Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

Eliseo Subiela falleció apenas dos días antes de cumplir los 72, en las navidades de un tórrido verano porteño.

Dueño de una religiosidad personal, la fecha es raramente significativa. Su cine está atravesado por una fe y un sentido de lo divino que supera las particularidades de las religiones, pero lo inscribe como un artista portador de un universo narrativo siempre vinculado a lo trascendente.

Nació el 27 de diciembre de 1944 en el seno de una familia que él mismo describió como de acérrimos antiperonistas, formas que el pareció retomar en sus últimos años. Su gusto por la literatura y el cine se cimentaron desde su adolescencia, en la que alternó las lecturas de Julio Cortázar y las huídas al cine Lorraine.

Comenzó en el cine desde muy joven. Su primer cortometraje, “Un largo silencio” de 1963, le valió el primer premio de su carrera como realizador, en el Festival Internacional de cine de Viña del Mar. Este cortometraje tiene un significado especial en su carrera, pues fue filmado en el Hospital Neuropsiquiátrico José Borda, que será el escenario de su película más reconocida, “Hombre mirando al sudeste”.

El amor, la literatura, lo místico y lo fantástico son marcas esenciales de su obra. Lo mismo que el hospital psiquiátrico y la locura como forma general del desacople con una sociedad, que padece su propia normalidad. Sus personajes protagónicos suelen ser sujetos inhabituales y marginados, en algunos casos reivindicados de un modo hasta por momentos naif.

El hombre inserto en un espacio con el cual no termina de encajar, la prostituta casi santificada (es imposible no retomar la idea de lo religioso cuando se piensa en muchos de sus personajes femeninos y el lugar de María Magdalena), tanto como el personaje que en un momento dado decide que debe quebrar su práctica para producir la transformación de un mundo injusto, son constantes que se pueden encontrar desde su primer película, “La conquista del paraíso”, hasta su última obra, “Paisajes devorados”.

Fue con su segundo filme, “Hombre mirando al sudeste” que Subiela logró su distinción en la consideración de la crítica y el público, y donde sin dudas logra conjugar de un modo más completo la mayoría de sus obsesiones. Enfermo, hombre venido del pasado o del futuro, o de fuera del planeta, Rantés es un paciente que irrumpe en el hospital y modifica la propia visión de su médico y la lógica interna del hospicio. La película, estrenada en 1986, cuando en su país apenas era retomada la democracia, fue leída también desde la perspectiva política. Desde esa mirada, la historia proponía una tensión entre represión y libertad, como desafío a un hombre común (el propio médico) que enfrentado a su propia sujeción, se veía interpelado por el proyecto de libertad novedoso que proponía Rantés.

A partir de allí su obra fue amplia y reconocida internacionalmente. La palabra, como forma literaria y como práctica, comenzó a ser elemento clave de sus historias, al tiempo que herramienta de sus guiones. Porque así como la literatura fue el centro de la vida de sus personajes, los textos de Subiela estuvieron atravesados por una práctica literaria. El habla fue organización y protagonista.

Esto aparece en “Últimas imágenes del naufragio” (1989), película en la cual la escritura y el abandono de las palabras, no pueden dejar de leerse en relación con la crisis económica y política que vivió Argentina.  Del mismo modo la literatura, con una referencia directa y explícita al poeta Oliverio Girondo, es protagonista en “El lado oscuro del corazón” (1992) -de la que hay un segundo opus en 2001- “Pequeños Milagros” (1997) y “Rehén de ilusiones” (2009).

El misticismo religioso es otro índice de su obra. La deconstrucción del tiempo, la idea de lo angélico como misión, y el erotismo, que en muchos casos reproduce la función de cuerpo sacrificial –desde donde es posible pensar la prostitución el su obra-, son repeticiones en el cine de Subiela.

En cuanto a la repercusión pública, si bien siempre tuvo muy buena acogida en el circuito internacional de cine, lo más aceptado de su filmografía en los 10 años que van de 1986 a 1996, en los cuales estrena “Hombre Mirando al sudeste”, “Últimas imágenes del naufragio”, “El lado oscuro del corazón”, “No te mueras sin decirme a dónde vas” y “Despabílate amor”, una comedia sobre la melancolía de tiempos pasados, como una mirada sobre la decadencia neoliberal que cristalizó un modo de relación individualista. El propio Mario Benedetti recita poesía en “El lado oscuro del corazón”, donde caracteriza a un marino alemán que recita su poema “Corazón Coraza” en ese idioma a las prostitutas de un puerto uruguayo.

Subiela fue un hombre que relató el mundo como un espacio donde la irrupción de lo fantástico, como lo impensando o incluso anómalo, era aquello que venía a sanar todo aquello normalizado pero agónico. Este universo equilibrado en el dolor, sólo puede ser transformado desde aquella aparición del ángel solitario. Ese es el gran relato con que Eliseo Subiela deja una vasta obra de 35 años como cineasta

Filmografía completa

Paisajes devorados (2012)

Rehén de ilusiones (2009)

No mires para abajo (2008)

El resultado del amor (2007)

Lifting de corazón (2005)

El lado oscuro del corazón II (2001)

Las aventuras de Dios (2000)

Pequeños milagros (1997)

Despabílate amor (1996)

No te mueras sin decirme adónde vas (1995)

El lado oscuro del corazón (1992)

Últimas imágenes del naufragio (1989)

Hombre mirando al sudeste (1986)

La conquista del paraíso (1980)