Festejando sus 30 años, presentan en Cuba la bienal de La Habana

La cita mayor del arte internacional que ocurre en Cuba, la Bienal de La Habana, se desarrollará del 22 de mayo al 22 de junio próximos, con un concepto curatorial “alejado de los cánones clásicos, manteniendo el reto de adecuarse a los nuevos tiempos y condiciones del arte”.

El entrecomillado anterior responde a una afirmación de Jorge Fernández, director de la Bienal y del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, hecha durante un extendido encuentro con la prensa al que asistieron además Rubén del Valle, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP), directores de galerías capitalinas involucradas en diferentes proyectos y los curadores del encuentro.

Entre la idea y la experiencia es el tema que centra las proyecciones del evento que celebra sus 30 años de fundado, y apartir de ese eje temático, los artistas, lo más avanzado del arte contemporáneo, discursarán a través de sus obras acerca de los problemas más álgidos del momento.

“Enfocada en el proceso de creación, esta duodécima edición está proyectada hacia una perspectiva del arte más allá de los museos y las galerías, privilegiando la inserción social, los proyectos transdisciplinarios y la multiciplidad que hoy en día caracterizan el arte contemporáneo”.

Cada Bienal ha respondido al momento específico en que se ha realizado —apuntó Fernández — y no ha dejado de mantener la motivación de los artistas.

Tanto así que son más de 200 artistas individuales y proyectos colectivos de 44 países de América Latina, el Caribe, Asia, África y Europa los que estarán presentes en La Habana.

Mientras Rubén del Valle, presidente del CNAP, anotó que existe además una am­plia programación de arte cubano con la obra de más de un centenar de artistas “lo que asegura que La Ha­bana nuevamente se con­vertirá en una enorme galería”.

Al tocar otro aspecto, el director de la XII Bienal reiteró que la nueva entrega, “concebida como una estructura abierta, con incidencia en instituciones culturales, plazas y parques se moverá por el centro histórico de La Habana Vieja, Centro Habana, Pla­ya, Plaza de la Revolución, Ve­dado y Casablanca”.

También se mantienen las exposiciones en espacios conocidos, el propio Centro Lam, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales y la Fototeca de Cuba, ambos ubicados en la Plaza Vieja, el Instituto Superior de Arte, el Centro Hispanoamericano de Cultura, el Cine Yara y el Pabellón Cuba.

Entre los eventos más sobresalientes mencionó la segunda edición del proyectoDetrás del Muro (del malecón habanero), la exposición Zona Franca, en el Complejo Morro-Cabaña, y el proyecto Entre, dentro, fuera, en el Pabellón Cuba

El equipo curatorial expresó en la rueda de prensa su propósito de “explorar caminos diferentes a los de la mega exposición” e involucrar “lo que ha sido uno de los recursos más preciados de la cita habanera: sentir la ciudad y su gente”.

Margarita González, subdirectora artística de la Bienal — en respuesta a una pregunta— confirmó que “privilegiar la presencia del arte en la calle ha sido una práctica desde los inicios, pero en esta ocasión, ese aspecto se muestra fundamental”.

Según la especialista, “uno de los conceptos manejados es El arte en su lugar, esto es, la Bienal se estará desarrollando en los distintos lugares de la ciudad en que van a laborar cada uno de los artistas.”

Otros ejemplos que ofreció de lugares expositivos fueron la Plaza de la Catedral, donde el reconocido artista italiano Michelangelo Pistoletto hará un performance, pero —puntualizó—todo el Centro Histórico será ocupado por 48 artistas y el proyecto Ciudad Creativa; el Barrio Colón; la Terminal de Ómnibus Nacionales; el teatro del grupo El ciervo encantado; la Universidad de La Habana, y el Museo orgánico de Romerillo (M.O.R) proyecto del conocido artista cubano Kcho.

Entre los proyectos colectivos (con artistas cubanos y de otros países en conjunto) mencionados están el Taller interdisciplinario en el barrio Colon. Arte, arquitectura y diseño;Montañas con esquina rota; Entre, Dentro, Fuera / Between, Inside, Outside y Mirando por cóncavo y convexo.

¿Qué distingue a la Bienal de La Habana de otras que existen a nivel internacional? La respuesta la ofreció el crítico Nelson Herrera, uno de sus curadores: “aporta fundamentalmente expresiones y artistas de regiones no muy promocionados a nivel mundial, es decir, hace hincapié en africanos, asiáticos, árabes, caribeños, no usuales en los eventos internacionales”.

Ya son 30 años de esta cita que convierte a La Habana, durante 30 días, en una enorme galería de arte.

Granma


Bienal de La Habana: La hora de las apuestas

Los surcos de la ciudad, JR y José Parlá.

Entre agotar su estructura o enriquecer sus propósitos, la duodécima edición de la Bienal de La Habana comienza a ser debatida por apocalípticos e integrados. El mayor evento de las artes visuales en la Isla es trending topic y motivo de expectación en tanto consiga o no hacer justicia a la historia y el prestigio que le preceden. Por lo pronto, lo único claro es que del 22 de mayo y hasta el 22 de junio, La Habana intentará parecer una ciudad diferente.

Cuando en esta ocasión el evento se salga de sus espacios habituales del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, el Parque Histórico Morro Cabaña, la Fototeca de Cuba o el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, y veamos ocupadas zonas de la ciudad casi vírgenes en materia de intervenciones artísticas como Casablanca, San Isidro, Santo Ángel o el barrio de Colón, la urbe completa será testigo de los nuevos desplazamientos contextuales que exige el arte contemporáneo actual.

Según han explicado a la prensa miembros del equipo curatorial, este año la Bienal se aventura hacia nuevos contextos. Y lo hace en un momento de transformación de las maneras clásicas de entender la interacción social con el arte. En La Habana seremos partícipes de un desplazamiento desde los objetos hacia los terrenos donde tienen lugar y que incorporan a científicos, antropólogos, sociólogos, botánicos o arquitectos, por ejemplo. Se tratará de pensar la esfera pública a partir de los procesos que dentro de ella le aporten nuevos rumbos al arte e involucren otras manifestaciones: música, cine, teatro y hasta las dinámicas urbanas y  el diseño.

La producción artística hoy se mide cada vez más en términos de transdisciplinariedad y ello ha permitido también que se incorporen nuevos sujetos y tecnologías a la creación. La Bienal de La Habana no pretende estar ajena a esos cambios y apostará por la confluencia de manifestaciones para devolver al público la dosis de actualidad y solidez conceptual que se espera de ella en un país donde, por ausencia de museos de arte contemporáneo, es ella la que asume tal desafío a lo largo de un mes.

Arte desde la ciudad

Ilya y Emilia Kabakov. El barco de la tolerancia

En esta edición -ya lo ha mencionado Jorge Fernández, director de la cita- se privilegiarán los espacios abiertos y las comunidades habaneras de manera que el arte conviva fuera de los centros históricamente legitimados para tales propósitos. Pero nada de esto será completamente nuevo: ya en la séptima y octava bienales habíamos visto, respectivamente, temas como “El arte con la vida” y las “Dinámicas de la cultura urbana”. Desde entonces se pretendía un mayor vínculo con los públicos y sus modos de asumir la creación. La Bienal siempre se ha ido a la calle y es bueno aclarar que la continuidad discursiva entre sus distintas ediciones no es un defecto, siempre y cuando no se caiga en el pecado de la repetición. Las intenciones son buenas, pero nadie quiere ver más de lo mismo.

Aunque Rubén del Valle Lantarón, presidente del Consejo Nacional de las Artes Plásticas, haya asegurado que no es interés de los organizadores ofrecer una bienal de élite, debemos tener claro que el arte sigue siendo una cuestión de minorías, incluso el nuestro, con su más profundo sentido tercermundista y anticolonial. No queremos -eso sí-, que el evento se nos quede en las galerías, pero debemos entender que a muchos artistas ni siquiera les interesa la manera en la que el público podrá recibir su obra. Muchos se conforman con la visión del número habitual de especialistas que recorren las salas de exhibición del país.

Por eso, una bienal como esta, para ser coherente con lo que plantea, deberá insistir sobre la necesidad de acercar la creación a los otros públicos, a los que no legitiman pero sí agradecen que se les tome en cuenta. Esto no se consigue únicamente con presentar la segunda edición de un proyecto gigante como Detrás del Muro, tampoco colocando una exposición dentro de un edificio en Centro Habana o haciendo perfomances en las plazas principales de La Habana. No basta con que la gente vea el arte, es preciso que interactúe con ella, le reconozca.

Esta Bienal tendrá el éxito que se espera cuanto más lejos espiritual y conceptualmente logre llevar el arte y ubicarlo en los lugares simbólicos que sí ofrecen una verdadera transgresión. El estímulo arte-educación, que ha referido en otras citas el artista y teórico brasileño Luis Camnitzer, será fundamental. Pero la intención educativa de la Bienal deberá empezar a fomentarse desde ahora y en ello ocupan un lugar indispensable acciones promocionales como la que desarrolla hace unos años Circuito Líquido, un proyecto digital que favorece la socialización de los preceptos artísticos de nuestro contexto y que ha estado llevando a cabo una serie de conferencias y talleres con los principales curadores de la cita.

El público merece estar preparado y la institución rectora puede trazar una estrategia para ello a partir de la mirada curatorial. El empeño arte-educación, en tanto sepa articularse de forma correcta, será un aspecto medular de esta duodécima Bienal de La Habana. El reto, no obstante, será articular esa vorágine de manifestaciones (música, teatro, cine, arquitectura…) y devolver un evento consciente, que consiga hacer interactuar el arte con la realidad social del país que le sirve de base.

A pesar de que en teoría cada uno de los empeños que promete esta edición se muestra actualizado con las nuevas tendencias que propone el mainstream artístico internacional, y que en sus bases conceptuales sigue siendo el evento alternativo a las bienales y mega exposiciones mundiales que privilegian solo a un sector de la creación, esta pareciera ser la bienal de los experimentos o la bienal del que mucho abarca y poco aprieta.

Por primera vez no habrá un evento teórico enunciado como tal, sino acciones individuales concebidas desde la Academia de San Alejandro, la Universidad de La Habana, el Instituto Superior de Arte y otras sedes. Tampoco habrá un tema específico, Entre la idea y la experiencia será la tesis rectora de la cita, que ojalá consiga atraer  colaboraciones mutuas y plataformas de discusión sobre la ciudad diversa donde se insertan sus poéticas.

Los curadores han asegurado que este año habrá mayor presencia de obras en proceso, cuyo resultado no es inmediato, sino que el público las visionará un tiempo después. Quizás en este tipo de piezas, las de carácter inmaterial, se pueda encontrar más clara aquella noción arte-educación de la que hablábamos antes.

La Bienal para los artistas

Happily ever after, de Rachel Valdés (Proyecto Detrás del muro) 11 Bienal de La Habana.

Aunque el objetivo de la Bienal de La Habana no sea mostrar superproducciones ni promover un artista, tendencia o movimiento, sí es cierto -y los propios creadores son quienes lo confirman- que es una oportunidad de acercamiento comercial que tienen los nuestros en un país donde el mercado artístico es nulo. Los galeristas, marchantes y coleccionistas que confluirán en La Habana para esta cita se traducen en posibilidad ideal para los 120 creadores internacionales que nos visitarán y, sobre todo, para los 26 cubanos participantes.

Un estimado del 97% de los artistas en el mundo circula a nivel de sus propios países, más si provienen de las zonas menos favorecidas a causa de la hegemonía de los grandes centros. Atendiendo a esta situación, la Bienal de La Habana ha sido un evento plural y ha puesto a circular a muchos de esos creadores de la escena visual alternativa. A esta edición llegará, por ejemplo, Louise Ganz, una brasileña que -a pesar de tener en su propio país a la reconocida Bienal de São Paulo- se presentará en la de la capital cubana para hacer valer sus criterios artísticos.

Y es que el mérito fundamental de nuestra Bienal es -y ya lo sabemos- el aporte de artistas y expresiones escasamente promocionadas en los grandes circuitos mundiales; poner en primer plano a los usualmente subvalorados creadores de África, Asia, Medio Oriente y América Latina, pero sin dejar de abrir los brazos a reconocidos y consagrados en cualquier otro escenario. En ese sentido, la nuestra es una bienal democrática.

Aun con las inconsistencias curatoriales que pudiéramos reprocharle no se debe negar que durante el mes que ocupa la Bienal de La Habana, al menos los que asumen el arte como una forma de vida encuentran motivos para pensar siempre en mejorar el magno evento. Esto, sin dudas, es una ganancia a su favor: que seamos nosotros mismos y nuestros creadores quienes primero reconozcamos los errores deviene consecuencia de la experiencia adquirida en estas lides por más de tres décadas.

Cada curador, artista, crítico o simple espectador tiene su Bienal idílica, de ahí que antes del 22 de mayo, e incluso después del 22 de junio, cualquier intento por predecir o enjuiciar lo que podrá ser o no la Bienal de La Habana pecará de ser un ejercicio incompleto. Es esta la hora de la apuestas.

Cuba Contemporánea

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