Las actuales maneras de comunicarse, sobre todo entre los jóvenes en las ciudades, no son negativas para el idioma ni le causan perjuicios, sostiene la lingüista y antropóloga Yolanda Lastra (DF, 1932) en referencia al empleo de los mensajes vía teléfono celular y las redes sociales.

Ese no es el lenguaje, no es la lengua, afirma. Es sólo una manera de comunicarse de forma rápida, un código especial. Las nuevas tecnologías y las redes sociales no están empobreciendo la manera de comunicarnos ni nuestro universo lingüístico.

En entrevista con motivo de la recepción del Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el campo de Lingüística y literatura, la investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) refiere que el habla y la manera de comunicarse cambian con el tiempo.

Al respecto, señala que para las jóvenes generaciones de lexicógrafos son desconocidas muchas palabras que ella emplea, y viceversa, así como ocurre entre los pueblos y comunidades indígenas donde aún se comunican con su lengua originaria, pues los padres y los hijos no hablan igual, aunque ellos crean que sí lo hacen.

Labor sin escollos

Reconocida por su decisiva contribución a la formación científica de la lingüística en México, así como al estudio de las lenguas amerindias, la especialista, cuyo nombre completo es Clementina Merced Yolanda Lastra y Villar y García Gómez, destaca el avance del estudio de la lingüística en México desde hace medio siglo.

Hoy hay mucho más lingüística en el país que hace 50 años. Ahora hay mayor número de estudiantes y los graduados de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) salen con muy alto nivel. La lingüística es una disciplina y profesión muy bien valorada en el país desde el punto de vista académico y social, afirma.

Me siento muy orgullosa de lo que he logrado en este campo. Siempre me ha ido muy bien, jamás he tenido dificultades para ir a los lugares y hacer el trabajo, y también me han publicado las cosas que he escrito. En lo personal, no he tenido dificultades.

El gusto e interés de la también investigadora emérita del Sistema Nacional de Investigadores por la lingüística, quien cursó su maestría y doctorado de la especialidad en Estados Unidos, se gestó desde la infancia, según cuenta.

Desde chica me gustaban las lenguas, porque estudié en una escuela donde enseñaban inglés y francés. Pienso que por allí fue. Más adelante estuve en (la Universidad de) Cornell, que tenía un programa de lengua quechua, el cual permitió adentrarme al estudio de esa lengua y me mandaron a Bolivia; de hecho, sobre eso hice la tesis.

Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, donde forma parte de la comisión de lexicografía, Yolanda Lastra se interesó por el estudio de las lenguas indígenas a partir de su deseo de hacerverdadero trabajo de campo una vez que concluyó sus estudios de maestría, debido a que todos sus trabajos hasta ese momento se derivaban de lo hecho por otros investigadores.

La lingüística es una disciplina y profesión muy bien valorada en el país desde el punto de vista académico y social, celebra Yolanda Lastra, investigadora emérita del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de MéxicoFoto cortesía de la SEP

Fue así que por recomendación de un colega, Moisés Romero, comenzó su trabajo en la Misión de Chichimecas, de San Luis de la Paz, Guanajuato, con el estudio de la lengua chichimeca jonaz.

Le pusieron Jonaz para distinguirla de otros idiomas, porque hubo varios chichimecos, aunque el único que sobrevive es ése, con alrededor de mil o mil 200 hablantes en la actualidad, si bien en San Luis de la Paz habitan como 5 mil personas, comenta.

“Estuve, entonces, en esa localidad y recogí algunos textos, algunos cuentos, y comencé mis trabajos, pero no fue suficiente. Después regresé a estudiar a Cornell; me quedé con el deseo de trabajar con esa lengua, pero no había fondos, los que sí había para el quechua, por eso es que hice la tesis sobre ese idioma.

“Cuando volví a México para vivir –en agosto de 1968–, entonces sí le seguí con el chichimeco, pero como ya me había casado y tenía hijos me era muy difícil. Entonces, lo dejé para mucho después y lo volví a retomar en serio hasta 2004. Lo bueno de esto es que tengo datos desde 1958 hasta ahorita, y por allí se pueden ver los cambios, los cuales son muy interesantes.”

De acuerdo con la investigadora y docente, la importancia de este trabajo con esa lengua indígena tiene que ver con el factor identitario.

Todo mundo dice que hay que aprender a escribir su lengua y sí, pero principalmente es para que conserven su identidad, que no tengan vergüenza de hablarla, porque desgraciadamente eso les estuvieron diciendo en las escuelas, que había que hablar español y lo creen muchos, y por esa razón muchos no quieren hablar su lengua, que es una lástima, porque se puede ser bilingüe.

El resultado del trabajo con ese idioma indígena es la realización de un vocabulario extenso del mismo, además de que la UNAM aprobó ya la publicación en breve del libro Textos chichimecas: apuntes históricos y gramaticales.

Según Yolanda Lastra, en México sí hay interés y apoyo para el estudio de los idiomas originarios, con instituciones como el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), la UNAM y la Universidad Autónoma Metropolitana.

Sí hay manera, aunque no es fácil, porque el trabajo de campo para muchos es muy pesado, pero es cuestión de gusto, interés y pasión, destaca la doctora, quien se dice preocupada y dolida por el nivel de violencia que sufre el país, el cual, a su decir, se ve reflejado todos los días en los periódicos y la televisión.

Para cerrar la charla, Lastra califica de positiva la creación de la Secretaría de Cultura federal, aunque se desconozca cómo vaya a operar y qué incluye.

Lo que dijeron el titular de la Secretaría de Educación Pública y el Presidente de la República suena muy bien. Ahora hay que ver los hechos.

Publicado en La Jornada