Del Bocaisapo al infinito

Cayo Salamanca, el ‘hermano mayor’ del Bocaisapo parte a la eternidad

En la caverna del Bocaisapo, el antiguo centro bohemio paceño, la concertina en manos del músico Cayo Salamanca cobraba vida como un “gusano metálico”, mientras el público cantaba con él la cueca ‘Soledad», de Simeón Roncal. Salamanca, el administrador del mítico local, ha fallecido.

Cayo Lucio Salamanca, nacido en Cochabamba, pero radicado hace más de 30 años en La Paz, murió el martes en su vivienda de la zona de Ovejuyo. El artista, que a fines de los años 70 tocaba los vientos en el grupo musical Kanata, estaba enfermo, un cuadro que empeoró en los últimos meses. A fines de 2019, sus amigos organizaron veladas en La Trovería para ayudarlo, pero el incombustible artista de unos 75 años no pudo resistir más, según escuetos informes de sus amigos.

Cayito

Cayito, como lo conocían, fue el creador en los años 90 del local y refugio de poetas AveSol en la calle Goithia, del centro paceño, y en 1997 abrió el Bocaisapo, en la calle Jaén e Indaburo, que cerró después de 20 años en 2017.

“Después del cierre del AveSol yo fui una de las primeras damas que entró (en 1997) al Bocaisapo y recuerdo como el Cayo me recibió y me dijo: ‘Estás muy joven para entrar. Esto es una caverna, un lugar para bohemios, no sé si eres plebeya o del rubro (bohemios)’ Eso jamás olvidaré”, recuerda Danna Lema, una visitante nocturna del Boca que creó Salamanca.

El músico, artista en el repujado de cuero y apasionado de los tejidos andinos, compró un sapo/sapa de piedra en la calle Santa Cruz a la que le hizo un altar en el Bocaisapo a metros de la calle de la Cruz Verde, desde donde cada 7 de febrero salía en procesión a los hombros de quienes después formaron la cofradía de los “bocaisapienses”. Mientras, escritores de la talla de Víctor Hugo Viscarra, Jorge Campero, Humberto Quino y Virginia Ayllón, entre otros, acompañaban el crecimiento del centro artístico musical como uno de los más importantes de la bohemia paceña y boliviana.

La ‘gira de la sapa’

“Cayo ideó la salida de la sapa, una gira poética de la gran sapa (por inmediaciones de la calle Jaén), que salía a saludar su presencia a los que viven afuera; por eso Cayo para mí fue gran maestro del entrelineado de la noche. Era un poeta, poeta”, relata el poeta y trovador Alejandro Canedo, uno de los miembros de la cofradía que formó Salamanca alrededor del sapo/sapa de piedra a la que él nunca le hacía faltar su coquita y sus cigarros.

Pese al cierre del Bocaispo, Salamanca acompañó hasta febrero de este año la salida de la piedra que ahora tiene otro altar en La Trovería.

“Esta vez no se te escondió la Luna. Despejada y serena lanzó sus brazos salientes para llevarte envuelto en acordes de humos, abrazos y versos. Juntos varios volveremos a escoger las hojitas de coca para preparar la mesita al cosmos”, escribió Lema.

Debido a la cuarentena contra el COVID-19, sus amigos solicitan a quienes conocieron a Salamanca, y para atender los servicios funerarios así como el traslado de su hijo Manuel desde Santa Cruz, ayudar económicamente con aportes a la cuenta del Banco Mercantil Santa Cruz: 4061246932, de Francisco Manuel Salamanca Linares, con carnet de identidad 3728667, Cochabamba, según informó Canedo.

Paz en la tumba de Salamanca, el amigo noctámbulo, “el sapo mayor” de la bohemia paceña. (08/05/2020)

La Razón

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