María Gadú, una paulista de clase media baja, entró con su voz dulce en todas las casas de Brasil a partir de “Shimbalaiê”, un tema que compuso cuando tenía diez años. Su primer disco, editado en 2009, recibió la bendición de Caetano Veloso. La cantautora transformó ese halo de promesa en una sólida trayectoria como compositora, que revalidó en su último disco, Guelá (2016). Ahora María Gadú viene junto a otras promesas de su generación – Silva y Dani Black- para tocar esta noche y el próximo sábado en La Trastienda.

-Este concierto tendrá otras características. ¿Cómo surgió la idea de este encuentro?

-Con Dani y Silva somos amigos desde hace muchos años. Siempre nos encontramos, tocamos y componemos juntos. Dani es mi amigo de la adolescencia. En mi disco anterior, Guelá, ya grabé canciones suyas. Cuando estábamos pensando cómo presentarnos en Buenos Aires surgió la idea de hacer algo distinto. Ya había presentado el show de Guelá el año pasado y encontramos esta idea de juntarnos tres cantautores de la misma generación, completamente diferentes. Hace rato que lo queríamos hacer en Brasil, pero al final se dio la oportunidad de ponerlo en práctica en esta gira.

-Lo interesante son nuestras diferentes formas de aproximarnos a la música. Silva tiene una onda más internacional y electrónica, por la música que escuchó a lo largo de la vida. Es un tipo de composición menos brasileña y más urbana. Dani, en cambio, es hijo de una compositora muy importante llamada Teté Espíndola y tiene una raíz muy brasileña en sus canciones, además de ser un guitarrista maravilloso educado en su casa con música de Chico César. Y yo tengo una raíz autodidacta que viene de aprender música con los garotos que tocan en la calle. Somos los tres bien diferentes. Pero la gran comunión que se da entre nosotros es porque nos gusta mucho compartir la música. Lo que nos liga en este concierto es que cantamos todo juntos, hacemos arreglos de voces y es un ejercicio muy lindo donde encajan todos nuestros estilos.

-Sí, es verdad. Siento que no es algo consciente o pensado sino que es muy genuino. Hace muchos años que sucede. Vimos la unión de Tom Jobim y Vinicius de Moraes; después Toquinho y Vinicius también; y Caetano Veloso con Gilberto Gil cuando fundaron la Tropicalía. Genuinamente la música brasileña siempre se hizo en grupo. Todo el mundo se junta. Es instintivo. Es muy brasileño eso. Quizás afuera del Brasil están más divididos los roles de quién hace letra y música. Pero en Brasil lo fascinante y genuino está en construir esa idea musical juntos.

-Desde que irrumpiste en el medio musical fuiste cambiando. ¿Cuáles son los intereses que te mueven actualmente como compositora?

Pasé por varias fases en mi vida. Antes hacía canciones más autobiográficas. Muchas de las composiciones de mi primera época hablan de la pérdida de afectos, el amor y mi posición política. Ahora estoy estudiando antropología para intentar salirme de ese pensamiento tan central y protagónico. Quiero construir canciones basadas en otros temas. Hablar sobre el amor pero no sobre mis amores, o sobre la cultura africana y el movimiento de la mujer en el planeta.

-¿Hay algo de ese interés en reflejar lo colectivo?

Estamos viviendo una situación muy extraña para la sociedad. En Brasil, tenemos un gobierno de derecha y eso parece que incita a revelar las verdaderas personalidades. En las calles, las personas no tienen vergüenza en practicar el racimo; y el femicidio nunca estuvo tan exacerbado. No puedo ser egoísta al hablar sobre mí, quiero darle fuerza a esas manifestaciones colectivas que denuncian estos temas. Soy mujer, hija de negros y gay. Si en este momento no hablo de todo eso. es como estar atentando contra mí.

Publicado en La Nación