Nodal Pregunta | Mariano Quirós: “Donde hay absurdo, hay pie para la literatura”

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Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

A metros de un río putrefacto que atravesó mejores épocas, un hombre repasa su vida. El Río Negro, fue el testigo de un momento de deseo y placer y en el presente es oscuro y desentrañable, lo mismo que el tiempo que vive el protagonista de la última novela publicada de Mariano Quirós.

En este tiempo frustrado el escritor tiene un encuentro casi obligado con su hijo, a quien parece detestar. El modo en el que intenta lograr ese acercamiento comienza de un modo que parece ser el de un hombre que no entiende las decisiones ni el lenguaje de un adolescente, pero el giro que tomará la novela mostrará que estamos frente a un universo absolutamente delirante, a una comedia densa que interpela a cualquier idea de orden y ajuste a lo social y se convierte en puro vértigo.

El chaqueño Mariano Quirós es un destacado narrador argentino que ha publicado novelas y relatos y ha ganado numerosos premios, entre ellos el XIII Premio Tusquets Editores de Novela en 2017 por Una casa junto al Tragadero. Con Río Negro, recibió en 2011 el Premio Laura Palmer no ha muerto. Casi 10 años después la novela fue reeditada en diciembre de 2020. Además publicó las novelas Tanto correr (2013, Premio Francisco Casavella), No llores, hombre duro (2013, Premio Azabache, Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón) y los libros de cuentos La luz mala dentro de mí (2016, Premio del Fondo Nacional de las Artes) y Campo del cielo (2019) y Cuatro perras noches junto con Germán Parmetler y Pablo Black e ilustrado por Luciano Acosta.

“Es la reedición de una primera edición preciosa. El Laura Palmer no ha muerto era parte de una colección que dirigía Ricardo Romero y que para mí era una especie de faro, sobre todo me identificaba mucho con muchos de los autores que publicaban ahí como Leo Oyola, Selva Almada, entre otros. Entonces era un anhelo y fue un placer ganar este premiazo”, contó Quirós a Nodal Cultura.

En medio de la pandemia el escritor y su compañera se fueron de Buenos Aires a partir de lo que el aislamiento social produjo en su hijo. Y si no esto no tiene relación con la historia que cuenta en la novela, escrita cuando ni siquiera esperaba ser padre, el comentario de Quirós al comienzo de la charla telefónica, dio pie para comenzar a conversar sobre Río Negro. “Estoy ahora en Ituzaingó, provincia de Corrientes. Es el terruño de mi esposa. Yo soy de Resistencia, pero hace 5 años vivimos en Buenos Aires, y como tenemos un hijo pequeño, la cuarentena y la pandemia la complicaron la vida, sobre todo por el encierro. A mí, entre otras cosas, me impresionó como mi hijo, que tiene 3 años recién cumplidos, tuvo un retroceso notable en el vocabulario. Nos asustamos bastante como padres primerizos y pavotes, así que  nos amañamos para venir aquí donde, lleva una vida más bucólica”. Es en su ciudad natal, Resistencia, donde transcurre la novela.

Al hablar de tu hijo, de la mirada de un padre sobre su hijo, no puedo dejar de pensar en Río Negro y la centralidad que tienen las relaciones filiales en el relato. Sin embargo, la novela va recorriendo muchos registros genéricos, pasando incluso por momentos por el policial y en otros por un registro casi surrealista.

Mi intención, más que ir para el lado del policial negro, era más bien trabajar el absurdo o la comedia negra. Tiene mucho que ver con la torpeza de los personajes, que a mí es lo que más me interesaba. Ellos van provocando estropicio tras estropicio en la búsqueda de solucionar el lío en que se han metido. Digo lío entre comillas, porque es más bien una tragedia. La torpeza es evidente sobre todo en el narrador de la novela, que es un personaje que a la vez que horrible y repudiable, es de alguna manera encantador.

Durante la lectura se manifiesta como un sujeto pusilánime que no dejaba de atraer al mismo tiempo ¿cómo se construyó ese sujeto horrible sin que el lector rechace la lectura y cómo funciona lo sorprendente, lo extraño, donde parece que la torpeza los lleva a un universo casi surrealista?

Para mí eso está en juego con el tema de que el personaje de un escritor. Me aproveché de algunos estereotipos del escritor, entre otros, la vanidad. Yo pensé en un hombre de unos cincuenta y tantos años, con una carrera literaria más o menos hecha y que de pronto, ante ciertas frustraciones, empieza a volcar toda esa frustración en su hijo, que es un muchacho, un típico adolescente pavote, ni más malo ni más bueno que otros. Simplemente un adolescente.

Y ese padre lo mira con un cierto odio. Todo esto me lo desayuné ahora, que tuve que leer la novela para la reedición. Pasaron casi diez años de que la escribí. Por suerte, creo, soy otra persona, al menos un poco, y pude leerla con una cierta distancia. A mí me divertía pensar en este personaje, vanidoso, maldito con el hijo, que consume mucho porro y mucho alcohol, lo que de alguna manera le altera los sentidos. Entonces su percepción de las cosas está contaminada por su vanidad, por la sustancia, por su pereza y por su intelectualidad medio retorcida.

Ese juego del escritor que se auto compadece por un lado y por otro lado se considera autosuficiente, además de la torpeza física que se expresa desde el comienzo de la novela da un personaje muy particular. Y es muy impresionante como te permitís escribir el desprecio que tiene por el hijo. Hay partes de su monólogo interior que hasta son difíciles de leer sin sentir repudio. ¿Cómo fue construir esa relación desde ese punto de vista tan particular?

El vínculo entre padre e hijo es uno de los vínculos más literarios que existen. Tome como punto de referencia, salvando las distancias, El gran Gatsby que tiene ese comienzo arrollador de un hijo hablando de la relación con su padre, y de los consejos que tiene que dar un padre a su hijo. Y este tipo tal vez sea muy capaz de dar consejos, pero los consejos más inoportunos, los peores consejos del mundo.

Eso también lo vinculé con los escritores y con la escritura. Somos gente que tiende a dar muchos consejos, gente que tiende a saber sobre todo, pero que en realidad están en la misma nebulosa que el resto del mundo, que tiene su encanto porque es una nebulosa hecha de literatura. Todo es como un terreno resbaladizo que me a mí me divierte.

En ese momento estaba muy influenciado cinematográficamente. Estaba muy copado con los hermanos Coen y con Woody Allen, que tienen personajes que son absolutamente torpes y que incluso planifican su torpeza. Y las formas de una literatura que tiende al entretenimiento también me atrae y me gusta experimentarla.

Hay varias escenas concretas en el libro en el cual intenta asumir ese rol de padre consejero y esa torpeza es increíble, pero a la vez esos gestos, a todas luces inoportunos, son un modo de ir llevando también el relato hacia otro lugar, sacarlo de cierto registro levemente costumbrista.

Yo coordino un taller literario y para mí una de las premisas, una de las propuestas que planteo siempre, es que donde hay absurdo hay pie para la literatura. Esta novela funciona como un compendio de situaciones absurdas disparadas por un personaje que piensa mal o que interpreta mal lo que él mismo piensa. Un tipo hecho, y más o menos resuelto con la vida que va deshilvanando, va deshaciendo lo que pudo haber construido a partir del odio que le genera su hijo.

Ese absurdo se construye lenta y sutilmente y no se devela su centralidad, sino hasta un momento en que todo llega casi al paroxismo

Como vos decís, el final se va volviendo más bien grotesco también el asunto. Lo trágico va dando lugar a lo que suelen llamar gore. Los personajes se van desatando de manera cada vez más violenta. El hecho de que vaya siendo una construcción lenta, quizá armoniosa, hace que el grotesco no se sienta tanto como tal, sino como parte de una armonía desastrosa.

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