.
En una dinámica de reconstrucción constante, esta obra es un ejercicio de memoria y opinión, de confrontación ideológica constante entre nosotros como personas y como sociedad.

CHETA – Foto: Gonzalo Nogueira

¿Cuál es la propuesta estética y cómo se inscribe en la escena de su país o región?
Trabajar sobre el proceso de la reconstrucción de la memoria nos llevó a generar un enorme trabajo de investigación documental por parte de todo el equipo. Las actrices y actores, Alejandra Artigalás, Jonathan Parada, Bruno Travieso y Matilde Nogueira hicieron una recopilación de testimonios de la época y registraron sus propios recuerdos. Descubrimos en ese proceso que la herida continúa abierta y que fueron años tan tristes que se había preferido no hablar del tema. Desde el punto de vista del diseño Ximena Seara (Espacio y Luces), Cecilia Bello (Vestuario) y Francesca Crossa (Sonido y Video) trabajaron en un proceso de documentación de época y geográfica y posteriormente sobre la síntesis, desplegando dispositivos de construcción y reconstrucción constante en un espacio sintético que opera sobre la acumulación de sentido y la transformación.
Para el equipo hacer esta obra en el contexto actual es aportar a la pregunta ¿Cómo es que se construyen nuestras realidades actuales? ¿Estamos meramente a merced de condiciones que no podemos controlar? o ¿O nosotros mismos construimos todos los días sin darnos cuenta el entramado que reproduce la injusticia social? No tenemos respuestas, buscamos generar preguntas que nos ayuden a buscarnos y, en una de esas, encontrarnos cuando se apaga la luz.

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