Chile: Mapa editorial

El nuevo mapa editorial chileno

Por Javier García

Durante varios años estuvieron relegados a funcionar en una carpa a un costado del Centro Cultural Estación Mapocho. Muy cerca de los carros de comida. Pero este año el escenario cambió: la Cooperativa de Editores de la Furia ocupó un lugar visible dentro de la última versión, finalizada el 11 de noviembre, de la 38° Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa). Antes pagaban $ 1.500.000 por stand. Este año cancelaron $ 8 millones. Sin embargo, el balance fue positivo.

“Nos permitieron participar de la programación cultural como nunca antes. Tuvimos mucha mayor exposición. Las ventas estuvieron igual que el año pasado porque tenemos un público que nos sigue”, comenta Paula Gaete, presidenta de la Cooperativa de Editores de la Furia.

Este año el panorama fue distinto en Filsa debido a los conflictos internos del gremio. La división ocurrida en plena organización del evento, derivó en que se realizara, en paralelo, el primer Festival de Autores (FAS) en la UC y el GAM. Este último creado por la Corporación del Libro y la Lectura, que se restó de Filsa.

El gremio en el país se reparte en cuatro grupos: la Cámara Chilena del Libro, Editores de Chile, Cooperativa de la Furia y Corporación del Libro y la Lectura. La más antigua es la Cámara Chilena, creada en 1950 y que organiza Filsa desde 1981. Reúne a 70 socios, entre distribuidores, librerías y editoriales como Ediciones SM, Océano y Fondo de Cultura Económica (en 2016 eran 79 socios).

Mientras que Editores de Chile, grupo creado en 2001, se conforma por cerca de 60 socios entre pequeñas y medianas editoriales independientes y universitarias, como Ekaré Sur, Lom, Cuarto Propio, U. Alberto Hurtado y Usach (por lo menos seis son también parte de la Cámara). A su vez, Cooperativa de la Furia, creada en 2011, agrupa a 33 pequeñas editoriales independientes como Cuneta, Alquimia y La Calabaza del Diablo.

La más nueva de las cuatro asociaciones es la Corporación del Libro. Creada a fines de 2015 , representa “alrededor del 70% de la producción editorial que circula en Chile”, señalan de la entidad que reúne a Grupo Planeta y Penguin Random House -PRH- (ambos con mayor presencia en Latinoamérica), además de 14 socios como Catalonia, Santillana y Zig-Zag.

¿Cómo se distribuye el mercado del libro en el país? Un informe entregado este año sobre Circulación y difusión del libro en Chile 2017 -realizado por Editores de Chile- reveló que más de la mitad de las librerías del territorio nacional se concentran en Santiago. Sobre los puntos de acceso al libro, el informe señala que hay un total de 355 librerías (184 en Stgo.), 38 supermercados y 190 bibliotecas en 36 ciudades de Chile. Con respecto al registro de obras, en 2017 se registraron más de 8.000 títulos, según el último Informe Estadístico del ISBN. Un 10% más que el 2016. Las empresas con mayor producción editorial son PRH (443 títulos) y Planeta (302 títulos).

Nuevas ofertas

En octubre pasado se realizó la Primavera del Libro en el Parque Bustamante, en Providencia, organizada por Editores de Chile con apoyo municipal. La alcaldesa Evelyn Matthei aseguró el año pasado que prefería entregar fondos para apoyar la Primavera del Libro que la Feria del Libro Infantil, que realizaba en la comuna la Cámara desde 1987. “Ellos cobran por entrada y le cobran por cada local a las editoriales. Además, esto es solo una actividad, y nosotros queremos hacer muchas”, señaló entonces Matthei.

Este año y por primera vez en Filsa hubo dos días de acceso gratuito. Una de las críticas principales a la organización es el cobro por entrada. La Cámara recibió este año $ 81 millones de parte del Ministerio de las Culturas para la organización de Filsa. Eduardo Castillo, presidente de la Cámara, cree que para mejorar las condiciones en el ámbito del libro es necesaria la participación del Estado: “Tiene un rol fundamental en todo esto y que se relaciona con aumentar significativamente los niveles de inversión, la mantención y perseverancia de políticas públicas estables”.

El paisaje del libro en Chile cambió más allá de Filsa. Lo demuestran dos encuentros impulsados por los sellos independientes. El primero es el Festival Voltajes, enfocado en la mujer y que se desarrolla hoy y mañana, con 28 editoriales, en el MAVI. Entre otros sellos, estarán Laurel, Los Libros de la Mujer Rota, Cuadro de Tiza y Saposcat. El otro evento es la XII Furia del Libro, que se hará entre el 13 y el 16 de diciembre en el GAM, con 150 editoriales, de las cuales 110 son chilenas (entre pequeñas, cartoneras y artesanales). Allí debutarán los Diálogos Latinoamericanos, actividad con escritores del continente que antes era parte de Filsa.

“Para la Cooperativa, la Furia del Libro se convirtió rápidamente en la mayor vitrina de la edición independiente”, comenta Paula Gaete.

“Las nuevas editoriales permitieron la visibilidad de nuevas voces dentro del panorama literario”, dice Guido Arroyo. “Potenciaron el rescate patrimonial de obras que estaban fuera del radio de los sellos convencionales, y en definitiva generar un ecosistema del libro más diverso”, agrega el editor de Alquimia.

“Hace una década tenías cinco editoriales que estaban publicando, con catálogos atractivos y hoy tienes unas 50 o más. Eso es muy favorable para lectores, editores y autores”, comenta la escritora Claudia Apablaza, quien dirige desde 2015 Los Libros de la Mujer Rota.

El sello apuesta por nuevas voces que, en algunos casos, luego son fichados por grandes editoriales. Ocurrió con Arelis Uribe (1987), elogiada con su primer título de cuentos Quiltras (2016). El próximo año editará su nuevo libro por Planeta.

“Es un momento muy favorable para el rubro: cada vez hay más lectores, más títulos publicados, más encuentros literarios, y aparecen nuevas propuestas editoriales que fomentan la bibliodiversidad”, dice Josefina Alemparte, directora editorial de Planeta. Sobre el aumento en las ventas, agrega: “Según mi experiencia en Planeta, los rangos por título son cada vez más altos. Si antes un libro muy exitoso eran 10 mil ejemplares, hoy son 30 mil. Vender 50 mil o incluso 100 mil ejemplares de un título en Chile hoy es algo posible”.

Otro tema que tiene que ver con la cadena del libro es su distribución. “Creo que tenemos que avanzar hacia un modelo más orgánico. Por ahora es muy disociado, según intereses comerciales”, cree Apablaza, quien ofrece su catálogo a través de Tienda virtual de Hueders y en Buscalibre.cl.

Mientras PRH y Planeta distribuyen sus propios libros sin intermediarios, los sellos medianos o pequeños, en su mayoría, canalizan la entrega de sus productos por la distribuidora La Komuna.

“Hay una fragilidad innegable desde las librerías con bajas ventas y demasiado proceso de consignación (arma de doble filo)”, opina Claudia Aguirre, directora de La Komuna. “Acá falta que los gremios, que ya son muchos, se pongan de acuerdo y que la Cámara del Libro se modernice, está obsoleta”, añade Aguirre.

Ventajas variables

Las editoriales independientes han logrado tener su propia identidad. Por ejemplo, el sello Overol nació en 2015 y publica narrativa, ensayo, poesía y dramaturgia. Este año obtuvo el Premio a la Edición en Filsa por Los multipatópodos, de Yosa Vidal. Además han rescatado textos de Enrique Lihn (Diálogos de desaparecidos) y apostado por debutantes como Virginia Gutiérrez (1979) y su novela Ferocidad.

Un sello con más trayectoria es La Calabaza del Diablo, fundado en 1997 por Marcelo Montecinos. La Calabaza tiene un amplio catálogo, donde debutaron autores hoy reconocidos como Diego Zúñiga, Simón Soto y Luis López-Aliaga.

“Lo que ha cambiado en el panorama editorial es que se está rompiendo la tentativa monopólica de los grandes grupos, es decir, aparece un puñado de editoriales independientes y comienza a publicar primeras obras de autores. Incluso ha sido ventajoso para esos grupos transnacionales, pues les hacemos un scouting gratis”, señala Montecinos, y cree que lo que falta en Chile es “ampliar el horizonte de las personas que compran libros”.

Arturo Infante, presidente de la Corporación del Libro, cree que hay “una cantidad significativa de editores que han diversificado la oferta bibliográfica y que representan al mismo tiempo una gran oportunidad para los autores que emergen”. Sobre las organizaciones, el también ex presidente de la Cámara (2011-2014) agrega: “Hace 30 años todos estábamos bajo el mismo techo y hoy estamos divididos en cuatro asociaciones. Creo que eso responde a razones históricas, de búsqueda de identidad”.

Quizá una instancia para que el gremio se reúna otra vez ocurra para organizar una nueva Filsa. En noviembre pasado, mientras ocurría el encuentro, editores plantearon la posibilidad de cambiar de fecha y acortarla. Proponían el mes de abril y durante 8 días, y no 18.

“Si queremos una Feria Nacional, con el gran apoyo estatal que tiene y debe tener, que sea realmente representativa, desde los creadores hasta los lectores, debe ser organizada por una Fundación público privada, cuyo interés sea la promoción del libro y la lectura”, cree Marisol Vera, directora de Cuarto Propio, asociadada a Editores de Chile y que este año decidió no participar en Filsa.

Culto – La Tercera

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