Rodelinda

Rodelinda: una ópera con dos contratenores en acción

Por primera vez el Teatro Municipal acoge una creación lírica con cantantes en la cuerda más aguda, similar a la que en el siglo XVIII practicaban los llamados “castrati” o “castrados”.

Por Rodrigo González

Entre 1720 y 1730, cuando la fiebre por los intérpretes conocidos como “castrati” llegó a su cumbre, alrededor de 4 mil muchachos al año eran privados de sus testículos en Italia. El futuro que se les prometía era el estrellato y ante tal promisorio devenir una mutilación humillante parecía valer la pena. La alta tesitura vocal y la gran capacidad pulmonar resultantes les daban una fortaleza acrobática en la ópera.

Carlo Broschi (1705-1782), conocido como Farinelli, fue tal vez el más conocido de estos cantantes. Si él estaba en las altas esferas del estrellato (hecho bastante documentado en la película homónima de 1994), el rol de leyenda le correspondió a Senesino (1686-1758), su predecesor, quizás con tanto o más talento que los otros castrati del siglo XVIII.

Fue justamente para Senesino (nacido como Francesco Bernardi) que el compositor alemán Georg Friedrich Händel (1685-1759) creó algunos de los roles más famosos de sus óperas, entre ellos los de Giulio Cesare, Tamerlano y Rodelinda, compuestas una tras otra entre 1724 y 1725. Esta última es la que desde este sábado se ofrece en el Teatro Municipal, que la acoge en calidad de estreno en Chile hasta el lunes 2 de septiembre.

Se trata de una puesta en escena más bien atemporal, aunque con bastantes elementos contemporáneos, del francés Jean Bellorini. La dirección musical es del alemán Philipp Ahmann y el rol de Rodelinda, la afligida reina de Lombardía, le corresponde a la destacada soprano española Sabina Puértolas.

Los roles que antiguamente eran escritos para los castrati son interpretados en nuestra época por contratenores, la tesitura más aguda entre los cantantes masculinos.

En esta trama inspirada lejanamente en una tragedia del dramaturgo francés Pierre Corneille, Grimoaldo (el tenor argentino Santiago Bürgi) usurpa el trono del rey Bertarido (el contratenor español Xavier Sabata) y pretende casarse con Rosalinda. Grimoaldo, a su vez duque de Benevento, es empujado por las maquinaciones de Garibaldo (el bajo chileno Javier Arrey), su infame consejero y duque de Turín.

Entre tanto personaje ruin, trágico y conspirador, brilla como voz de la sensatez el buen Unulfo (el contratenor sudafricano Christopher Ainslie), amigo y consejero de Bertarido, que está en el exilio.

“El argumento de Rodelinda es muy dramático, pues habla de la pérdida y del reencuentro. Mi manera de acercarme a esta historia es humanizarla de la mejor manera posible”, explica el catalán Xavier Sabata (1976), uno de los más destacados contratenores de su generación.

El cantante, un habitual junto a directores del calibre de William Christie, Alan Curtis o René Jacobs, utiliza un término particular para referirse al componente dramático de las óperas de Händel: habla de “herida”. Lo explica así: “ Las óperas de Händel tienen mucha humanidad, mucha ‘herida’, que es como a mí me gusta llamarlas.”.

Actor antes de dedicarse al canto lírico, Xavier Sabata ha buceado en la vida de Senesino, para quien Händel creó 16 roles en diferentes óperas.

“Por lo que he investigado, me parece que Senesino tenía una capacidad vocal similar a la mía y también poseía un gran interés en la actuación y el teatro. En ese sentido, hay muchos puntos en común”, reflexiona Sabata, quien también tiene un tiempo para hablar de los castrati.

Antes que nada, quiere referirse a ciertas “falsas historias” o leyendas. “Hay que desmitificar algunas cosas. Por ejemplo, no todos los castrados eran estrellas. En su época de esplendor, en el siglo XVII, sólo en Italia había alrededor de 20 mil, de los que quizás sólo seis o siete tenían el rango de superestrella del canto. El propio Senesino tenía dos hermanos que eran castrados y que nunca pudieron hacer carrera”, explica Sabata.

Eso sí, les otorga un lugar de importancia incomparable en la música. “Los castrati fueron una suerte de tecnología musical del período barroco. Quiero decir que sin ellos, la música de esta época no habría evolucionado de la forma en que la conocemos ahora. Hicieron posible, de cierta manera, esta música”, dice, no sin antes enfatizar que eso no los privó de ser una “aberración biológica”.

De la misma forma que Bertarido, su consejero Unulfo también fue interpretado originalmente por un castrato. Aquel rol es cantado en Chile por el contratenor sudafricano Christopher Ainslie, quien también deja en claro los malentendido sobre su tesitura de voz.

Uno de ellos tiene que ver con que los contratenores no juegan en términos vocales en la misma liga que los castrati de los siglos XVII y XVIII. “Para los contratenores, es difícil cumplir con ciertas exigencias que sí lograban los castrati en su momento. Son voces definitivamente diferentes”, explica Ainslie. “Tenemos distintas fortalezas y debilidades. Hay muchos pasajes donde los castrati lograban su mayor lucimiento, en la parte más alta de su voz, que no es donde nosotros tenemos nuestro punto fuerte”, recalca el músico.

La Tercera

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