Destacado momento de la animación chilena

“Es como si la gente hubiera levantado una roca y dicho: ¡Miren ahí están los animadores!”, bromea el director de Zumbástico Studios Álvaro Ceppi, a partir de la extrema atención que ha gozado la animación chilena desde que Historia de un oso ganó un Oscar. Es la extrema mediatización de un trabajo que llevaban realizando en silencio los animadores en nuestro país desde hace varios años y que de pronto se ha vuelto objeto de interés no solo para los chilenos, sino también para plataformas extranjeras como Cartoon Network. Esta semana la compañía anunció una convocatoria para proyectos animados chilenos que podrán presentarse hasta el 15 de abril a concurso para convertirse en futuras series del canal de animación más grande del mundo.

Uno de los que tiene confianza en los efectos del Oscar es Erwin  Gómez, director de la Fundación Chilemonos (que agrupa a la animación independiente). “El primer Oscar que tiene Chile es de la animación ¡No lo vieron venir! Ahora todos se preguntan: ¿Qué más hay?”.

Para hacer algo de historia hay que decir que el comienzo de la animación en Chile se remonta al año 1942, cuando se estrenó 15.000 dibujos, la primera película animada chilena, proyectada para la visita de Walt Disney a nuestro país. Hitos en la pantalla chica  fueron  Tevito, la mascota de TVN durante el gobierno de Salvador Allende, y los Angelitos de Canal 13, que abrían y cerraban las transmisiones de ese canal entre 1972 y 1999. Un paso importante se dio en el  2002 con Ogú y Mampato en Rapa Nui, de Alejandro Rojas, considerado el primer filme de animación moderno realizado en Chile. El mismo director estuvo en el 2007 tras Papelucho y el marciano, su segundo largo animado. Y ahora, el Oscar.

El premio a Historia de un oso no es un hecho aislado. Está acompañado por un boom de productoras independientes -que suman cerca de 25-, además de la profesionalización de la disciplina en nuestro país, que comenzó hace 9 años y que ya se imparte en 7 casas de estudios, en varias de ellas de manera acreditada como es el caso de la Universidad  de Las Américas y la Universidad Mayor.

Si hasta hoy se habían producido en Chile un total de cuatro películas animadas (contando 15 mil dibujos), en 2016 están produciéndose cinco largometrajes más. Germán Acuña, presidente de la asociación gremial de animadores Animachi, es el responsable de uno de ellos: Nahuel y el libro mágico, que cuenta con aportes del Fondo de Fomento Audiovisual y también del CNTV. “Cuenta la historia de un niño chilote hijo de pescador, que le tiene miedo al mar. Enfrenta varios desafíos para encontrarse con su padre del que es separado tras  naufragar en una gran tormenta”, cuenta Acuña,  sobre la cinta  que espera finalizar el 2018 y que en el 2015 obtuvo 180 millones de pesos del Fondo Audiovisual del Consejo Nacional de Cultura. Este aumento en la producción de películas animadas en Chile, se explica porque en 2014 el Fondo Audiovisual destin ó recursos exclusivos para largometrajes animados. En ese primer año, se lo adjudicaron las productoras Zumbástico y Diluvio. La primera, con su proyecto Los Mango brothers, una película de ciencia ficción 3D, en la que han trabajado junto a Punkrobot, sobre dos aliens que quieren conquistar un planeta de frutas y verduras, que se espera esté lista en 2018. Tuvo 179 millones de apoyo del Consejo de la Cultura.

La casa lobo, en tanto, es el proyecto en el que trabajan Cristóbal León y Joaquín Cociña de la productora Diluvio, que se convertirá en la primera película stop motion hecha en Chile, con un sello mucho más artístico que comercial. “Es una película inspirada en Colonia Dignidad. Cuenta la historia de una mujer que escapa y llega a una casa habitada por cerdos”, explica Cociña. “El juego es hacer como si estuviera siendo filmada por la productora de animación imaginaria de Colonia Dignidad”, agrega León. Llevan entregados a este proyecto 3 años y esperan terminarla en medio año más.El panorama lo completan El ojo del gato, de la productora Atiempo, un largometraje 3D ambientada en Valparaíso y Homeless, coproducción entre Lunes y Fábula dirigida para público adulto, sobre un niño rico que sueña con vivir como vagabundo.

Las series

Las series de TV animadas desarrolladas en Chile suman entre 50 y 60 títulos. Si un chileno promedio se pone a enumerar las que conoce seguramente recordará algunas: Los pulentos, Villa Dulce, Diego y Glot, Tortuga Taruga, Clarita, y con suerte alguna otra. ¿Qué pasa con las otras decenas de producciones animadas chilenas?

Antes de ganar el Oscar, Punkrobot contaba con dos series a su haber: Flippos y Las aventuras de Muelín y Perlita. La primera fue transmitida por la filial infantil de Globo y ambas están Netflix. Algo parecido pasa con Zumbástico Fantástico, serie de Zumbástico Studio que compró Cartoon Network y que ha sido transmitida por la cadena para 20 países durante más de cinco años seguidos. “En Cartoon Network la serie fue muy exitosa, pero el paso de la serie por TVN no tuvo  la misma resonancia”, explica Ceppi.

Un caso similar es el de Hostal Morrison, de la productora chilena Pájaro, que cuenta con dos temporadas. Además de estar en Cartoon Network, fue transmitido por el canal argentino Pakapaka durante dos años seguidos todos los días. En Chile, sin embargo, la primera temporada fue emitida  una vez por Canal 13 y la segunda se dio una vez por CHV. “Si tu le preguntas a un niño argentino si conoce Hostal Morrison, lo conoce. Si le preguntas a un niño chileno, no lo conoce”, ejemplifica Bernardita Ojeda, directora general de Pájaro.

Tanto Erwin Gómez como Álvaro Ceppi y Bernardita Ojeda concuerdan en que el origen de este fenómeno está en el escaso apoyo que los canales de televisión abierta brindan a este tipo de producciones, perpetuando durante largos años la transmisión de programas extranjeros como Los Simpson que han terminado por sepultar las franjas de programación infantil.  “Si Chespirito hubiese sido chileno, El chavo del 8 nunca hubiese existido, porque la TV no le hubiese dado la oportunidad”, lamenta López.

Este año TVN transmitirá algunas series animadas chilenas, una de ellas es Puerto Papel, stop motion de la productora Zumbástico que comenzará a transmitirse durante este primer semestre. La serie trata de Matilde, una niña que se va de vacaciones con su abuelo ex-pirata quien tiene un coco mágico que le da a Matilde un poder distinto cada día que no puede elegir ni controlar. “A pesar de que muchas creaciones chilenas tienen éxito afuera, lo único que queremos es que la gente aquí las conozca y las disfrute”, dice Ceppi. El financiamiento es un tema que también complica a los animadores, que suelen encontrar presupuesto para la preproducción de sus proyectos en los fondos Corfo, para luego buscar más apoyo a través de  fondos del CNTV o del Consejo de Cultura. Las películas animadas son caras, porque la técnica que se utiliza es compleja y los softwares son costosos.

“Uno podrá decir que son pocos recursos, pero por otro lado sin el apoyo del CNTV y del Consejo de la Cultura no existiría nada”, aclara Ceppi.Pero el apoyo de estos organismos a la animación es incierto. Por ejemplo en 2015, el patrocinio del CNTV a proyectos de animación infantil fue nulo, lo que estancó por un año el desarrollo de propuestas en los que el Estado ya había invertido a través de los fondos Corfo.

“Fue un profundo error”, piensa Erwin Gómez.Tras el Oscar de Historia de un Oso, los animadores chilenos esperan que no todo se quede en las celebraciones y que se generen cambios estructurales que mejoren sus condiciones y oportunidades para producir y mostrar sus contenidos. “El Oscar debería marcar el comienzo de una industrialización”, espera el director de Chilemonos, “Ya está el interés afuera por Chile. Ahora necesitamos que nos apañen, por que lo que viene es grande”, concluye.

Publicado por La Tercera
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