El premio literario Casa de las Américas celebra sus 60 años

Casa de las Américas celebra su 60 aniversario

Los festejos por los 60 años de Casa de las Américas y su premio literario comenzaron hoy a las 11:00 a.m. con las palabras del destacado ensayista Roberto Fernández Retamar, presidente de la entidad, y la constitución del jurado del certamen, en la Sala Che Guevara de la sede central, en 3ra y G, La Habana.

Retamar expresó que es motivo de orgullo que muchísimos autores y autoras latinoamericanos y caribeños, entre los más valiosos, se sientan vinculados o murieron fieles a los ideales de la Casa y de la Revolución. Destacó a escritores como Alejo Carpentier, Manuel Galich, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano y Roque Dalton.

Este enero tiene especial significación para los organizadores del encuentro, como plasmaron en el dossier de prensa La Casa del Premio:

“Seis décadas después seguimos aquí, apostando por la renovación sin dejar de ser fieles al espíritu que animó el nacimiento del certamen; somos otros y los mismos. Esta edición 60 del Premio Literario Casa de las Américas es al mismo tiempo, por consiguiente, parte de un legado abrumador y nuevo punto de partida para una historia aún por escribir”.

Una vez más se demuestra el poder de convocatoria del concurso, pues esta edición se recibieron más de 550 obras de varios países de América Latina, de acuerdo con Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias.

Los textos competirán en los apartados de novela (167), poesía (224), ensayo histórico social (28), literatura brasileña (45), estudios sobre latinos en Estados Unidos (19) y literatura para niños (101).

Durante el los diez días del evento también tendrán lugar conversatorios y mesas de debate, se presentarán los libros ganadores del Premio en el 2018 y se realizarán conferencias magistrales sobre temas medulares relacionados con el desarrollo de la literatura en la región.

Como parte de la celebración, igualmente, se inaugurará de la exposición Arte Popular del Perú, el 28 de enero a las 6:00 p.m. en la Galería Latinoamericana, y el concierto para arpa y voz de la mexicana Verónica Valerio, el día 30 en la Sala Manuel Galich, a la misma hora.

Por su parte, la Cinemateca de Cuba, en homenaje a estos aniversarios, programó el ciclo “La Escritura Proyectada: Cine y Literatura Latinoamericana”, que transcurrirá en el cine 23 y 12 durante los días del Premio Literario. Podrán verse materiales como La Colorina (2008), Ceremonia Secreta (1968), La tía Julia y el escribidor (1990), La poesía sin fin (2016) y El gallo de oro (1964).

Como ya es habitual, en la ciudad de Cienfuegos transcurrirán actividades en simultáneo: sesionará el jurado para las lecturas correspondientes y se presentarán por primera vez los títulos premiados el año pasado, en la librería Dionisio San Román.

En la clausura, el 31 de enero a las 7:00 p.m., también en la sala Che Guevara, se realizará la entrega del premio en sus diferentes apartados y de los reconocimientos honoríficos, que destacarán volúmenes relevantes ya publicados: el de poesía José Lezama Lima, el de narrativa José María Arguedas y el de ensayo Ezequiel Martínez Estrada.

Jurados de esta edición del concurso literario:

Novela

Adrián Curiel Rivera (México)
Víctor Goldgel (Argentina)
Lina Meruane (Chile)
Anne Marie Metaillié (Francia)
Eduardo del Llano (Cuba)
Poesía

Aurea María Sotomayor (Puerto Rico)
Raúl Vallejo (Ecuador)
Soleida Ríos (Cuba)
Ensayo histórico-social

Néstor Francia (Venezuela)
Elissa L. Lister (Rep. Dominicana)
Raúl Garcés (Cuba)
Literatura brasileña

Isis Barra Costa
Luisa Geisler
José Luiz Passos
Premio de estudios sobre Latinos en los Estados Unidos

Frances Aparicio (Puerto Rico)
José Manuel Valenzuela (México)
Rubén Rumbaut (Cuba-EE.UU.)
Literatura para niños y jóvenes

Elena Dreser (Argentina)
Mario Picayo (Cuba-EE.UU.)
Olga Marta Pérez (Cuba)

CubaDebate


Cuando el martes 19 de enero de 1960 Haydee Santa maría inauguró las actividades del Primer Concurso Literario Hispanoamericano, nadie podía imaginar el – alcance de lo que estaba gestándose. Nacido en una era de descubrimientos, cuando casi todo se decidía y aprendía sobre la marcha, parecía fácil presagiar que –como otros proyectos similares– aquel concurso languidecería a la vuelta de unos años.

Hace ya tanto tiempo de aquel día, que todavía en esa fecha el ser humano no había salido al espacio sideral, ni la televisión había llegado a buena parte de los países de la América Latina y el Caribe, región que jamás había acogido –por decir algo– unos Juegos Olímpicos o un Mundial de Fútbol. Casi nadie, por aquel entonces, hablaba de algo llamado Literatura Latinoamericana (y mucho menos Caribeña), y los contados autores que se conocían un poco más allá de nuestras fronteras solían ser leídos como nombres aislados. Si a algo contribuyó aquella convocatoria fue a enderezar ese entuerto.

Seis décadas después seguimos aquí, apostando por la renovación sin dejar de ser feles al espíritu que animó el nacimiento del certamen; somos otros y los mismos. Esta edición 60 del Premio Literario Casa de las Américas es al mismo tiempo, por consiguiente, parte de un legado abrumador y nuevo punto de partida para una historia aún por escribir.

 

Casa de las Américas


Palabras inaugurales de la edición 60 del Premio Literario Casa de las Américas

Por Roberto Fernández Retamar

Compañeras y compañeros:

Después de considerar varias posibilidades, el Consejo de Dirección de la Casa de las Américas  concluyó que al celebrarse este 2019 sesenta años de haberse otorgado por vez primera su Premio Literario (que tuvimos el honor de que exaltara el Che en discurso pronunciado en Punta del Este, Uruguay, en 1961), las palabras inaugurales del Premio correspondiente, como ha ocurrido en anteriores fechas redondas, debían ser pronunciadas por quien se encuentra al frente de la institución. A propósito de ello, debo explicar que si mi vínculo con la Casa de las Américas se remonta a su inicio, en 1959, salí después a desempeñar otras tareas, regresé del todo a ella en 1965, y solo a partir de 1986, es decir, en los últimos treinta y tres años, me es dable hablar plenamente en su nombre, como estoy haciendo. Lo que, desde luego, no implica que mis compañeras y compañeros del Consejo estén obligados a compartir ciento por ciento cuanto diga. Nuestra esencial unidad no excluye la diversidad.

De entrada insistiré, por conocido que sea, en que a menos de cuatro meses de la victoria, el primero de enero de 1959, de la Revolución Cubana, ella creó la Casa de las Américas, y puso a su frente a una criatura que ya era una leyenda: la compañera Haydee Santamaría. Con su pasión revolucionaria, su audacia, su inteligencia, su sensibilidad, su don para dirigir creó nuestra institución, y la marcó para siempre. Es nuestro privilegio que esta seguirá siendo su Casa. Así lo han asumido desde los primeros trabajadores, casi la totalidad de los cuales, como la misma Haydee, ya no dan sombra, en palabras de Dante, hasta los muy jóvenes, quienes garantizan la pervivencia de su centro de labores y sueños (hace años una compañera querida dijo con audacia que la Casa de las Américas es un estado del alma), y aunque no  conocieran personalmente a Haydee , sienten el orgullo de trabajar en la que fue, es y será la Casa de la heroína del Moncada, la Sierra Maestra y la lucha clandestina; de  quien, con su hechizo y su fe, atrajo a nuestra causa a muchos de los mayores escritores y artistas de nuestra América, e incluso más allá de sus fronteras.

Cuando el año pasado leyó palabras como estas el compañero Silvio Rodríguez, tan identificado con Haydee que debe considerársele uno de sus hijos, él recordó con razón que al ser esta Casa obra de ella, lo era también de quien Haydee, al igual que el compañero Fidel, al igual que nosotros,  reconocemos como el Maestro por excelencia:  José Martí. Y desde el principio Haydee, como luego, leales a sus orientaciones, hemos seguido haciendo los que la hemos sucedido (y jamás sustituido) al frente de la Casa de las Américas, es decir, el gran pintor Mariano y después yo, al dirigirnos a los miembros de los distintos jurados de nuestro Premio Literario hemos insistido en que se tomen en consideración los valores literarios de las obras que concursan. Lo que insuperablemente dijo Martí al afirmar, por ejemplo, que a la poesía, que es arte, no vale disculparla con que es patriótica o filosófica, sino que ha de resistir como el bronce y vibrar como la porcelana. Palabras tanto más estremecedoras por cuanto las escribió quien consagrara su genio y   ofrendara  su vida al mejoramiento humano,  a la vida futura y a la utilidad de la virtud, en los que, espantado de todo, dijo tener fe.

La fecha en que se otorgó por vez primera este Premio Literario, 1960, no es un fecha vacía ni azarosa. Los años inmediatos verían la acogida mundial de la literatura de nuestra América. Sería tonto decir que ello fue consecuencia del Premio que otorgamos, en la primera edición del cual, significativamente, se distinguió a un autor consagrado, el argentino Ezequiel Martínez Estrada, y a otro inédito, el cubano José Soler Puig, sentando un valioso precedente. Muchísimos autores y autoras se  darían a conocer gracias a nuestro Premio, mientras el notable escritor de Barbados Kamau Brathwaite es quien más veces lo ha recibido. Como también sería tonto negar que ambas realidades (el Premio Literario Casa de las Américas y la mencionada acogida mundial) se remiten al acontecimiento que hizo entrar nuestra historia local (hasta entonces vista, si acaso, como una borrosa nota al pie) en la gran historia. Me refiero, claro está, a la Revolución Cubana, que atrajo la atención del orbe sobre nuestro subcontinente, y en consecuencia sobre nuestras letras. Ellas tenían ya un alto nivel desde hacía tiempo: baste recordar al Inca Garcilaso de la Vega y a Sor Juana Inés de la Cruz, a Gertrudis Gómez de Avellaneda y a Domingo Faustino Sarmiento, y más cercanos, a quienes se manifestaron en lo que en la América española se llamó modernismo (Martí, Darío, Quiroga, Rodó, Lugones, González Martínez), y en Brasil, con otra denominación,  a Machado de Assís, e inauguraron nuestra contemporaneidad. Pero ello no impidió que, por ejemplo, en 1938 muriera en París, casi miserable y casi desconocido, uno de los mayores poetas de nuestra América y de la lengua castellana, el cholo César Vallejo, lo que tanto difiere de lo que iba a ocurrir pocas décadas después.

Voy a eludir el anglicismo que alguien le propinó y muchos y muchas repitieron, pero todos sabemos que en la década del sesenta del siglo pasado un conjunto sin duda muy valioso de narradores latinoamericanos fue objeto de un espectacular reconocimiento planetario. En otro orden de cosas, si hasta 1959 solo una escritora nuestra, la inolvidable chilena Gabriela Mistral, había recibido, merecidamente, el Premio Nobel de Literatura, a partir de esa fecha lo recibirían, también merecidamente, seis escritores de la América Latina y el Caribe; y razones extraliterarias, inaceptables tratándose de un lauro literario, impidieron que se le otorgara a Jorge Luis Borges. Siendo este último hostil a nuestra Revolución, tal hecho no impidió que en parte gracias a esa Revolución la deslumbrante obra literaria del gran argentino alcanzara un horizonte mundial; como tampoco impidió que él, con generosidad, accediera a que la Casa de las Américas publicara  un conjunto admirable de páginas suyas, para entusiasmo sobre todo de nuestros lectores jóvenes. Por otra parte, no pocos escritores y escritoras del área han admirado la Revolución Cubana, y además han colaborado en diverso grado, a menudo muy estrechamente, con la Casa de las Américas, aunque no faltaran  quienes se apartaran luego de ambas (la Casa y la Revolución), a pesar de lo cual seguiremos apreciando sus obras. Por supuesto, nos enorgullece saber que muchísimos autores y autoras latinoamericanos y caribeños,  entre los más valiosos, se sienten vinculados con nosotros, o murieron fieles a los ideales de la Casa y de nuestra Revolución (baste citar entre estos últimos, limitándome a unos pocos, a Alejo Carpentier, Manuel Galich, Julio Cortázar, Mario Benedetti, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano o Roque Dalton): una revolución que, como todas, no es un  paseo por un jardín; al igual que cualquier creación humana, no está exenta de errores, que rectifica, y ocurre a noventa millas del imperio que nos ha agredido de mil formas, incluyendo el bloqueo criminal más dilatado de que se tiene noticia, y no cesa de amenazarnos. Pero para ser justos no podemos olvidar que de ese país también forman parte, y parte esencial, seres como Noam Chomsky, a quien he llamado Bartolomé de Las Casas de su propio imperio, y muchas y muchos más que han defendido y defienden con valor causas nobles. Se trata, en necesarias palabras martianas, de la patria de Lincoln que amamos, como lo hace quien les habla.

Carezco de más tiempo, según se acostumbra en casos como este, por lo que voy a terminar, no sin antes decir algo que me importa mucho. Quiero, en ocasión de los sesenta años, rendir homenaje a   quien, después de Haydee Santamaría, debe más la Casa de las Américas: la  imprescindible compañera Marcia Leiseca. Y dejo así inaugurada las tareas del Premio Literario Casa de las Américas correspondiente a 2019.

Muchas gracias

La Ventana


Ecuatoriano Raúl Vallejo, jurado en premio Casa de las Américas

El escritor y exministro de Cultura y Patrimonio de Ecuador Raúl Vallejo formará parte del jurado del Premio Casa de las Américas 2019, en el género Poesía, lo cual consideró »un altísimo honor».

‘La historia de la literatura latinoamericana está íntimamente relacionada con el descubrimiento y el reconocimiento de escritoras y escritores que han participado o ganado el Premio Casa de las Américas’, sentenció en entrevista exclusiva con Prensa Latina a propósito de su viaje a Cuba, donde radica la institución.

Al respecto, añadió que ser elegido como parte del tribunal, implica un reconocimiento al trabajo literario que realiza.

En esta ocasión, la segunda que fungirá como jurado, luego de haber evaluado obras en la categoría de Cuento, en 1994, Vallejo dice tener doble motivo para festejar, porque celebra este año 2019, 60 años, al igual que el centro cultural, inaugurado en La Habana, en abril de 1959, lo cual aseguró: ‘es muy importante en términos simbólicos’.

El multigalardonado escritor, acreedor recientemente del Premio Real Academia Española, en su edición correspondiente a 2018, por la novela ‘El Perpetuo Exiliado’, sobre la vida del expresidente José María Velasco Ibarra, señaló además que lo unen fuertes lazos a la Casa de las Américas.

‘Pertenezco a una generación de hacedores de la literatura del continente que se fue conociendo alrededor de las actividades de la Casa’, precisó.

Según comentó, en 1983, participó en el Primer Encuentro de Escritores y Artistas menores de 30 años, organizado por el ente, que ahora continúa bajo el nombre de ‘Casa Tomada’ y su relación continuó con la publicación de trabajos, durante varios años, en la revista de la institución, así como mediante su designación como jurado, en 1994.

En esa misma línea, destacó como pese al aislamiento al que Estados Unidos ha pretendido someter por décadas a Cuba, mediante un bloqueo económico, financiero y comercial, la instancia cultural siempre encontró canales no convencionales de difusión del arte y la literatura del continente americano.

Tema de obligada conversación fue el Premio José Lezama Lima de Poesía, que le concedió la institución cultural en su edición 2017, por el libro ‘Mística del Tabernario’, a juicio de críticos literarios una obra en la cual se confirma como una de las presencias imprescindibles en ese género, en la Latinoamérica actual.

Desde su perspectiva, ese laurel constituye uno de los reconocimientos más significativos de su vida literaria.

‘Para mí, fue motivo de una enorme satisfacción, ya que no se trata de un concurso al que uno envía la obra, sino del reconocimiento mayor de Casa de las Américas a un libro en particular, en el marco del conjunto de la obra de un autor de nuestra América’, aseveró.

En términos generales, advirtió que la lectura de literatura le permite a cada persona un momento placentero con su ser más íntimo.

‘Al mismo tiempo, contribuye a que tengamos una visión más profunda de la condición humana y una actitud de mayor empatía con el prójimo; una mirada crítica sobre la compleja realidad social y puede movernos a una actitud política de solidaridad, y también de acción militante, en pos de la justicia, la equidad y los derechos humanos’, concluyó.

Junto a él, formarán parte del jurado de Poesía Aurea María Sotomayor, de Puerto Rico, y Soleida Ríos, de Cuba, quienes cumplirán la mayor parte del trabajo en la región centro-sur del archipiélago caribeño.

Colateralmente, el intelectual ecuatoriano participará en La Habana en un recital poético junto a sus colegas, previsto el venidero 28 de enero en la Casa de las Américas, así como en un conversatorio sobre su obra narrativa en la sede de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, el miércoles 30 de enero.

Al día siguiente asistirá a la entrega de los Premios Casa, con lo cual pondrá fin a su agenda en el territorio insular.

Para el autor de novelas, poemas, artículos de opinión, cuentos y ensayos, escribir y leer son manías de solitarios, correspondencia de dos extraños que terminan siendo cómplices mediante la intermediación de la palabra.

Parte de su trayectoria literaria incluye el libro de cuentos ‘Pubis Equinoccial’ y la novela ‘Acoso Textual’, ganadores del Premio Nacional Joaquín Gallegos Lara, así como ‘Marilyn en el Caribe’, merecedora del Premio Nacional de Novela Corta Pontificia Universidad Javeriana.

También destacan ‘Crónicas de un mestizo, que le hizo merecer el primer galardón de la VI Bienal de Poesía de Cuenca, 2006, y ‘Bolívar y Manuela. La palabra apasionada de los patriotas amantes’, mención honorífica en la VII edición del Premio Internacional de Ensayo Mariano Picón Salas, 2015.

 

Prensa Latina

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