Insurrección de las palabras

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Antología da una visión amplia del rumbo de la poesía indígena

Por Ericka Montaño Garfias

La antología poética Insurrección de las palabras viene de ese despertar de los escritores en lenguas indígenas que se inició desde la década de los 70 y que no se ha detenido, dijo Hermann Bellinghausen, compilador del ejemplar que se presentó el jueves por la noche en la Feria del Libro Independiente, que se realiza de manera virtual.

El libro es una coedición de La Jornada, El Colegio de San Luis, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, el sello Ítaca y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali); en él se encuentran las voces de 130 poetas de distintas lenguas originarias, de los cuales al rededor de 30 son mujeres.

El escenario de la escritura en lenguas indígenas se ha movido muy de prisa. El libro registra algo que me parece una especie de aventura de la cultura mexicana, que ahora pareciera estar más visible, que no estoy del todo seguro, que es la escritura de literatura en lenguas originarias de México, algo que pareciera que ahí estaba, pero eran muchas excepciones y muy pocas las lenguas que realmente se escribían y menos con una intención estrictamente literaria.

Algunos de estos poemas se publicaron en Hojarasca, suplemento de La Jornada dirigido por Bellinghausen, otros en antologías en ediciones artesanales o revistas. Actualmente, la poesía en lenguas originarias tiene un estado de dignidad cultural gracias a autores y estudiosos como Carlos Montemayor, el historiador Miguel León Portilla o Antonio Reyes Matamoros, quienes promovieron la obra de escritores indígenas.

Insurrección de las palabras “es un producto un poco accidental de lo que ha sido la experiencia de Hojarasca, porque cuando este suplemento empezó a salir era excepcional que existieran textos literarios escritos por autores en lenguas indígenas. Este libro registra mejor, porque cubre muchos años del surgimiento de una expresión literaria de muchas lenguas; por lo menos 15 están ampliamente bien representadas por escritores que escriben en el siglo XXI, pero viene de un despertar de los escritores indígenas que se fue gestando quizás a partir de los años 70. Una fecha que puede servir de guía es el Congreso Nacional Indígena, de 1974, en San Cristóbal de las Casas, donde por primera vez los pueblos indígenas empiezan a hablar de sus propias formas de gobierno, de su autodeterminación, además de, por supuesto, justicia y todas las demandas que vinieron después”.

Una literatura indígena que se desarrolló también a partir de las vindicaciones de los grupos originarios a partir de la conmemoración de los 500 años del descubrimiento de América y del levantamiento zapatista, y que ahora, frente a su desarrollo, enfrenta otros problemas: que las editoriales apuesten por ellos y conseguir lectores.

Crear lectores

“Una cosa es respetar las culturas o las tradiciones de los pueblos y otra cosa es enseñarles a escribir y leer en su lengua; no lo considera realmente la Secretaría de Educación Pública. Quizás ahora empieza a haber presión en ese sentido, pero en realidad la educación indígena ha consistido en buena medida castellanizar a los indígenas; entonces, hay un problema adicional, que es crear lectores para esta poesía.

“Tal vez en algunos casos eso lleve a desanimar a los autores de las lenguas porque no tienen quién los lea, como el Coronel de García Márquez, pero la creación de esta escritura es una forma de echarla a andar.”

Muchos de los poetas incluidos en Insurrección de las palabras son autores mayores de la literatura mexicana, añade el articulista de este diario, quienes hablan de la relación con la tierra y la naturaleza, pero también de erotismo, rebelión y del despertar de las mujeres, su presencia es muy significativa, y hablan de sensualidad o erotismo que son temas revolucionarios porque las tradiciones han sido en ese sentido mucho mas conservadoras, uno de los cambios importantes que puede verse en estas páginas.

La literatura en lenguas indígenas no se ha detenido; quizá pronto sea necesario un segundo tomo. Creo, dijo, que Insurrección de las palabras es un libro donde, a pesar de que puede haber desigualdades, es una especie de tesoro de una nueva riqueza que hay en México, y, realmente, es la oportunidad de tener una visión lo más amplia posible de por donde están transitando la poesía y los pensamientos de los pueblos originarios de México en un momento en el que son tan importantes y necesarios.

La Jornada

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