Pájaros

Pájaros, de Juanita Fernández

por Alexander Laluz

El vuelo, los vuelos

1. Una vidalita. Un pájaro, la viudita. Un sonido leve, puntual, corta la inmensidad del silencio. Luego, la voz; una voz leve, con aire, con algunas notas entrecortadas; una voz sola, sin más sostén que el sonido leve, puntual para recortar aún más la inmensidad. “Una pajarita, vidalitai, se viste de blanco”. La inmensidad luego es más recortada, texturizada, con tramas de densidad e intensidad mayor. Son otros cuerpos, otros sonidos que se anudan sin destruir ese sonopaisaje a ser descubierto por el oído explorador.

Juanita Fernández (percusionista, compositora, cantante, investigadora, de extensa trayectoria en el medio local) abre así, con la canción ‘Viudita’, su disco, el primero firmado como solista, Pájaros. Los títulos de las canciones (‘Zorzal’, ‘Mirlo’, ‘Tordo’, entre otros) orientan sin ambages las interpretaciones: componer una especie de mapa sónico de los pájaros de la región. Un mapa que no es científico. Que no es descriptivo o imitativo de las cualidades sonoras de los pájaros. Que no es ecológico. Pero que sí es un mapa sensible, en el que la naturaleza y sus estructuras nucleares, acústicas, sus contornos melódicos, sus superposiciones rítmico-métricas, ofician como materiales generadores de un lenguaje musical distinto, sensible a las diferencias y a la riqueza de matices sutiles.

2. Tal mapa de sensibilidades musicales fue trazado por Juanita Fernández durante más de ocho años de investigación, de experimentación. Y tomó forma de disco –o de disco conceptual; de obra conceptual– a través de distintas técnicas compositivas que conjugan lo culto y lo popular, las improvisaciones a partir de “partituras emocionales” –dice Juanita– para ensamblar escenas y construir “un vínculo directo al estudio del carácter de cada pájaro como motor para el impulso sonoro”.

Para registrar este trabajo, ella integró sus toques de vibráfono, de guitarra, de platos, de dispositivos electrónicos, y su voz, la que se descubre con cualidades realmente valiosas en lo técnico pero sobre todo en la construcción de personajes vocales nutridos de sutilezas y temperamento expresivo.

A esa cantera de recursos se sumaron los aportes virtuosos –en el mejor sentido del manido término– de Andrés Bedó en sintetizadores y piano, Felipe Badaró en batería, Andrés Pigatto en contrabajo. Con este plantel, Juanita presentó Pájaros en la sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del Sodre, el jueves 12 de abril, a las 21 horas, con reinterpretaciones de las piezas del disco, siguiendo una búsqueda tímbrica, textural y expresiva algo distinta a la realizada en el estudio y para potenciar otras cualidades del material musical.

3. La génesis de Pájaros, repasó Fernández, fue casi accidental. Sin embargo, la obra del compositor francés Olivier Messiaen (1908-1992), un referente ineludible en la historia de los nuevos lenguajes cultos del siglo pasado, a la vez de fascinarla le marcó un rumbo al proyecto, especialmente al estudiar a fondo las muchas experiencias de Messiaen con el mundo ornitológico como cantera de materiales y formas de tratamiento del material sonoro.

Por este camino, Fernández le dio a los elementos sónicos recopilados y analizados un tratamiento exhaustivo, intenso, minucioso, para generar con cada pieza un carácter, un pájaro.

“La aplicación de diferentes técnicas compositivas genera eventos muy genuinos, donde aparecen el texto, la improvisación libre, texturas, la complejidad métrica y armónica y el uso de tecnología”. Y anotó: “La instrumentación fluctúa entre lo tradicional y lo no tradicional”; es decir, con piano acústico, sintetizadores, contrabajo y técnicas extendidas, batería, vibráfono, metales exóticos, voces con efectos, guitarra, violonchelo y computadora. “El lugar que toma la improvisación libre en algunos momentos tiene un tratamiento inducido. Marcamos una partitura emocional y trabajamos esa ‘escena’, ese subtexto espontáneamente; dando así un vínculo directo al estudio del carácter de cada pájaro como motor para el impulso sonoro”.

Y concluye: “Este trabajo tiene como condición favorable que nadie es ajeno a la naturaleza, y por ende la identificación del vínculo de la fuente es inmediato e igual para todos… eso acerca un lenguaje que, en otro contexto, se volvería ‘erudito’ o ‘raro’, acá se vuelve salvaje e instintivo, como un pájaro”.

4. Se anotó al principio: en Pájaros no hay descripciones, no hay imitaciones. Las correlaciones con función icónica corren en otro nivel, en un nivel más abstracto.

Lo que abunda, sí, es un cuidadoso articulado de movimientos indexicales, esos que conectan un material elaborado, intenso, con universos de sensaciones, imágenes, espacios, densidades, tramas. Y a partir de esos acoplamientos significantes se abre un abanico rico, quizás de bordes algo difusos (como todas las redes de interpretantes estéticos), de remisiones a sentidos lógicos, a otras redes más o menos establecidas de significados en el entorno cultural (otros géneros musicales, otros estilos, otras formas, otras ideas sobre lo estético y lo musical).

Una interesante función indexical doble, que adquiere potencia por el cuidadoso trabajo con las estructuras rítmicas, la organización de los sonidos y los timbres. Trabajo que, se dijo también, reúne tradiciones compositivas del ámbito culto y del popular, pero que logra un resultado fresco, inteligente y estimulante.

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