Por Dora Andrade – EDISCA*

Bienvenidos a EDISCA. Aquí se aprende a danzar bien y a vivir mejor”. Este es el texto que se puede leer en la puerta de entrada de la Escuela de Danza e Integración Social para niños y adolescentes (EDISCA), fundada hace 14 años en una de las favelas más pobres de la ciudad de Fortaleza, en Brasil.

Teniendo en cuenta que la cultura direcciona la forma de cómo el ser humano entiende el mundo y a sí mismo y, consecuentemente, cómo actúa en este contexto, tenemos que reconocer que cualquier transformación consistente y duradera en la sociedad pasa por la cultura.

La vida está en constante movimiento, siendo el cambio la condición sine qua non para la continuidad de la vida. Así, el ser humano puede influenciar y transformar la cultura y la sociedad en forma consciente.

La edad moderna se originó, y se está construyendo, apoyada en el racionalismo, concepto ordenador y dominador de la realidad, que excluye otras dimensiones que constituyen el ser. En este contexto, el sentimiento, el afecto, la intuición, la creatividad, la transcendencia, en fin, las emanaciones vitales del ser humano fueron oprimidas o distorsionadas y, muchas veces, no fueron consideradas en el desarrollo de la modernidad.

La ciencia y la tecnología se pusieron, desde el principio, al servicio del poder en el proceso del surgimiento, afirmación y expansión de la economía de mercado, provocando, además de la pérdida del citado equilibrio entre las distintas dimensiones ontológicas del ser, el desequilibrio sistémico de la vida por privilegiar algunos intereses en detrimento de tantos otros.

Cuando observamos la educación escolar bajo este prisma, detectamos un fuerte énfasis en el racionalismo y en la función instrumental del conocimiento que conduce a la uniformidad y a la reproducción de saberes, conocimientos y comportamientos de la cultura hegemónica. Esta cultura racionalista mostró claras señales de agotamiento y falta de respuestas a los deseos materiales y espirituales de la humanidad.

La necesidad de un cambio cultural

Es necesario, que en este punto del largo camino en el que nos encontramos, legitimemos los principios, fundamentos y valores humanos, como fuente de recuperación de los equilibrios necesarios para que seamos capaces de enfrentar el gran desafío contemporáneo: la sostenibilidad de la sociedad humana. Mucho más que una legislación o algunas acciones puntuales, la situación exige un cambio global en la manera de entender y valorizar. Es necesaria una transformación cultural.

El arte es parte integral de la cultura y contiene intrínsecamente todos los elementos necesarios para transformarla. Nuestra creencia mayor está en el poder que tiene el arte para desarrollar el potencial existente en cada niño, adolescente y en cada persona, haciéndoles descubrir, pulir y realizar sus talentos y proyectos, independientemente de la condición social, religión, raza, sexo o cualquier otra categoría que pudiera diferenciarlos.

La creación de oportunidades educativas y condiciones estructurales que garanticen el desarrollo integral del potencial de su pueblo es un derecho y un deber de toda sociedad. Los métodos y procesos de estudio y creación en los distintos lenguajes artísticos, así como la posesión y contextualización histórica del arte, son campos placenteros y fértiles en oportunidades educativas que forman personas creativas con alto grado de percepción y discernimiento de sí mismo y de su alrededor. Ayudan a formar personas solidarias con propuestas interesantes y comprometidas a participar en las soluciones de los problemas de su tiempo. La estética reflejando una ética.

Pensar y hacer, el paradigma de EDISCA

El arte trabaja simultáneamente diversos aspectos necesarios del desarrollo humano, ejerciendo una gran fascinación y atracción hacia el deseo e imaginación de los niños, adolescentes y jóvenes, llamándoles a colaborar plenamente con las propuestas y exigencias en este ámbito.

El baile, por ejemplo, es fundamental en la estrategia pedagógica de la Escuela de Danza e Integración Social para niños y adolescentes (EDISCA), porque es el lenguaje artístico que desarrolla la corporalidad por excelencia, relacionando al cuerpo con las otras dimensiones del individuo: la emoción, el intelecto y el espíritu. Además, fue el lenguaje artístico el que dio origen a nuestra organización y que fue reforzado después, por la complementariedad del arte visual, el teatro, el canto coral y la musicalización.

EDISCA es una organización que nació en 1991, como un lugar a donde acudían los más jóvenes de las favelas más desfavorecidas de la ciudad de Fortaleza (Ceará) para aprender a bailar y encontrar ahí una oportunidad de futuro. A poco andar, fue necesario ampliar el cuidado de los pequeños. Así se desarrolló el concepto de “educación integral”, a través del cual no sólo se le entrega conocimientos artísticos a los niños y niñas que llegan al centro, sino también se les da atención médica, refuerzo escolar y una alimentación completa.

En cuanto a la educación artística, a través del baile el alumno percibe, siente y comprende su propio cuerpo al relacionarse con las ideas, conceptos, técnicas y lenguajes de este arte.

El baile, como todos los lenguajes artísticos, es simultáneamente una forma de conocimiento y un camino a conocer. Bailar, en una perspectiva pedagógica, es un aprendizaje que ocurre por medio del descubrimiento, la aceptación de uno mismo y la conciencia de que podemos ampliar y desarrollar nuestros potenciales, extendiendo nuestros horizontes. Un diálogo intenso entre cuerpo y mente; idea y forma; influyendo y estimulando aspectos complementarios del existir.

El poder de comunicar expresivamente ideas, conceptos, emociones, cuestionamientos y toda la complejidad humana a través de acciones significativas y expresiones dramáticas, exige un estudio sofisticado del cuerpo, del comportamiento humano, de los contextos sociales e históricos, de la cultura y de la vida. De esta manera, bailar alcanza una dimensión mayor porque involucra otros conocimientos, promoviendo un diálogo entre los distintos campos del saber.

La creación, la composición, el montaje y la presentación de un nuevo ballet como los que realiza EDISCA, por ejemplo, son una oportunidad para experimentar en las distintas dimensiones de los procesos educativos del arte. A partir de un tema, un concepto o una idea, todo un grupo de profesionales –educadores de arte, artistas y técnicos– se reúnen a fin de realizar el espectáculo con la participación creativa y concreta de los educandos en distintos ámbitos de la actuación. En la diversidad de opciones, los alumnos participan desde el mero acompañamiento de procesos y actividades, propiamente comentados y relacionados con el aprendizaje para la vida, hasta la creación y montaje de elementos que constituyen el propio espectáculo. Así ha sido en los 20 montajes de ballet realizados por EDISCA y en las 17 presentaciones corales.

En el caso particular del ballet Mobilis, la nueva presentación de EDISCA, el tema salió de la dimensión de la narración, como en los espectáculos anteriores, al cual los educandos ya estaban acostumbrados y evolucionó hacia un tema conceptual, lo que es más arriesgado y complejo, incluso para artistas más experimentados.

La pregunta principal que hicieron los bailarines en la primera reunión para tratar acerca del futuro ballet fue:
¿De qué hablará el ballet? ¿Qué historia contaremos? Bien, este ballet no cuenta ninguna historia, expliqué. Se trata de investigar un concepto, una hipótesis, en vez de contar lo que ya se sabe, lo que tenemos como verdad. Buscamos esta “verdad” y quizás no la encontremos, pero el puro hecho de buscar algo, ya es meritorio.

Los bailarines se quedaron atónitos. Todo era muy novedoso y muy sutil para comprenderlo de forma inmediata. Relacionar arte e investigación de forma científica era inédito, un desafío. El objeto de investigación del ballet Mobilis es el cuerpo humano y sus posibilidades, representaciones, simbología y lenguaje, teniendo el movimiento como fuerza motriz y trilla de investigación asociados a la subversión de la lógica y a la lectura de la realidad a partir de imágenes de la coreografía manipuladas sobre el soporte del video.

¡No es simple, pero es muy estimulante! Este tema implicó lecturas y conversaciones del equipo sobre conceptos de física cuántica, filosofía, estética, semiótica, entre otros temas, y una “traducción” de estos conceptos para el entendimiento de los educandos-bailarines. Ellos se quedaban pasmados frente a tanta novedad y pocos se sentían seguros para hablar: “Entonces lo real es lo que yo vivo, lo que veo, lo que toco. Virtual es como la televisión, lo que ni yo mismo sé si es verdad”, se atrevió a decir Jamila de 11 años de edad.

Este proceso participativo en el desarrollo de la temática eleva al artista bailarín del status de puro intérprete de las ideas del coreógrafo a co-autor de la obra coreo- gráfica. Pedagógicamente, él es sujeto proactivo e interactivo de la acción. De esta manera los educandos toman conciencia de la necesidad de estar bien informados y de desarrollar conocimientos y dominios en diversos campos del conocimiento humano con el fin de estar habilitados para contribuir y no detenerse con el conocimiento específico del baile o lo que se les indica. Entender lo que hacen, ¡no sólo imitar!

Paralelamente a la investigación temática, otros procesos surgieron. La creación y la composición de la música original del ballet, así como el compositor y sus músicos, seguían los impulsos provocados por las conversaciones con los coreógrafos y el material coreográfico que era producido con los educandos, inclusive en algunas oportunidades se llegó a workshops de improvisación en música y baile.

En estos trabajos, un aspecto del tema era escogido para estudio, así como por ejemplo: tiempo, espacio, equilibrio, dinámica, fuerza, levedad, peso, ritmo, armonía o caos. El concepto era disecado y localizado en la vida cotidiana creando así un material ilustrativo mental que plasmaba las futuras coreografías.

En este proceso existen varias condiciones y situaciones que no encontramos normalmente en una clase formal. Por ejemplo, la posibilidad de teorizar sobre uno de estos conceptos, experimentarlo en la práctica y, principalmente, en el propio cuerpo, con todas las sensaciones y conocimientos que esta experiencia produce. Otro hecho importante es la intersección y relación entre los diferentes lenguajes artísticos, en el caso del baile y de la música, y como en estos dos campos del conocimiento tratan sobre un mismo concepto.

Los músicos siempre se sorprendían al ver sus melodías “materializadas” en los cuerpos de los bailarines. Esto provocaba un abordaje diferenciado en el proceso de creación musical que repercutía en el baile. Todo esto, charlas, estrategias, técnicas, arreglos y experimentos eran conducidos en la presencia del cuerpo de baile y los alumnos del cuerpo de teatro de EDISCA, que apoyaban la producción del ballet. En esos ejercicios preparativos, los bailarines y actores eran llamados a cuestionar y crear soluciones, así como a ejecutar tareas que exigían habilidades físicas e intelectuales. ¡Pensar y hacer!

Así, el espectáculo se construyó, tomó los aspectos de todos aquellos que participaron en el proceso, una verdadera creación colectiva. La capacidad de relacionarse fue ampliamente aprovechada, tanto a nivel de las relaciones personales, como de las ideas y de las propuestas artísticas. La ruptura con la jerarquía ocurrió naturalmente, sin que hubiera barreras entre el “profesor” y el “educando”.

Relacionar conocimientos con la realidad; imaginar y crear lo que no existe; hacer mejor lo que ya se hace bien; arriesgarse con el estímulo de traspasar los límites; trabajar en grupo y respetar las diferencias; creer que dará fruto, con conciencia de que esto depende del conjunto de personas involucradas; proyectar y ejecutar estrategias y acciones corrigiéndolas en la trayectoria; exhibirse ante la crítica y crecer con ella; y reconocer y elegir lo que es bueno en el proceso y tener la coherencia y el desprendimiento de renunciar a lo que no es significativo. Todas estas son posturas, habilidades y capacidades desarrolladas en los procesos artísticos que llevamos a cabo y que empleamos en otras dimensiones de la vida.

Cuando los alumnos describieron la experiencia de participar de la creación y del montaje del ballet Mobilis, escogí los pensamientos de Luzia, de 15 años. Ella dijo que “aprendí que el arte nos da una comprensión de todo, una visión amplia de la vida. Esta experiencia me dio determinación, fe y coraje. ¡Sí!, coraje, pues la maratón de estudios, ensayos y exhibiciones no es fácil. Intento superarme a cada elogio, a cada crítica y a cada dolor muscular”.

*EDISCA es una organización educativa sin fines de lucros instalada en Fortaleza, Ceará, que desde 1991 tiene como misión promover el desarrollo humano de niños y adolescentes que se se encuentran en situación de vulnerabilidad social.