San Juan y Boedo

Esquina mítica en tiempo presente

Por Andres Valenzuela

Durante ocho jornadas, San Juan y Boedo será epicentro de recitales, certámenes, charlas, talleres, muestras y milongas, con una impronta que se alejará de lo meramente evocativo

«Cuando salís del barrio te preguntan ‘¿arman en San Juan y Boedo?’ y ahí se te cae un yunque en la cabeza y comprendés la responsabilidad», explica Ildefonso Pereyra, uno de los gestores culturales más inquietos del barrio de Boedo, que este sábado dará comienzo a la tercera edición de su Festival de Tango, que se extenderá durante ocho jornadas. Habrá recitales, certámenes (de poesía, composiciones, baile, para cantantes), charlas, talleres, exposiciones y milongas, cuya programación puede encontrarse en el perfil de Facebook del encuentro. Pereyra y el músico Adrián Placenti -también organizador del encuentro- citan a Página/12 en esa mítica esquina que sintetiza el tango. Pero para ellos esa síntesis no debe ser sólo evocativa.

«En las reuniones de producción siempre charlamos la necesidad de que ese San Juan y Boedo no se quede en un hito del pasado, sino que sea del presente y del futuro», plantea Ildefonso. «Esta síntesis de los tangos nuevos y la danza es lo que tiene que proponer un barrio típico como Boedo», considera. «Es lo que todos esperaríamos de un referente, no de alguien que vive recordando el pasado».

El Festival de Tango de Boedo cumple sobradamente con ese eje conceptual. Por sus escenarios pasarán grupos como el Quinteto Negro La Boca, Tangorra o la Orquesta Típica Andariega, todos cultores de sumar composiciones al genero y, en mayor o menor medida, circular por distintas milongas afines al tango del siglo XXI.

No sólo eso, el Festival es uno de los pocos barriales que incluyen una sección competitiva de baile, con dos particularidades sumamente inusuales. La primera es que la final se hace con música en vivo. Desde la primera edición es el sexteto de Placenti el encargado de animar ese momento, algo que coincide con su propia búsqueda artística. «Me fui a Europa de gira y volví con ganas de cambiar el enfoque, hacer música que se pueda bailar pero con nuestro sonido», explica. Él mismo baila, y eso ayuda. Pero el sonido con bajo eléctrico, guitarra y flauta sorprende a los desprevenidos. Tanto le entusiasmó su participación en las primeras ediciones que se sumó a colaborar en la organización. «En los últimos años hay algo que está cambiando, estoy convencido de que para bien, que es que las milongas empiezan a aceptar que haya música en vivo», señala Placenti y celebra que el Festival de su barrio ahonde en ese camino. «Hay todo un arrastre de gente muy tradicionalista que quiere bailar las grabaciones del 37 de D’Arienzo y no le pongas otra versión porque pegan el grito en el cielo, pero también hay milongas que de a poquito incorporan números en vivo, se arma un circuito».

La segunda particularidad es que esa misma final se realiza en la calle, sobre el asfalto. Y como al cabo otro de los ejes del Festival es unirse a los distintos actores culturales del barrio, Pereyra agrega que un fabricante de zapatos de tango de la zona está viendo de colaborar con la Universidad Tecnológica Nacional para dar con un material que le permita hacer zapatos apropiados para bailar en ese terreno. La analogía con el tenis y las zapatillas para distintas superficies salta inmediatamente, pero nadie en la mesa pasa por alto las posibilidades que eso implicaría para los bailarines que hacen exhibiciones en la calle, en terrenos más o menos hostiles, como las baldosas de Recoleta o los adoquines de Caminito.

«Hay algo para destacar que son los acuerdos que quizás no saltan a la vista en la programación, pero sostienen el festival», cuenta Pereyra y enumera ejemplos. Juntarse con el CETBA, tocar las puertas de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), del INAMU –que bancará tres charlas, como la clínica de musicalidad para bailarines de Analía Goldberg y el taller de tango para pianistas de Nicolás Ledesma–, o de un estudio de grabación del barrio.

Para ser un festival con apenas tres años de existencia, esa red y ese alcance territorial es muy amplio. Ayuda a eso, evalúan, el orgullo barrial que los identifica a todos. También se trasluce la experiencia de la red de cultura de Boedo (que organiza todos los años una semana de actividades culturales en el barrio) y años del lugar como sede central del Festival de Tango Independiente. Y aunque para muchos era extraoficialmente el festival del barrio, Placenti disiente. «En esto hay algo auténticamente local, el otro era más amplio, con actores que trascendían el barrio y aunque se lo identificaba mucho, también se hacía en otros lados, con gente que claramente no era de Boedo, acá hay quizás una escisión de ese festival, pero tenemos un carácter local».

Página 12


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