La poesía como expresión de vitalidad

Adultos mayores comparten su poesía

Desde hace cuatro años Elías Bonilla decidió ser poeta. Dice que siempre sintió “esa curiosidad de experimentar con las palabras”, pero fue hasta que se jubiló, después de trabajar por años como contador público, que se arriesgó a escribir poesía.

“Oh musas/no sé si las busqué o me buscaron/ más no sé si las encontré o me encontraron/ lo importante es que están aquí y se quedaron”, recitó este señor de 64 años en Granada.
No fue el único. Un grupo de más de 30 ancianitos del Círculo Literario del Adulto Mayor (CLAM) compartieron en la Plaza de los Leones de la ciudad colonial durante el micrófono abierto del Festival Internacional de Poesía de Granada.
Cuenta que cuando se jubiló por fin tuvo tiempo para probar escribir poesía, que es la cuarta vez que visita el festival y que el primer año sintió muchos nervios porque era “un poeta novato”.
Hasta la fecha ha escrito 65 poemas que reunirá alguna vez en un gran poemario y forma parte desde los inicios del CLAM, cuando empezaron reuniéndose 12 adultos mayores cada jueves y del que ahora forman parte más de 50.
“Empezamos escribiendo sobre la vieja Managua nuestros recuerdos de esa ciudad antes de ser destruida por el terremoto de 1972 y después empezamos a escribir poemas”, recuerda.

Poesía a la vejez

Uno de los ancianitos que se animó a compartir sus poemas es don Ignacio Iglesias Turcios, de 81 años, quien dice que su poesía es “sencilla y para el pueblo”. Este señor granadino que dedicó toda su vida a su esposa, sus ocho hijos y a los estudiantes de primaria que les impartió matemáticas, escribe desde hace unos 25 años y tiene una colección en un pequeño cuaderno de 130 poemas. Explica que por las noches es cuando suele llegarle la inspiración para escribir y que ha participado en las jornadas de micrófono abierto leyendo sus poemas en las ahora once ediciones del Festival Internacional de Poesía de Granada. Iglesias Turcios comenta que la primera vez que leyó sus poemas en público sintió pánico y temor de no recibir la aceptación de las personas que lo escuchaban, pero cuando lo aplaudieron “muchísimo y se acercaron a abrazarme felicitándome me sentí feliz”.

Poeta de la calle

Todos los domingos en el parque de Jinotega se reúnen varios poetas a leer sus creaciones. Uno de ellos es José Domingo Medrano, quien se quedó toda la semana del festival gracias a la ayuda de diversas personas que le permitieron viajar hasta la ciudad colonial. “Muchos patrocinadores que escuchan mis poesías me ayudaron con dinero para venir a quedarme a Granada en un lugar modesto, pero para poder compartir mis poemas”, indica. Desde 1985 empezó a escribir poemas inspirados en la belleza universal “de hombres y mujeres”, porque “hay que reconocer que somos criaturas hechas por un ser supremo y asombrarnos de estar aquí en este mundo”.

También subieron a leer sus poemas mujeres. Una de ellas fue Lilliam Jirón Rivas, originaria de Santa Teresa, Carazo, que desde 1963 empezó a escribir cuentos y diez años después probó con los poemas. En 1977 publicó un pequeño poemario titulado “Para detener el tiempo” y en el 2013 el CLAM le ha publicado poemas en el “Cuaderno literario”, una publicación de los adultos mayores en la que comparten sus trabajos. “La sombra que me persigue/es la del olvido/necia, destructora/evita la memoria/borra lo primero/y se colma de pretéritas historias”, es uno de los versos que ha creado.
A sus 79 años insiste en que se siente realizada escribiendo y participó por segundo año consecutivo en el festival leyendo en esta ocasión un poema dedicado a la poetisa costarricense Eunice Odio, en memoria de quien también se dedicó el Festival Internacional de Poesía de Granada este año.

Lo llevan en el alma

En la lectura de poesía de adultos mayores también participó David Lavra, un estadounidense que reside en Tailandia, quien viajó a La Gran Sultana en agosto de 2006 y cuando le contaron de que en esta ciudad se realizaba un Festival Poético cada febrero esperaba ansioso poder participar.  “Tenía muchas ganas de venir a Nicaragua para conocer poetas y poder compartir mis poemas, porque desde que estuve aquí la primera vez me di cuenta que las personas de este país llevan en el alma lo poético”, recuerda.
También algunos jóvenes se acercaban a escuchar a los ancianitos para “aprender” y compartir sus creaciones. Assad Estrada tiene 19 años y estudia Geografía en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y recuerda que desde que estaba en la escuela primaria le gustaba recitar. “Empecé recitando poemas de Alfonso Cortés y después me fui animando a escribir poemas, porque es algo que me encanta y trato de despertar sentimientos en quienes me escuchan o leen”, expresa.

 Publicado el 21/02/15 en El Nuevo Diario

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