En esos enjundiosos y larguísimos listados que se hacen para escoger lo más destacado que ha pasado por nuestras pantallas en el 2016, no ha faltado -y no puede faltar-, salvo que el crítico o analista proceda por ignorancia o con premeditación, alevosía y asechanza, el documental Si Dios Quiere, Yuli (Si Bondye Vle, Yuli (2016), del joven cineasta Jean Jean, una figura a tomar en cuenta en este país.

El documentalista hunde sus narices en un tema altamente controversial, posando su mirada sobre la migración haitiana, en su madre y sobre sí mismo, cuando ellos deciden acogerse al proceso de regulación migratoria que el estado dominicano estableció para buscar una solución al problema de la estadía irregular de esos ciudadanos extranjeros que ya data de largos años.

Si juzgáramos la salud de la cinematografía dominicana solo por el documental o por sus hermanos los cortos, el dictamen sería sin temor a equivocarnos, de una salud envidiable. Y no por los dictámenes de los sabihondos críticos o por los cronistas que reseñan el acontecer audiovisual, sino más bien por trabajos como Si Dios Quiere, Yuli, y otros más, que ponen en alto pedestal a ese género en esta tierra.

La tentación de irse por un tratamiento radical y destemplado, usando maneras panfletarias y sesgadas, es mucha por la implicación personal y familiar, pero el director la elude con una gran dosis de humanismo y ecuanimidad analítica, lo que convierte a este documental en una obra artística seria que no transige al decir sus verdades, sin caer en las redes de la uniteralidad descalificante.

Si Dios Quiere, Yuli, indaga en esos caminos de la historia, en lo familiar y lo personal, en la burocracia, en la política que afecta a los inmigrantes en general y a los haitianos en particular. El viacrucis de este conglomerado de seres humanos está lejos de solucionarse, y no se hará hasta que se ponga más empeño, de este lado y del otro.

La madre, el cineasta y los documentos

Yuli, la madre de Jean Jean es una mujer vital, intranquila, energética, que se gana la vida vendiendo las piezas que contienen las pacas de ropa, pero que también se dedicó en un pasado a lavar ropa para mantener a su familia. Lo único que esta matrona no aguanta es la inactividad, como dice le dice a su hijo en una conversación.

Este hacedor traza una ruta existencial para buscar respuestas a un proceso personal, que pasa por los papeles de residencia, todo mezclado en un maremágnum que el cineasta trata de descifrar con su gran sentido inquisitivo, que lo lleva a indagar, a buscar aquí y allá sin descanso. La búsqueda del pasado le dará respuestas a soluciones del presente, si no a todas, a las más profundas.

Cuando este documental hace señalamientos de fallas o distorsiones en el proceso de registro y naturalización, su dedo apunta a todos los lados de manera valiente. Acude el realizador al material de archivo para situar las cosas en el justo momento y no salirse del contexto.

Yuli y su hijo establecen un dialogo que podría decirse, es el corazón de este trabajo, el núcleo de las búsquedas del cineasta como arqueólogo de su vida. Acostados en la noche, interroga a la madre y encuentra las piezas faltantes del pensamiento más claro, en un viaje a la certeza, al centro del pensamiento de la autora de sus días.

La vida de Yuli en República dominicana es la historia de una vida trabajada, de una brega perenne, pero también es el relato de su convivencia con esos dominicanos de a pie, de un Felifrán Ayuso solidario, de la gente que se relaciona con ella y establece una cercanía en la que no intervienen la nacionalidad o las diferencias culturales, son simplemente las cosas de los humanos y sus afectos.

El hacedor y sus complices

La época de hacer documentales hermosos con una espectacular pero inadecuada fotografía, sin importar cuál sea el tema, ha pasado a la historia. Aquí no se está vendiendo un destino turístico, sino que se trata de construir ese destino con seres humanos que buscan vivir, porque de sobrevivir ya están cansados.

Leo Pérez construye las imágenes con los girones de las vidas y los pensamientos de Jean Jean y Yuli, fundiéndose con ellos para poder describirlos mejor. La cámara inquieta se convierte en los ojos de Jean, desapareciendo entre la gente, caminando junto al paisaje y mostrándonos esas realidades, tal cual sin embellecerlas, de ahí su efectividad.

Un sobresaliente trabajo en el sonido, tanto en el registro como en la creación de la música original, cuya responsabilidad recayó en Ariel Sosa y Franklin Figueroa, sin dejar de mencionar la hermosa música de Boukman Eksperyans ni la minuciosa edición de Marcos Caraballo. Rocío Barba es responsable junto a Jean de la producción y el guion, por lo tanto ella es parte fundamental de la hechura de este documental.

Jean Jean ha cruzado los límites de lo personal a lo profesional en una travesía no exenta de los peligros de perderse en el bosque del yo y las cercanías afectivas o existenciales y lo ha hecho exitosamente. Su trabajo como director ha tenido el firme pulso de la seguridad interior, mostrando los hechos con la mesura y la calma propias de quien posee razones profundas.

Si Dios Quiere, Yuli, es un documental que testimonia la persistente lucha por vivir y sobrevivir, registrando la convivencia entre diferentes nacionalidades al calor de una tierra que los acoge a todos sin distinción. Su autor ha creado un canto a la persistencia, a los sueños y a la voluntad de existir.

Publicado por Vanguardia Popular