Chile: las cartas de amor de Neruda

El autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada tenía un corazón amplio, en el que podían acomodarse varias amadas, sucesiva e incluso simultáneamente. De hecho, los versos de Veinte poemas tienen al menos tres destinatarias, Teresa Vásquez (Terusa), Albertina Azócar y María Parodi.

El epistolario amoroso de Neruda es por primera vez reunido en un libro, en una edición crítica a cargo del hispanista italiano Gabriele Morelli. Cartas aparecidas en distintos libros, en revistas especializadas, en alguna biografía. Morelli entiende el amor en un sentido amplio ya que incluye cartas a la hermana y madre de Neruda, pues ilustran el trato íntimo con su familia: “En particular las cartas a la hermana Laura, la Conejita, como la llama Pablo, reflejan los deseos y las confidencias del joven en sus primeros y difíciles años estudiantiles en Santiago y también representan el ligamen del poeta en su lejana estancia, cuando es nombrado cónsul en Rangoon”, señala.

Figuran algunas de las musas y mujeres de Neruda: Terusa, Albertina, Delia del Carril, Matilde Urrutia. Pero no fueron las únicas mujeres en su vida y se aluden otras relaciones: Laura Arrué, María Parodi, la odontóloga Olga Margarita Burgos, la millonaria Nancy Cunard y Alicia Urrutia, sobrina de Matilde. Sólo con algunas mantuvo o sobreviven o se han hecho públicas sus cartas. Y no hay necesariamente una relación entre el número de cartas y la importancia de las mujeres para Neruda. Así, no existen cartas de amor con María Antonieta Hagenaar, Maruca, con quien Neruda se casó en Oriente, en 1930, harto de la soledad y la distancia. Y son escasas las con Delia del Carril, su compañera en momentos definitorios.

Si el poeta John Donne creía que “más que los besos, las cartas unen las almas”, Neruda requiere de ambos. Y a veces las cartas son el paréntesis que encierra los besos. En las tres cartas a Olga Margarita Burgos pasa de “Recibí su carta, mil gracias” (en Santiago, en marzo de 1933) a la siguiente (en Buenos Aires, en septiembre de 1933): “Me acuerdo de tu pelo, de tus pies, de tu boca. Me quitas el sueño”.

Algunas constantes. Los encargos. Envía una carta desde Marsella a Delia del Carril, que está en España, en diciembre de 1936, en plena Guerra Civil, pidiendo que le compre un barquito. O a Matilde Urrutia, quien está en Europa, en 1973, viendo diversos asuntos, le dice que es urgente que le traiga limpiapipas.

Otra constante son los amores superpuestos. Casado con Maruca, se relaciona con Delia del Carril y ya con ésta, se vincula con Matilde Urrutia. Ya unido a Matilde Urrutia, se enamora de la sobrina de ella, Alicia, su último amor. A modo de ejemplo, le escribe a Delia del Carril desde Capri, en 1952, negando el chisme de que él se encontraría allí con la amiga común Inés Figueroa, aunque en realidad, se encontraba con Matilde Urrutia.

Las cartas a Albertina Azócar es el cuerpo más amplio del epistolario (104 cartas), quizá porque el amor lejano genera más necesidad de escribir. Le escribe desde Temuco, hacia 1922, que piensa incluso en el suicidio. Cuando él está en Oriente, en 1929, y ella viaja a Europa con una beca de estudios, Neruda le pide que se vaya con él y deje todo. Ella no lo hace y en enero de 1930, el poeta le pide que destruya sus cartas y le devuelva sus retratos: “Adiós. Albertina, para siempre”. Pero en mayo de 1932, le escribe de nuevo, ya casado: “La soledad que tú no quisiste remediar se me hizo más y más insoportable”. Señala Morelli que las cartas a Albertina constituyen a su parecer el legado más intenso y apasionado del amor juvenil del poeta: “Albertina -’Marisol’ para el poeta- es ‘el idilio de la provincia encantada’, es la estudiante de Santiago con quien vive ‘el sosiego físico de los apasionados encuentros en los escondrijos de la capital’. Pero es también el amor no siempre o plenamente correspondido. Albertina a veces no contesta a las ardientes cartas amorosas de Pablo, o lo hace con mucho retraso. El silencio de la chica -lo que motiva el poema ‘Me gustas cuando callas, porque estás como ausente’- lo inquieta, lo exaspera, lo hace sufrir. Neruda sigue estando enamorado de ella, incluso cuando, ya casado, vive como cónsul en Oriente, y le escribe que quiere casarse con ella. Albertina es la musa inspiradora de gran parte de las composiciones de Veinte poemas de amor… Su lejanía no solo física queda denunciada por los versos que Neruda le dedica en Memorial de Isla Negra: ‘viniste a mí, a llorar o a nacer, / a quemarte en mi triste poderío / y tal vez no hubo más / fuego en tu vida, / tal vez no fuiste sino entonces’”.

¿Y cuál considera que fue la mujer más importante en la vida de Neruda?

Yo creo que son dos: Albertina Rosa y Matilde Urrutia, aunque también la aristocrática Delia del Carril ha tenido un papel importante en la vida del poeta, pero más que de tipo erótico y amoroso, es de carácter intelectual o  ideológico, ya que es ella que lo acerca al marxismo (se le llamaba, además de “La hormiga”, “El Ojo de Molotov”, nombre del representante político de Stalin): es ella la que lo cuida, le atiende y protege, le enseña a moverse en la sociedad e incluso a utilizar buenos modales en la mesa.

Publicado en La Tercera
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