Colombia: el Museo La Tertulia celebra en plenitud las seis decadas

Reina Ossterman tiene el pelo blanco, los ojos azules y una sonrisa que seguro llega con los años bien vividos. Nació hace 79  en Bathmen, un pequeño pueblo al este de Holanda, y hasta hace una semana creía haber visto toda, casi toda, la obra de Rembrandt.

Bueno, eso hasta que aterrizó en Cali. Porque fue aquí donde se topó con tremenda sorpresa: que de su coterráneo, Rembrandt Harmenszoon van Rijn, se exponían 69 grabados, algunos de los cuales ella jamás había visto. Ni siquiera en Holanda.

Por eso ahora, jueves, 11 de la mañana, se pasea por la sala principal del Museo La Tertulia con su espalda encorvada y la lupa bien empuñada con su mano derecha, mientras exclama “¡cómo puede ser posible!”, al escudriñar esos pequeñísimos cuadros de luces y sombras, en compañía de su esposo y su nieta.

Le parece una increíble coincidencia que en Cali, la ciudad donde vive una de sus hijas, se vea “esta maravilla”. “Estoy feliz de ver estos cuadros con esas texturas tan diversas, con todos esos detalles, mientras todos estos niños corretean alrededor mío”, dice en una mezcla imprecisa de inglés, español y holandés.

Uno de esos chicos que corre de un lado al otro es Daniel Florez. Tiene 11 años y el corte de James Rodríguez. Nació y vive en Dagua y hace mucho que no venía a Cali. A La Tertulia, cuenta, es la primera vez que viene gracias a una  salida pedagógica programada por su colegio. “Me encantaron los dibujos. Ese ‘man’ era un teso”, dice, mientras esconde su risa detrás de sus manos.

A su lado, Yurli Asturín, también de 11, confiesa que lo que le gustó fue  hacer ella misma los grabados. Los hizo en la sala taller en donde un instructor del museo les explica a los visitantes en qué consiste esa técnica que hizo tan famoso al pintor holandés. Allí le enseñaron que eso que Rembrandt hacía era en realidad una impresión, y que ella también lo podía intentar, esta vez en un soporte más sencillo como el linóleo–una especie de caucho– armada de gubias y tinta.

Así, mas o menos, transcurre por estos días una mañana normal en el Museo  La Tertulia que –contando la exposición ‘Colonia Infancia’, pensada exclusivamente para niños de 0 a 6 años; la muestra ‘Noche es día’ de los brasileros Katia Maciel y André Parente en Casa Obeso-Mejía; el ciclo de cine ‘Lecciones de amor’ a propósito del mes de San Valentín en la cinemateca; y la colección permanente– tiene abiertas ocho propuestas culturales simultáneas para  públicos de distintas edades. Parece que soplan buenos vientos en lo que alguna vez fue el Charco del Burro.

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En el tablero de la sala de reuniones del segundo piso del museo se lee un plan de trabajo  para el mes de marzo. En la tareas por hacer figuran reuniones, citas por concretar, la exposición de Beatriz González… Unos renglones más abajo se destaca una frase: Celebración 60 años:  Champaña / Fuegos artificiales.

Su curador, Alejandro Martín, quien ocupa el cargo desde octubre de 2014, dice que aún no saben si consigan el presupuesto para la fiesta, pero que esa es la idea: celebrar. Y, con champaña o no,  hay motivos de sobra para hacerlo.

Y es que luego de  años de relativa quietud, debido en gran parte a la escasez de recursos, en esta, una de las instituciones más queridas por los caleños que fuera  fundado en 1956 por Maritza Uribe de Urdinola, se vive un sano agite en el que conferencias, presentaciones de libros y talleres hacen parte de la agenda del día.

Ese buen momento se lo atribuye Martín a que, luego de muchos esfuerzos y de esta y la anterior administración, se logró por fin consolidar una red de trabajo de ciudad en la que se han unido  distintos talentos en torno al Museo. “Cali tiene mucho potencial. El secreto estaba en unirse a esos potenciales y conectarnos; crear una red de alianzas. Y creo que lo estamos logrando”.

El primer ejemplo de este trabajo, dice,  fue la exposición ‘Tejadita, viajero y sibarita’ que rendía un homenaje a Hernando Tejada, figura clave en la escena cultural de Cali en el Siglo XX.

Para ella  el museo buscó el apoyó de la Alcaldía. Así lo recuerda María Helena Quiñonez, para entonces secretaria de Cultura del municipio. “Antes  era inconcebible pensar en cultura en diciembre, pues para los caleños este mes es sinónimo de rumba y trago.

Así que cuando el Museo nos propuso apostarle a esta exposición como la gran alternativa cultural de la temporada de fin de año muchos creyeron que se trataba de un suicidio.

¿Quién va a un museo en plena Feria de Cali? En la administración del alcalde Guerrero, sin embargo, decidimos apostarle a la cultura y el resultado no pudo ser mejor”.

La exposición, inaugurada el 11 de diciembre de 2014 y que se prolongó hasta finales de febrero de 2015  contó con un total de 15.000 visitas, cuando en una exposición promedio se registran no más de 7.000.

Esta exposición, además, fue concebida no como una unidad sino como un conjunto de actividades alrededor de la obra del artista. Hubo picnics, conciertos, instalaciones en el jardín y, quizá uno de los actos más emotivos,  reunió a grandes amigos de Tejada, Manolo Lago, Pedro Alcántara, María Thereza Negreiros,  Vivian Dow, Simon Alexandrovich y Soffi Arboleda, quienes compartieron anécdotas  de una amistad de décadas.

Cuenta Martín que el proyecto fue tan exitoso que para diciembre de 2015 se institucionalizó. “Gracias a esa llave con la Alcaldía se logró consolidar la idea de ampliar la cultura en diciembre.  Así que esta vez el turno fue para Rembrandt, abierta al público a final del 2015. La afluencia de visitantes ha sido muy buena”. Faltando 15 días para su cierre, la taquilla ya registra más de 15.000 visitantes.

De acuerdo a Ana Lucía Llano, quien asumió la dirección del Museo en abril de 2014 con la idea de acercar la institución a la comunidad, el trabajo con la empresa privada ha sido fundamental en ese despegue.

“Se trata de un trabajo que se inició en 2010 con la firma del convenio con Comfandi, en la administración anterior, y que fue fundamental para fortalecer los procesos del Museo.  En ese sentido hemos seguido trabajando para establecer otras alianzas con el sector público y privado. Con el estado trabajamos proyectos co los Ministerios de Educación y de Cultura, y con la Secretaría de Cultura Municipal somo aliados estratégicos”.

El presupuesto del Museo pasó de $1.000 millones en 2013, a $1.400 en 2014, y a $1.900 en 2015. “Nuestro presupuesto proviene en un 33% de las alianzas públicas, un 46% del sector privado y un 21% de lo que generamos con nuestros servicios: eso inlcuye taquilla, parqueaderos y alquiler de nuestros espacios. Y aunque esta última cifra no es la más alta sí es significativa pues antes no representaba más del 14% de los ingresos”, afirma.

“Todas estas alianzas  nos han permitido fortalecer el equipo. Por ejemplo, logramos por fin contratar por nómina a personal que venía trabajando con nosotros hace 5 años. Es la primera vez que le podemos presentar a la junta un equipo sólido, tal y como lo soñaba”, dice.

En ese sentido uno de los trabajos que sobresalen  es el del fortalecimiento de los proyectos educativos, que se iniciaron bajo la administración de María Paula Álvarez y que han continuado hasta estos días.

Un ejemplo de ello es la recientemente inaugurada exposición ‘Colonia Infancia’, una exposición que por primera vez se concibe en su totalidad para los niños, particularmente de 0 a 6 años.
“Antes el Museo había realizado unas excelentes salas didácticas que acompañaban sus muestras, me acuerdo por ejemplo la de los 54 años que hizo Elías Heim que fue muy  robusta. Pero en este caso lo que hicimos fue partir de cero, no se trata de una exposición que acompaña a otra sino que es una exposición integral en sí misma, destinada a todos esos niños pequeños que nos visitan y para quienes no teníamos un dispositivo ni un lenguaje apropiado para poderles llegar”.
Fue así como en alianza con profesores de psicología de la Universidad del Valle interesados en arte y educación; con una firma de arquitectos premiados en la ciudad para realizar la museografía; con artistas jóvenes;  y con el mismo equipo de educación del Museo, se presentó un proyecto al Ministerio de Cultura y resultó ganador.
La exposición, que se puede visitar en este momento en el primer piso del edificio de la colección, utiliza obras reales de esta –no copias–. Además, incluye una especie de habitat de obras, o mejor, una instalación, en la que los niños pueden interactuar con objetos y mobiliarios fabricados por artistas jóvenes.
¿Soplan buenos vientos en La Tertulia? Sin duda, dice el artista José Horacio Martínez, quien celebra que por fin el Museo haya recuperado ese liderazgo que se había desdibujado.
Él, que dirigió ‘Espacio Temporal’ en el Museo entre 2003 y 2005, recuerda aquellos días en que invitaba a artistas jóvenes a exponer y tenía que pagar de su propio bolsillo una lámpara o un bombillo que faltaba para el montaje.
“Se siente una dinámica distinta. Ver lo de Rembrandt fue muy importante, saber que Beatriz González vuelve, también. Haber ganado más espacios como la Casa Obeso, Mejía es un acierto pues allí tenemos la posibilidad de ver expuestos artistas internacionales y espacios para pensar la ciudad.  Lo que siento es que existe la voluntad de un equipo de personas de hacerlo funcionar y de llevarlos por rumbos más certeros. Pero quizá lo que más destaco es el entusiasmo de la gente que está trabajando allí, se les notan las ganas de hacer cosas”.
Martínez, justamente, hace parte de una programación robusta con la que en este 2016 se esperan celebrar los 60 años. Esto incluye una gran exposición que será montada a finales de año, y que cuenta cómo fue esa Cali de 1971, un año fundamental para la ciudad, incluido el Museo.
Por eso, si hay champaña y fuegos artificiales quizá sea lo de menos. El 9 de marzo, día de la celebración, todas las salas estarán abiertas gratuitamente y habrá una tertulia nocturna en la que personajes claves en la historia del Museo ofrecerán un foro para hablar del aporte del Museo a la cultura caleña. Larga vida al Museo.
Publicado en El País
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