La escritora chilena Carla Guelfenbein ganó el Premio Alfaguara por su novela «Contigo en la distancia»

Ganar este galardón es “como un sueño” para Guelfenbein (Santiago de Chile, 1959). “Es un salto importante para un escritor” por la difusión que tiene luego el libro en todos los países hispanohablantes.
Se enteró de la noticia cuando la llamó el presidente de jurado, Javier Cercas, a las seis de la mañana, hora chilena, y ella estaba dormida. Fue su hija la que recibió la llamada y, dado el asunto, la despertó de inmediato
Guelfenbein habló con todos los miembros del jurado y se puso “muy contenta” cuando le dijeron que la decisión se adoptó por unanimidad. Y eso que entre los 707 originales presentados había también otras novelas “muy buenas”. La competencia fue “muy dura”, le comentaron.
La librera Concha Quirós le aseguró que su novela, “además de ser una historia potente, le iba a gustar a la gente”, algo que a Carla Guelfenbein le interesa “mucho: poder llegar al lector”.
Javier Cercas leyó el acta del jurado, en la que se destaca que, en la obra ganadora, “la autora ha sabido entrelazar amores y enigmas con una escritura a la vez compleja y transparente. Tres voces muy bien ensambladas iluminan las zonas oscuras de la mentira y de la verdad, del talento y de la mediocridad, del éxito y del fracaso”.
La novela seleccionada habla “sobre la genialidad, la creatividad y la poesía”. Estructuralmente, “Contigo en la distancia” es una obra “muy compleja”, con varias historias que se entrelazan, dijo Guelfenbein a Efe.
Ocurre en dos tiempos, en los años cincuenta y en la época actual, y “hay cuatro personajes que están unidos por el de Vera Sigall, una escritora de culto”, para la que se ha inspirado “de alguna manera en la brasileña Clarice Lispector”.
Sigall es el apellido de la bisabuela de Guelfenbein, procedente de Ucrania, al igual que Lispector, una autora a la que la ganadora del Premio Alfaguara ha admirado desde siempre. “Hay muchos aspectos de su vida con los que me puedo sentir identificada”, asegura.
En esta novela de tintes policíacos, el lector sabrá desde el comienzo que Vera Sigall ha tenido un accidente y está en coma. Toda la trama gira en torno a la vida de esta escritora, reconstruida por tres personajes adicionales que “van introduciendo a su vez nuevas historias”.
“Es una novela de amor, pero también sobre el talento, la mentira, la imposibilidad de los afectos y la distancia entre los seres humanos”, añade la autora.
En “Contigo en la distancia” se reflexiona sobre la literatura y la creación, pero “no es una obra hermética”. Tiene también “un sesgo policial” porque desde el comienzo del libro se abre una investigación para saber por qué Vera Sigall está en coma.
La presencia femenina de Sigall impregna toda la novela, entre otros motivos porque esa mujer “comete el pecado mortal de ser más inteligente” que el resto de los personajes, subrayó Abad Faciolince, miembro del jurado.
El carácter intimista de la novela ganadora es un rasgo común a otras obras de esta autora que se exilió con su familia en Inglaterra en 1976, tres años después del golpe militar de Augusto Pinochet, donde estudió Biología y Diseño.
Guelfenbein comenzó a escribir desde niña y fue también una gran lectora. Su madre, “una filósofa de mentalidad práctica”, le inculcó que trabajase en algo que la hiciera “independiente económicamente”.
Y por eso, trabajó durante años como diseñadora gráfica, al tiempo que no abandonaba la literatura.
Hace quince años decidió dedicarse solo a escribir. “Contigo en la distancia” es su quinta novela, tras “El revés del alma” (2003), “La mujer de mi vida” (2006), “El resto es silencio” (2009) y “Nadar desnudas”

El Mostrador

Ganó el Premio Alfaguara con una novela donde «contaba mi historia, sin darme cuenta»

Abrumada pero feliz por la cantidad de periodistas de toda Iberoamérica que la llamaron a lo largo del día, la narradora chilena Carla Guelfenbein empezó ayer a disfrutar su flamante Premio Alfaguara, dotado con 175.000 dólares. Su novela Contigo en la distancia -así con título de bolero caribeño- que se le encendió luego de un viaje a Cuba, fue votada por unanimidad por el jurado que presidió el escritor español Javier Cercas.
Brevemente: la novela cuenta la historia de una joven estudiante francesa de origen chileno que llega a Santiago de Chile para elaborar una tesis sobre Vera Sigall, una escritora esquiva que sufre un accidente y queda en coma. La búsqueda de la verdad sobre esa situación arrastrará a Emilia a una investigación policial que va develando aspectos recónditos de los personajes que intervienen.
Anoche, desde su casa en Santiago de Chile, agradece el llamado de Clarín con una disculpa “estoy un poco tontona con tantas entrevistas”, y comparte su definición sobre la literatura: “Creo que la vida transcurre muchas veces sin ser contada, que el ser humano no tiene conciencia de todo lo que ocurre. Ponerla en palabras le da existencia real. La literatura es un espejo de la realidad. Sólo cuando narramos la vida empezamos a percibirla con otra conciencia”.
A las seis de la mañana, hora de Chile, Cercas le anunció la buena nueva. Y desde entonces no paró de sonreír todo el día. Apenas si ha probado bocado.

-Después de cinco novelas y un premio literario tan importante, cuál es la obsesión que atraviesa su obra?
-Es mi interés en la intimidad de los seres humanos, qué pasa en sus cabezas, en lo más profundo de ellos, por eso me importa tanto meterme en la intimidad de los personajes y escribir de adentro hacia afuera. Han pasado 13 años desde mi primera novela y he madurado como narradora. Hoy mi preocupación está puesta en la precisión de la prosa. Cuando tengo la novela escrita, la leo en voz alta para escuchar cómo suenan las palabras, unas junto a las otras. Es como si se crearan canciones en mi cabeza.
-¿En qué momento se dio cuenta que esta novela era también autobiográfica en alguna medida?
-Me crucé con una mujer que había compartido la detención con mi madre (Elida Dobry estuvo desaparecida durante tres semanas durante la dictadura de Pinochet. La familia  se exilió luego en el Reino Unido).Mi madre nunca contó lo que había pasado ni si la habían torturado. Murió a los 43 años sin decirlo. Aquel episodio del encuentro me permitió hacer un clic y entender que en mi novela estaba contando también mi historia, sin darme cuenta. El personaje de Vera Sigall está inspirado en Clarice Lispector, que tiene una historia con aspectos muy similares a mi biografía familiar. Su literatura es una gran influencia para mí. La he leído desde niña.
-¿Cómo cree que se profundizará la relación con sus lectores a partir de esta novela en parte autobiográfica?
-Tengo claro que me leen más mujeres que hombres, pero no escribo sólo para mujeres, porque me gusta hacerlo sobre la naturaleza humana. Pero también tengo hombres lectores y lo sé por quienes me siguen en Facebook y Twitter. No me siento más sabia que mis lectores, me gusta estar en una situación de paridad. Mis encuentros con ellos son conversaciones sobre la vida. Prefiero sentarme en el suelo a subirme a un estrado. No quiero darles ningún mensaje porque no tengo soluciones. Sólo soy una gran observadora que trasvasa esas observaciones a las palabras. Creo que las mujeres y los hombres escribimos de manera distinta. Nosotras lo hacemos también con el cuerpo. En tal caso el escritor es un observador agudo del mundo.

En pareja con el escritor y economista Sebastián Edwards, un apellido reconocido en el mundo cultural trasandino, Guelfenbein es una escritora de trayectoria. Contigo en la distancia se abrió paso entre 707 originales recibidos, de los cuales 320 fueron de España y el resto de México (106), de Argentina (102), de Colombia (77), Estados Unidos (41), Perú (32), chile (20) y Uruguay (nueve).
El jurado estuvo integrado por Héctor Abad Faciolince, Ernesto Franco, Berna González Harbour, Concha Quriós y Pilar Reyes, quienes coincidieron que los grandes personajes de esta novela son “la genialidad y la imaginación”. “Mi trabajo más ambicioso fue la construcción de los personajes”, dijo Guelfenbein ayer al mediodía desde la sede del Grupo Penguin Random House Mondadori, al que pertenece a Alfaguara. La escuchaban periodistas de España, Argentina, Chile y México. La autora lo dejó claro hoy en videoconferencia: “Esta no es una novela histórica ni feminista ni ideológica. Esta es una novela de personajes”.

Clarín

 

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