La Representación Haitiana en la producción cultural Dominicana

En Contexto
Por resolución de Naciones Unidas del 4 de diciembre de 2000, el 18 de diciembre ha sido proclamado como el Día Internacional del Migrante. En la resolución se expresa que tal declaración se hace teniendo en cuenta el número elevado y cada vez mayor de migrantes que existe en el mundo y considerando la necesidad de asegurar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los migrantes.
En contexto: El 17 de junio concluyó en República Dominicana el Plan Nacional de Regularización en el que sólo pudieron inscribirse 288.500 personas, es decir, el 55% del número estimado de inmigrantes (en su mayoría haitianos). Comenzó así un proceso de deportación masiva que viene siendo repudiado por diversas organizaciones y líderes regionales

Contrastando a Joaquín Balaguer y David Pérez Karmadavis en la representación de una identidad nacional dominicana.

Ronaldo G. John

Introducción

“Yo quiero que si por ser haitiana y le he fallado al pueblo dominicano, que me perdone, que me perdonen por ser haitiana [mientras llora]. Por mi papá traerme pa’ aca, que nos perdonen. Perdónanos por venir para ‘ca. Por nacer aquí, que nos perdonen. Al presidente de la junta que nos perdone por nacer aquí, al presidente de la República Dominicana, que nos perdone, al secretario, a que trabaja al tesorero de la junta que nos perdonen, que nos perdonen… por nacer aquí en este país.” (Palabras de María José)

La ley TC0168/13, que estuvo en el centro de la discusión en el año 2013 en la República Dominicana, puso al revés la vida de miles de haitianos. La ley estipula que todos los haitianos nacidos en la República Dominicana desde el año 1929 sin tener por lo menos un padre de sangre dominicana están destituidos de su ciudadanía. Alrededor de 210,000 personas han sido puestas en peligro por esta nueva ley. Esta ley pone la luz sobre la relación entre los dos países y por consecuencia ha vuelto a traer el debate del problema de la identidad nacional dominicana al centro de la discusión política actual.

Después de ver la entrevista de María José, esa cuestión de los haitianos en la República Dominicana surgió como área de interés y de investigación en más profundidad. Esta tesis se propone analizar la representación de los haitianos o descendentes de raíces haitianos en la República Dominicana. A pesar de cualquier crimen cometido contra el estado, destituir a alguien de su ciudadanía es algo inaudito hasta la aprobación de la ley TC0168/13 en la República Dominicana. Personas como María José, han sido destituidas de su ciudadanía con la promulgación de esta ley, pero han sido históricamente excluidas del proyecto nacional dominicano. La característica diferenciable de los dominicanos es su “dominicanidad”, su orgullo de ser una población mestiza donde las razas india y blanca son celebradas, pero la influencia negra, se ve como una “maldición”.

El discurso sobre la identidad nacional dominicana se construye a partir de la exclusión de la influencia africana en la formación racial y cultural del país, representando a los negros como una gente “inmoral y bárbara” según el discurso oficial de la República Dominicana. Desde la invasión haitiana en la República Dominicana en el año 1822, que duró hasta el año 1844, el sentimiento antihaitiano ha estado presente entre la población dominicana y hasta hoy en día, este sentimiento todavía está presente. La noción de “dominicanidad” se basa en la celebración de la identidad de los colonizadores españoles y los indios que vivían en la isla antes de la llegada de los españoles. La veneración de ser una nación blanca o mestiza (indio y blanco) y también católica es la base de la identidad dominicana, una identidad que ha borrado la presencia africana que dominó la isla de Hispaniola durante la era de esclavitud en las plantaciones azucareras. El mestizaje, que domina la población de Santo Domingo, solamente hace referencia a las uniones raciales donde el negro no forma parte. El olvido del negro como un factor contribuyente al grupo mulato, el grupo racial más grande de la República Dominicana, refleja la creación de la “dominicanidad”, una nueva identidad dominicana que se distingue de sus vecinos, los haitianos. Hay que señalar que este concepto de “dominicanidad” como representativo de la identidad nacional es algo que Richard Alba clasificaría como una construcción simbólica. Karen Cerulo en su artículo Identity Construction: New Issues, New Directions cita a Alba y su definición de una identidad simbólica. Según él, “… ethnic identity is no longer anchored in strongly ethnic social structures. Alba presenta la etnicidad como una entidad simbolica “concerned with the symbols of ethnic cultures rather than with the cultures themselves” (Cerulo, 389) La identidad dominicana se forma en oposición a los haitianos, a una identidad negra, a una “inmoralidad” que se queda al otro lado de la frontera. Hay que entender que toda identidad nacional sigue el mismo proceso, se construye con base en la noción de diferencia en el sentido de que hay necesidad de una creación del “otro” que permite la afirmación del “uno” que, en el caso de la República Dominicana es la dominicanidad. Los gobiernos dominicanos, en un intento de quitar la “impureza” de su país, lo negro, han ejecutado muchos actos ambos pasivos y violentos para sacar a los haitianos de la República Dominicana. Esta veneración de parte del pueblo dominicano es lo que presenta Cerulo en su texto. La posibilidad de tener una identidad o factores para identificarse con la cultura española, blanca y católica, son lo más importantes para los dominicanos y su “dominicanidad”. Por eso, la ley recientemente aprobada puede ser vista como otro intento de cumplir con la “limpieza” del país de los negros “inmorales y bárbaros” de Haití. Esta ley no solamente destituye a muchos individuos de la ciudadanía que sino pone al centro de la discusión el racismo y antihaitianismo que todavía existe en la República Dominicana, y también la falacia en la que está basado el discurso sobre la identidad nacional dominicana.

Por eso, esta tesis propone investigar y analizar las representaciones de los haitianos en la producción cultural de la República Dominicana en los siglos XX y XXI. La Isla al Revés (1983), de Joaquín Balaguer provee una puerta de entrada a este asunto con respecto a la noción dominante de identidad dominicana y la importancia de preservar la ‘dominicanidad’ dentro del discurso oficial. En contraste, el artista David Pérez en su series de fotos de Performance Action, (2004-2010) aborda de una manera diferente los retos entre los dominicanos y los haitianos, y que contraria el discurso oficial. Como Madre Teresa ha dicho, “Si no tenemos paz, es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro, que ese hombre, esa mujer, esa criatura, es mi hermano o mi hermana”.

De acuerdo al discurso dominante, los dominicanos son de todas razas, menos la raza negra. Fernanda Bustamante dice en su artículo que la ley TC0168/13 que tomó efecto en la República Dominicana en el año 2013, es una manera de preservar la “raza dominicana”, y no cabe en la definición de la “dominicanidad” ningún lugar para la raza negra. Ella dice, “La negrofobia, el antihaitianismo e hispanofilia, como ejes del discurso colonial y como (parte medular de la gesta independentista) fueron exacerbados durante la dictadura de Leónidas Trujillo (de 1930 a 1961)… Tras su muerte, Joaquín Balaguer, en sus diferentes gobiernos retomó el (problema del haitiano imperialista) y reforzó las políticas para preservar este carácter nacional y así evitar ‘la desintegración moral’ y ‘la decadencia de la raza’ de la sociedad dominicana” (Bustamante, 130). El futuro de la República Dominicana será determinado por sus éxitos en mantenerse separados de sus vecinos a través la creación de un “otro”. Mientras Balaguer exprime el sentimiento antihaitiano para evitar la desintegración de la “pureza” de la identidad dominicana, o sea la “blancura” de la sociedad, Pérez demuestra que la unidad es necesaria para el bienestar de los dos países.

Las medidas tomadas para la conservación de la identidad dominicana son innumerables y están vinculadas a las tensiones que existían y siguen existiendo entre las dos repúblicas. Después de haber conquistado su independencia de Francia en el año 1804, el nuevo país, Haití, ahora independiente, quería tomar las medidas necesarias para asegurar la soberanía sobre toda la isla. Eso significa que Santo Domingo ahora estaría bajo la protección de Haití. En las primeras constituciones de Haití, el líder Toussaint Louverture adopta un principio general que consagra la indivisibilidad política de la isla. “En algunas de estas Constituciones, como ocurre con la de 1816 y otras posteriores, el principio se disfraza bajo una formula nueva: La República de Haití es una e indivisible” (Balaguer, 11). Sin embargo, como muchos otros países, esa idea de unificación de los dos lados de la isla fue un avance imperialista disfrazado como un acto de protección según la opinión de Balaguer. La dominación de Haití sobre la República Dominicana durante los años 1822 hasta 1844, fue según Balaguer, una cuestión de proteger las naciones de invasores extranjeros. Afirma él “los gobernantes haitianos que se empeñaron en unificar las dos partes de la isla, fundaron esa pretensión antes que en motivaciones raciales, como muchos han pretendido, en razones principalmente de seguridad” (Balaguer, 12). Desde el punto de vista del discurso oficial dominicano por lo tanto, fueron los haitianos, los que trajeron a colocación la cuestión de raza en la República Dominicana, al tratar de incorporarla en su doctrina de un país negro e independiente. Para Balaguer, el “problema” de la raza es un problema haitiano. Un problema que es de verdad un problema dominicano porque los haitianos “contaminan” la identidad dominicana, que pretende ser de una gente “blanca/mestiza y católica”, negando su identidad negra porque los negros son “inmorales” y ellos como dominicanos “blancos y católicos” deben proteger la “pureza” de la raza y de su identidad nacional. Su justificación queda en la defensa de la nación dominicana, en la defensa de su “identidad nacional” como país blanco y español, todo esto en contra de la invasión haitiana que habría podido provocar un cambio en la identidad de los dominicanos hasta una sociedad negra. La indivisibilidad de la que habla Louverture ha sido tomada como una misión imperialista y como una “amenaza” a la “integridad racial y nacional” de la República Dominicana, una integridad que de verdad no existe. La ficción de una nación “blanca y católica” en cuanto a la identidad dominicana que dicta el discurso oficial no puede ser cuando la mayoría de la población es negra o mulata. Así que, el “problema” de la raza es un problema de parte de los dominicanos que está arraigado en la negación de la huella africana que es muy evidente en su población. Es a causa de la negación de la raza negra que este sentimiento antihaitiano sigue siendo problemático hasta la actualidad.

Así, la identidad nacional dominicana está construida sobre la negrofobia. Homi Bhabha en su texto, “Nación y Narración” investiga la creación y representación de una identidad nacional. Según él, la identidad nacional es siempre hibrida, inestable y ambivalente. Esa identidad “negotiates between private interests and public significance given to those interests. This ambivalence means that the nation inevitably excludes certain interests even as it attempts to incorporate them” (Bhabha, 148). Esta idea de “dominicanidad”, no lleva una respuesta correcta a causa de la construcción de una identidad en todos casos. Lo que sabemos sobre esa teoría destacada por Homi Bhabha es que la identidad africana transcurre a ser lo ambivalente en la sociedad dominicana. El africano es la parte de la identidad dominicana negociada por los intereses privados, representados por la clase dominante, y llegó a ser necesario quitar esa identidad de la historia y cultura de este país. Así la mejor manera de llevar a cabo este acto es condenar públicamente esa raza; lo cual ha llevado a la humillación de los haitianos en los productos culturales dominicanos. Para asociarse como verdaderos “blancos y españoles”, los dominicanos tienen que negar la identidad negra que corre en la venas de casi toda la población. Entonces, con la negación de su raíz negra, el dominicano puede asimilarse a la identidad del colonizador, blanco y católico.

La matanza de casi todos los blancos en la República de Haití, donde en todo caso no había muchos, generó una ola de miedo en el Caribe, especialmente entre los dominicanos. Por eso, se entiende que la negrofobia que se ve expresada es una reacción del discurso oficial. Además, ese miedo está vinculado a la percepción de que los haitianos, para los dominicanos, eran “bárbaros”. Balaguer describe el sentimiento de asco hacia los haitianos utilizando las palabras de Price Mars que los describe como, “un sentimiento instintivo de antipatía hacia Haití, producto sin duda de las atrocidades cometidas por Toussaint Louverture y Dessalines en 1801 y 1806… de que nuestros vecinos [los haitianos] constituían una raza inferior, no apta por su precario grado de civilización y la supuesta barbarie de sus costumbres para una unión no sólo política sino también moral entre las dos sociedad” (Balaguer, 24). Se utiliza la noción de la moralidad para marcar la diferencia entre la supuesta “inmoralidad” de los haitianos, cuyas costumbres son intensamente marcadas por la herencia africana. La “inmoralidad” de los haitianos es producto de su origen africano, una contrapartida a la “moralidad” de los dominicanos. Otra vez, la negación de una identidad negra de parte de los dominicanos conlleva a una negación de esa supuesta “inmoralidad” que afectara la “moralidad y pureza” de ser un país español que quieren preservar los dominicanos. De esa manera, se construye una identidad que quita “lo africano” de su identidad nacional que por consecuencia, preserva la identidad y “moralidad” de los dominicanos. La negación del pasado de parte de los dominicanos ha problematizado su relación con la población haitiana. La palabra “sankofa” de origen Akan, una tribu africana, significa que hay que regresar al pasado para averiguar de dónde se viene y para que se entienda mejor adónde va en el futuro. El significado de esa palabra según la Universidad de Illinois, Departamento de Estudios Africanos, es, ‘Sankofa’ teaches us that we must go back to our roots in order to move forward. That is, we should reach back and gather the best of what our past has to teach us, so that we can achieve our full potential as we move forward. Whatever we have lost, forgotten, forgone, or been stripped of can be reclaimed, revived, preserved, and perpetuated.” Así, la negación del pasado, la negación de ser descendientes de africanos está debilitando la relación que puede existir entre la República Dominicana y Haití. El mantenimiento de un “statu quo” falsificado por la clase dominante que promueve una identidad blanca y de cualquier otra identidad pero niega “lo negro” fue y sigue siendo una prioridad de alta importancia para los dominicanos. El terremoto de 2010 que destruyó Haití y provocó el desalojamiento de millones de haitianos ha exacerbado ese discurso oficial con respecto a la “dominicanidad” y la negrofobia expresado en las producciones culturales a causa de este discurso.

En el capítulo, “Víctimas por causa de la piel” utilizo el texto de Balaguer para analizar la representación de los haitianos en el pasado y cómo esta imagen negativa de esta gente sigue informando el prejuicio en contra de esa población. Las imágenes del siglo XXI de tiras cómicas sacadas de un diario nacional de la República Dominicana que surgen casi inmediatamente después del terremoto del año 2010 en Haití estereotipando los haitianos atestan que la discriminación entre los dos países se provoca no solamente desde arriba sino de la cultura popular también, otra vez, fundándose en la filosofía dominicana de mantener la pureza “autóctona” del país. La idea del establecimiento de una identidad nacional según las ideas de Homi Bhabha, y como Balaguer explica en su texto el “problema” entre los países señala como los líderes del país influyen en la cultura e identidad nacional. En el capítulo, “Que vivamos en fraternidad”, analizo las fotos de David Pérez, Performance Action que emiten una nueva interpretación de la idea de fraternidad y convivencia entre los dominicanos y los haitianos independiente de la raza.

En este capítulo, intitulado, “Que vivamos en paz”, el mensaje evocado a través de esas imágenes contrasta con la representación de los haitianos que hay durante la época de Balaguer o Trujillo. Además, las contrastaciones entre las representaciones demuestran el reto en cuestión de la identidad que tienen los dominicanos. Walter Benjamín proclama que con la reproducción mecánica de una imagen su valor de culto disminuye y el aura también. Para Benjamín el valor de culto y el poder que poseen un objeto, espacio, u obra de arte tienen la capacidad de cambiar dependiendo del conocimiento del individuo. “Even the most perfect reproduction of a work of art is lacking in one element: its presence in time and space, its unique existence at the place where it happens to be. This unique existence of the work of art determined the history to which it was subject throughout the time of its existence.” Así, según la teoría de Benjamín, el poder del arte ha disminuido hasta cierto punto, ahora no lleva el mismo aura que el original y esto es producto de la reproducción mecánica, que le quita el poder estético de la originalidad a una obra de arte. La temporalidad para Benjamín es importante y esto es lo que Pérez intenta recrear con sus fotos. En el caso de las imágenes de Pérez, en vez de ver una depreciación en esos productos, hay una sensibilización del público en cuanto a la “dominicanidad” y como esta necesidad de proteger la identidad nacional de los dominicanos está creando una vida de miseria para los haitianos por destituírselos de su ciudadanía y las atrocidades de las tiras cómicas colocadas en un diario nacional. La recreación del espacio captura la atención del espectador y provoca un tipo de refleja.

A través la sensibilización de las imágenes siguientes, el público puede al fin, construir su propia conclusión con respecto a la identidad dominicana y como la identidad nacional puede provocar el aislamiento de un grupo entero. La producción cultural dominicana debido al discurso oficial, ha creado un camino riguroso en cuanto a la relación entre estas dos islas. La yuxtaposición de las imágenes es representativa de la situación polémica entre los dos países y la dificultad de llegar a un entendimiento si esta “dominicanidad” es todo lo que sepa la población. Así que, las imágenes de Pérez empiezan la desmintiera del discurso oficial de la identidad nacional dominicana.

Capítulo 1: Víctimas por causa de la piel

El antihaitianismo que ha existido en la República Dominicana desde la invasión haitiana ha evolucionado por el miedo de parte de los dominicanos de un dominio de su país por su vecino. Según Balaguer, la invasión haitiana en la República Dominicana durante los años 1822 hasta 1844, fue no solamente un intento de preservar la soberanía de los dos países de los poderes extranjeros. Él dice que la corrupción que los haitianos han traído a esa población “blanca y sagrada” que se conoce como la República Dominicana debe ser resuelta inmediatamente. Entonces, la “pureza” de la República Dominicana en esa época dependía entonces y ahora de la expulsión de los haitianos del país. El terremoto de 2010, ha provocado el resurgimiento de este sentimiento anti-haitiano que se emite a través de la producción cultural dominicana reciente. En primer lugar, hay que mencionar el acto espantoso más conocido en cuestión de la “liberación” de La República Dominicana de la influencia negra, y ese es la masacre del año 1937 dirigido por el gobierno de Trujillo. La matanza de miles y miles de haitianos en el Rio Masacre aquel año fue sin lugar a dudas, uno de los intentos por parte de la sociedad dominicana de “salvar” la “moralidad” que les hace españoles y blancos. La moralidad de que habla Balaguer es cuestionable porque toda identidad nacional es “falsa”, es decir que para crear una identidad, hay que distinguirse del “otro” entonces este factor excluyente en cuanto a una identidad nación está siempre presente. Además, el uso de la “moralidad” puede ser visto como una estrategia de parte de Balaguer y el discurso oficial de disfrazar el verdadero problema y este se trata de la raza negra. Se niega su raíz negra para asumir una identidad de que no son de verdad. Joaquín Balaguer fue uno de los presidentes dominicanos que apoyó las creencias de Trujillo con respecto a la protección del país de un dominio africano. En su texto, La Isla al Revés, Balaguer expone un sentimiento anti haitiano a veces disfrazado pero lo que queda claro es el mensaje que los dominicanos y quien ellos son no tiene nada que ver con los haitianos y por eso no los quieren en la República Dominicana por miedo de una contaminación de la “pureza” de este país “español y blanco” como dicta el discurso oficial.

Comprender la construcción de la identidad nacional dominicana es necesario para que se entienda bien el significado de algunas tiras cómicas que surgieron en El Listín Diario casi instantáneamente después del terremoto de 2010 en Haití. Las tiras cómicas que se va a analizar fueron sacadas de un diario nacional dominicano que demuestran varias representaciones de cómo el discurso nacional de la República Dominicana en cuanto a la identidad nacional se perpetúa en la producción cultural de este país. Se regresará al tema del terremoto y cómo contribuye para traer a la luz en el presente la animosidad que ya está presente pero por ahora, esa masacre puede ser considerada un mensaje a la población haitiana o para ser más específico un mensaje a la población negra que no se les quiere en la República Dominicana.

Balaguer evoca esto cuando dice,

Lo que Santo Domingo desea es conservar su cultura y sus costumbres como pueblo español e impedir la desintegración de su alma y la perdida de sus rasgos distintivos. Lo único que se necesita para llevar adelante esa empresa de preservación nacional es que ambos pueblos se mantengan dentro de los límites territoriales fijados por el tratado de 1936 y que Haití respete, en consecuencia, las fronteras y renuncie para siempre al viejo propósito de Toussaint Louverture, acogido y practicado luego por Boyer, de extender sobre toda la isla el predominio de la raza africana (Balaguer, 65).

Al mantenerse dentro los límites de la frontera asegura que la raza negra no “se infiltre” en el pueblo dominicano, “contaminando” la “blancura” de este país “hispano y católico”. Los dominicanos pueden llamarse un país “español” si son capaces de negar la presencia africana que es representativa de una “inmoralidad y barbaridad” que corrompe la identidad dominicana como un país de los colonizadores españoles. De esa manera, los dominicanos logran excluir “al otro” para crear “el uno” en la consolidación de una identidad nacional.

Balaguer mismo ha dicho que la influencia de Haití ha sido dañina para su país. Él dice: La influencia de Haití ha tenido también un efecto disgregativo sobre el alma dominicana. La continua afluencia de extranjeros de raza de color, mezclándose constantemente con las clases inferiores de la sociedad que son, como en todas partes, las más susceptibles a todo género de presiones malsanas, ha quebrantado el sentimiento patriótico y el sentimiento de la solidaridad nacional (Balaguer, 48).

Aquí, lo más importante es el miedo de un presidente de que su país sea invadido por una raza que él ve como inferior a la raza dominicana, a la que se refiere como “una identidad blanca y española” o mestiza debido que el negro no forma parte de esta mestizaje que se asume la nación en la creación de su identidad nacional. Balaguer habla del alma de los dominicanos siendo afectada por la presencia de los haitianos en el país, esta amenaza debe ser restringida, debe ser expulsada y esto es lo que hizo Trujillo en 1937 y es lo mismo que la ley de 2013, TC 0168/13 trata de hacer hoy en día. La negación de tener un papel importante en la crisis haitiana esta debida a una violencia diferente que el autor Slavoj Zizek nos presenta en su texto, Violence: Six Sideways Refelections, donde dice que la violencia puede ser simbólica, objetiva y subjetiva. En este caso con los haitianos hablamos de una violencia simbólica, donde el sistema de capitalismo dominicano ha explotado a muchos haitianos y su labor que se ha construido la economía dominicana. Zizek dice, “ Our blindness to the results of systemic violence is perhaps most clearly perceptible in debates about communist crimes” (Zizek, 14). Sin embargo, para los haitianos, el crimen contra esta nación queda en su historia del sistema de esclavitud africana bajo los franceses y después los millones en deudas por pagar a Francia, una nación que les había explotado por muchos anos. Ahora, es el mismo círculo vicioso donde en vez de ser explotados por los franceses, son los dominicanos que hacen la explotación y sobre todo, abusando más, una población ya destituida. La ley TC 0168/13, solamente exacerba esta violencia sistémica, “something like the notorious “dark matter” of physics, the counterpart to an all-too-visible subjective violence. It may be invisible, but it has to be taken into account if one is to make sense of what otherwise seem to be “irrational” explosions of subjective violence” (Zizek, 2) de que habla Zizek en su análisis de mostrar cómo la sociedad puede ser cegada a las otras medidas violentas si no es un acto de violencia más evidente. Las tiras cómicas son una buena representación de la violencia simbólica de que habla Zizek en su artículo.

El sentimiento anti-haitiano evocado a través de las tiras cómicas sacadas del Listín Diario, un diario nacional bajo el gobierno demuestra al público, la influencia de las clases altas en cuestión a la propagación de un sentimiento antihaitiano a través toda la República Dominicana. Utilizo la idea evocada por Junot Díaz en su artículo “Apocalypse: What Disasters Reveal”, que presenta el terremoto como un medio revelador del sentimiento dominicano con respecto a la presencia del “otro” en su país, los haitianos. Es importante mencionar que lo que el terremoto hizo también fue llamar la atención de otros países a esas islas pequeñas del Caribe y de allí, con el surgimiento de las tiras cómicas que uno ve la realidad que estaba allí todo el tiempo. Una realidad de la que no se habrían dado cuenta hasta la destrucción de la máscara y sólo entonces todo el mundo prestará atención a estos dos países. El mundo veía pero no ve realmente los problemas que se enfrenta Haití, un país quebrado por la corrupción, desigualdad económica y social y sobre todo la discriminación racial.

Es entre esas clases donde la necesidad de proteger “el alma del país” (una alma española y católica) es más profunda, es a partir de ellas, que la masa dominicana sigue perpetuando la animosidad hacia los haitianos. El diálogo que se verá en la siguiente tira cómica entre estos dos personajes populares, se ve como la criminalización de los haitianos es por una cuestión de raza más que nada.

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Fuente: El Listín Diario

La razón por la que los blancos no son “ilegales” y nunca han sido así, es porque son parte de la raza que “mejora” y que representa la “pureza” de la República Dominicana. Los blancos se asocian a la moralidad en el discurso oficial que difunde la identidad nacional dominicana. La imagen de un país blanco, español y católico es lo que constituye la identidad nacional en el discurso oficial del país. Los blancos para los dominicanos en el discurso oficial de la sociedad, sirven el propósito de proteger la “blancura y moralidad” del pueblo dominicano. El efecto de este discurso es tan fuerte hasta el punto donde la ilegalidad está basada en la apariencia en vez de la justicia verdadera. Es por esa razón que el genocidio de tantos haitianos en el año 1937 ocurrió, como una medida de “proteger” esa imagen y es por esa misma razón que hoy en día, la ley TC 0168/13 ha sido aprobada, un nuevo método de llevar a cabo la expulsión de los negros.

Esta manera de pensar pasa hace décadas, pero el hecho de que surge de nuevo en el siglo XXI nos da la impresión que el avance con respecto a la raza e identidad no ha ocurrido. El reto entre los dos países para la dominación de la isla traduce exactamente a lo que dice Michele Wucker en su descripción de la pelea de gallos y la importancia de proteger el territorio. Wucker, autora del texto, Why the Cocks fight, presenta un análisis de la relación entre las dos naciones entre las peleas de gallos en las que participan los dos países. Hay que acordarse de que el símbolo nacional político de estos dos países una vez fue “el gallo” que para los dominicanos significa según Wucker, “all aspects of daily life in Hispaniola: politics, home, territory, courtship, healing, sustenance, the passage of time and brotherhood” (Wucker, 12). El gallo es un guerrero, y como un guerrero se defiende y conquista lo demás; a los guerreros no les gusta compartir y se puede llegar a la conclusión que por esa razón, la tensión entre la República Dominicana y Haití ha sido y continúa siguiendo rugosa hasta hoy en día.

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Fuente: El Listín Diario

Tanto Balaguer como Wucker han dado la respuesta a la pregunta que hace esa tira cómica. La cuestión se divide entre “una isla blanca” o mestiza predominante como La República Dominicana como relatado por el discurso oficial o se convierte en una isla negra e “inmoral” como los haitianos, una identidad que la identidad nacional de la República Dominicana niega y condena. Esa cuestión que llega a la luz después del terremoto del año 2010 y el miedo aumenta en cuanto a una “invasión”, la inmigración masiva haitiana, es la misma que Balaguer ha respondido negativamente desde algunas décadas. La comunidad dominicana no debe ser desintegrada, la imagen de una nación hispana y católica debe ser protegida y por eso él dice en sus palabras, “… la disminución de sus caracteres somáticos primitivos es solo el signo más visible de la desnacionalización del país que va perdiendo poco a poco su fisonomía española” (Balaguer, 45). La fisonomía española forma la base de la identidad dominicana, esa apropiación de la raza blanca y la negación de la negra es una identidad que los líderes dominicanos lucharon para proteger. La pregunta sobre qué serían los países si los juntáramos representa la lucha de que Wucker habla sobre la dominación del territorio. Con el dominio territorial, se ve un dominio total que encabece la cultura y todo lo que los dominicanos niegan en su intento de separarse en absoluto de los haitianos para crear la dominicanidad.

“On one level, the scraggly fighting rooster makes sense as a politician’s symbol: politics, after all, is a battle of strategy, endurance and aggression played out on a national stage. It inspires the same emotion and scheming that the cockfight does in spectators and gamblers” (Wucker, 10). La planificación por parte de los dominicanos de sacarles a todos haitianos de su país es muy importante y debe ser bien construida como hacen los galleros en la galleras. Así, la discriminación contra los haitianos la disfrazan hoy en día en leyes como la de TC 0168/13 que intenta hacer la misma cosa que hicieron los antecedentes líderes de la República Dominicana, claro a través de medidas diferentes pero la meta nunca cambia y esa es la preservación de la “pureza” de la nación dominicana. Por eso, los gallos pelean, para la preservación en caso de los dominicanos o en el caso de los haitianos para la sobrevivencia y bienestar de sus familias. Por muchas décadas las tensiones entre estos dos países siguen moldeando las vidas de esa gente y la manera en que los gobiernos miden los conflictos. Como Wucker menciona, en realidad, “the leaders on both sides of the islands have themselves taken on the identity of the fighting cock so intimately that the rooster is man and the man rooster. Politics begin to imitate the cockfight instead of the other way around” (Wucker, 16). Los políticos y políticas sucios de la República Dominicana son ejemplos de lo que las palabras de Wucker se hacen referencia. No ha cambiado mucho entre los dos países en cuestión de la raza e identidad a lo largo de los siglos. Está claro que uno se encuentra nuevas maneras de ocultar un racismo más evidente en algunos casos pero en la mayoría de otros casos eso no es así, los dominicanos se lo hacen claro para que los haitianos sepan que son indeseados y que bienvenidos en la República Dominicana. No hay espacio allá para los negros. Esto provoca la cuestión de que si Haití fuera un país predominante blanco pero a diferencia de sus vecinos los dominicanos, se acepta la parte negra de su identidad, ¿hará una diferencia en relaciones entre los dos?

La construcción del otro es un método que permite la construcción de una identidad nacional. Los haitianos no son solamente castigados por el color de la piel sino también por ser “antihigiénicos”. El negro no significa sólo un ser “inmoral” de baja clase y menos un ser humano pero el negro es todas esas cosas conjunto con la idea que conlleva enfermedades. A parte de la discriminación racial, los haitianos fueron “infectando” la población dominicana y eso fue un problema grave para el gobierno dominicano. Hay que ahora proteger no sólo la “pureza” y “moralidad” de los dominicanos, sino que hay que proteger su salud. La representación de los haitianos como plagada de enfermedades fue otra razón utilizada por la clase dominante en su justificación de la discriminación contra la gente de la parte este de la isla. El disfraz de este sentimiento en forma de comedia se ilustra en la tira cómica siguiente. El juego con las palabras jabón lo que se usa para limpiarse y Dajabon un pueblo haitiano, emita un chiste lleno de discriminación al centro. Ese tipo de disfraz es dominante con respecto a la evocación de los verdaderos sentimientos dominicanos.

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Fuente: El Listín Diario

Los Estados Unidos como la República Dominicana han echado la culpa de la propagación de enfermedades gracias a los haitianos. Donantes de sangre de haitianos en los Estados Unidos en el año 1990 resultaron en la infección de gente con el virus SIDA. Es la misma situación con respecto a la epidemia de cólera en la sociedad dominicana. Balaguer dice, “el pián y la enfermedades venéreas, así como otras entidades patológicas que minan la raza y destruyen la moral del hombre, se han propagado en diversas zonas de Santo Domingo como una herencia inevitable arraigada en el medio por veintidós años de dominación haitiana” (Balaguer, 49). La salud de los dominicanos y la culpa por parte de los haitianos fue otra razón para condenar a los haitianos a pertenecer a una raza “bárbara”, el negro. El asunto de la salud estuvo en el centro del debate por un rato y como la palabra “ilegal” es sinónimo de un haitiano se ve lo mismo con la palabra cólera como ahora esa se convierte a ser sinónimo de haitiano también.

 

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Fuente: El Listín Diario

El logro de encontrar el otro para distinguirse en una nueva identidad no para nunca. El mundo es interpretado como se dice en inglés “dog eats dog world”, donde el agresor mismo tiene un agresor y esa tira cómica demuestra esta relación entre los países perfectamente.

Además, lo importante de esta imagen en la relación a esta tesis es la construcción de una identidad y la creación de un “otro”. El oprimido siempre tiene un opresor y como los dominicanos han acusado a los haitianos como propagadores de la cólera, los puertorriqueños hacen lo mismo con los dominicanos. De nuevo, la competitividad entre países en la construcción de una identidad distinta es lo que aluda Bhabha en su discurso que evoca la construcción de toda identidad nacional basada en la diferencia ante un “otro”.

No solamente los haitianos son de una raza “inferior” sino tienen una economía equivalente a su inferioridad racial y esto es problemático para los dominicanos si van a tener éxito en la protección de sus fronteras, de su dominicanidad. Aunque el desequilibrio que existe entre las economías de la República Dominicana y de Haití, el gobierno dominicano trata de ayudar a los haitianos quizás por jugar el papel del “buen vecino” o para lograr su fin de mantenérseles a los haitianos alejados del país. El antiguo presidente Balaguer en su texto, habla de la necesidad de ayudar a los haitianos para que ellos no tengan necesidad de quitarse de su país e inmigrar hasta la República Dominicana. La economía haitiana era un gran problema para los dominicanos porque fue la causa principal de las olas migratorias que llegan a las fronteras dominicanas, infiltrándose y mezclándose en el país que provoca la “contaminación de la pureza” de la identidad dominicana. El reconocimiento de Balaguer de la economía inestable de Haití no se expresa como una verdadera preocupación por sus vecinos sino por la manera cómo afectaba a su país. Se puede decir que si los haitianos se fueran a un otro país como Puerto Rico, a los dominicanos no les importara el estado de la economía haitiana y eso es lo que dice Balaguer casi indirectamente.

La única solución de ese problema, que afecta particularmente al porvenir de la República Dominicana a causa de su vecindad con Haití, sería la de que la gran masa del pueblo haitiano evolucionara y que su nivel social dejara de descansar, como hasta ahora, sobre un tipo de economía primitiva. (Balaguer, 39).

Esa descripción de una economía primitiva puede ser vinculada al estado “bárbaro” de los haitianos como Balaguer los ha descrito anteriormente.

Balaguer sigue diciendo, “cuando esa transformación se produzca, la vecindad de Haití habrá dejado de ser una amenaza para Santo Domingo, y ambos países, contenidos dentro de sus fronteras respectivas, podrán tener buenas relaciones diplomáticas en la gran obra de solidaridad americana” (Balaguer, 39). Este comentario de Balaguer da la idea de que los dominicanos serán más receptivos a los haitianos si todos respetan las fronteras. En este comentario, la noción de una división por cuestiones raciales no es tan profunda. Se tiene la percepción que el problema se encuentra en la economía, sin embargo, la frase de Balaguer, “contenidos dentro de sus fronteras” evoca una sutil advertencia a los haitianos a quedarse en su país. Otra vez, sí se puede hacer negocios con el uno al otro pero hay que respetar los límites de este acuerdo que estipula al fondo francamente que los negros no son deseados en la República Dominicana.

Desafortunadamente, el terremoto del año 2010 de nuevo, trajo al centro de la discusión política el asunto de la economía haitiana y la inmigración a la República Dominicana. Se ve que hay una “invasión” constante de la gente del este hasta el oeste, tierra de los dominicanos. Los chistes en cuanto a las diferentes épocas de la invasión haitiana surgen en El Listín Diario, evocando una preocupación por parte de los dominicanos y la penetración de sus fronteras por los haitianos.

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El desastre de 2010 en Haití provocó la dispersión de millones de personas y la muerte de miles. La gravedad de esta situación mientras destruyó el proviene de una advertencia para el futuro que Junot Díaz clasificaba como “revelador”. Esa crítica de la sociedad hoy en día puede ser aplicada a la negación del problema racista entre Haití y la República Dominicana. Se anda diariamente sin ver de verdad las injusticias raciales en los alrededores. Díaz habla en el contexto de un desastre natural, se puede ver también el desastre social por la negación de racismo de parte de la República Dominicana en contra de los haitianos. Él dice en su artículo intitulado “Apocalypse”, “After all, if these types of apocalyptic catastrophes have any value it is that in the process of us a chance to see the aspects of our world that we behind veils of denials” (Díaz dominicanos haciendo burlas de los haitianos desafortunados deben llamar la atención al resto del mundo de que los sentimientos q sociedad actual y esto es lo que revela el terremoto después de borrar la superficie. Detrás de la comedia que conllevan las tiras cómicas, hay un problema grave que necesita la atención del 29 agosto 2010 El desastre de 2010 en Haití provocó la dispersión de millones de personas y la muerte de miles. La gravedad de esta situación mientras destruyó el país y las vidas de muchos haitianos, una advertencia para el futuro que Junot Díaz clasificaba como “revelador”. Esa crítica de la sociedad hoy en día puede ser aplicada a la negación del problema racista entre Haití . Se anda diariamente sin ver de verdad las injusticias racia Díaz habla en el contexto de un desastre natural, se puede ver también el desastre social por la negación de racismo de parte de la República Dominicana en contra de los Él dice en su artículo intitulado “Apocalypse”, “After all, if these types of apocalyptic catastrophes have any value it is that in the process of causing things to fall apart they also give us a chance to see the aspects of our world that we as a society seek to run from, that we hide Díaz, Boston Review 5/11). Las publicaciones en los diarios dominicanos haciendo burlas de los haitianos desafortunados deben llamar la atención al resto del mundo de que los sentimientos que exprimen Balaguer y Trujillo están muy presentes en la sociedad actual y esto es lo que revela el terremoto después de borrar la superficie. Detrás de la comedia que conllevan las tiras cómicas, hay un problema grave que necesita la atención del mundo y el terremoto de 2010 hizo exactamente esto. Según David Brooks, citado por Díaz: “Apocalyptic catastrophes don’t just raze cities and drown coastlines; these events wash away the surface of society, the settled way things have been done. They expose the underlying power structures, the injustices, the patterns of corruption and the unacknowledged inequalities.” (Díaz, Boston Review, 5/11). El terremoto de 2010, revela la verdad de Haití, un país quebrado por la corrupción, desigualdad económica y social y sobre todo la discriminación racial.

Otra cosa de los desastres que Junot Díaz no menciona pero es importante es como el evento catastrófico de 2010 en Haití despertó sentimientos dormidos en la República Dominicana, creencias que fueron muy fuertes durante la dictadura de Trujillo e incluyendo el mandato de Balaguer.

Igual que las tiras cómicas y el “mascaramiento” de la realidad, o sea el racismo sutil, los desastres también son reconfigurados para enmascarar la realidad de la situación haitiana. Esa realidad es demarcada por la injusticia social que existe en Haití a causa de los gobiernos corruptos y una desproporción de la riqueza en el país. Así, uno se da cuenta de la circularidad en la historia entre los dos países en el sentido de que los gobiernos son culpables por incapacitar a su gente, uno de una doctrina que niega su africanidad y el otro de una corrupción que le mantiene a la población en pobreza. Balaguer dijo en su texto que “la inmensa ola de color que a diario invadió el territorio dominicano, no solamente exponía a Santo Domingo a perder su carácter nacional, sino también a corromper sus costumbres y a rebajar el nivel de su moralidad” (Balaguer, 74). Esa moralidad es una falsificación de quién son los dominicanos de verdad. Ese carácter nacional dominicano no es uno del origen blanco sino del origen negro, una identidad que el discurso oficial de dominicanidad niega en absoluto. Esa falsificación de identidad es una inmoralidad de que Balaguer no considera en la condenación de los haitianos. Es una cosa de querer distinguirse, sin embargo, es otra cosa de negar la raza fundamental en la demografía de la población dominicana. Mientras los dominicanos critican y discriminan contra los haitianos por ser negros, “inmorales” e incluso “bárbaros”, hay que acordarse de que ellos también son inmorales por asumir una identidad que niega la raza predominante de su país. La artificialidad de esa identidad nacional dominicana se realizó en la construcción de una dominicanidad que borra la presencia africana del discurso original y recrea el discurso oficial que les da a los dominicanos una identidad que no les pertenece sino a la vez les pertenece. Esto es lo que se exprime el texto de Bhabha, Nación y Narración en la que, una identidad construida es una de la que se omite una fracción para distinguirse del “otro”. Les pertenece esta dominicanidad porque esto es lo que han sido socializados a creer, defender y representar de toda manera posible.

Capítulo 2: ¡Que vivamos en fraternidad!

Para que se viva en paz y fraternidad, hay que reconocer la historia y no parte de ella, sino la historia entera. David Pérez en su Performance Action, intenta hacer lo mismo que los escritores como Junot Díaz y David Brooks creen ser de altísima importancia en la sociedad dominicana. El intento de revelar la realidad haitiana-dominicana, la necesidad de quitar la máscara para que todos vean lo que se ignoraba hace muchos años: la discriminación racial tanto bruta como sistemática. La obra de Pérez, en sí misma, funciona como el terremoto de 2010 que destruyó la República de Haití en el sentido de que sus fotos provocan un enfrentamiento con la realidad de las injusticias y discriminaciones que los demás no ven. Él borra la superficie y revela la realidad de la sociedad dominicana, problematizando no solamente la historia de la República Dominicana sino también la identidad nacional del país.

Las obras de Pérez conectan el lapso temporal que existe entre el colonialismo y la actualidad. Analicemos primero la obra que se llama “Trata”. Este problema de la representación de los haitianos en la producción cultural dominicana, o mejor dicho la falta de una representación que nos relate de verdad el papel significativo que los negros tienen en la República Dominicana esta evocada en esta obra de arte. Esta representación aunque se trata del sector económico del país, se habla de una representación en el discurso nacional dominicano. Esta obra revela un pasado común, compartido por la República Dominicana y Haití: la historia de la esclavitud africana y el colonialismo. Esta semejanza entre los dos países es lo que el discurso oficial de la República Dominicana niega, la presencia de una población negra en la isla y en los dos países y es de esa población que forma el base de estas sociedades.

La ubicación que David Pérez eligió para capturar esa foto provocativa subraya y llama la atención del público al problema que hay en la historia de la República Dominicana. En la foto abajo, un hombre aparece con un pedazo de caña en la mano y en su alrededor hay un montón de caña también. La fotografía se sacó en una de las plazas más conocidas en la República Dominicana, según Pérez. Se trata de la Plaza de España, una atracción turística emblemática en el sentido de llevar una conciencia de la realidad de la historia dominicana y además a la identidad de los dominicanos. La Plaza “de España” es representativa del hispanismo dominicano en que se evoca el discurso oficial en cuanto a la identidad nacional dominicana. El uso de la caña azúcar es importante porque la plantación de caña está vinculada al incremento de la población negra a diferentes islas en la región. Los africanos fueron traídos para trabajar en la industria azucarera a causa de la necesidad de manos de obra. La historia de la industria de azúcar en la República Dominicana, que sigue existiendo hoy en día en los bateyes, es una parte de la historia desconocida para muchos dominicanos y para el mundo hasta cierto punto. Se clasificaría ese desconocimiento no como algo literal porque esa realidad está tan alejada de la población central, es decir, las personas de las clases más altas que viven en las ciudades del país. Estas personas no tienen que reconocer esta realidad porque a ellas no les molesta de ninguna manera. Es también lo mismo para los extranjeros que vienen a La República Dominicana. Lorgia García Peña en su ensayo Un-bordering Hispaniola, un análisis de la Performance Action de David Pérez, dice que la obra de Pérez lleva la realidad del batey al centro de la ciudad. Funciona como una conexión temporal entre la época colonial y el presente. Rompe con las fronteras sociales y geográficas entre estas dos temporalidades.

These gaps separate Hispaniola, forcing viewers and passersby to confront their own complicity in the “Trata”, or slave trade, of today. The colonial area of Santo Domingo is lined with restaurants, bars, and tourist attractions. Upper as well as tourists from all over the world visit it for entertainment and shopping. Pérez’s “Trata” disrupts pleasure, drawing attention instead to the problematization of Haiti Dominican borders, which the artist suggests are everywhere, rather than removed from the general public: “People do not think about the labor that goes into farming, into cutting sugarcane. We just want to consume, eat, shop, spend, without ever thinking about what all that we are consuming is costing others (Pérez, pers Peña, 61)

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Fuente: Garcia Pena – Un-bordering Hispaniola

Por un lado, la fotografía “Trata” personas negras que trabajan en los bateyes y la importancia que ellas tienen en sus vidas diarias. Por otro lado, se subraya la presencia africana en la historia y la vida cotidiana de los dominicanos, de manera que los dominicanos son forzados a reconocer a la gente que ellos niegan desde la consolidación de su dominicanidad. Es a través de esta posición incómoda, que ahora está delante los ojos de los que tratan de negar la existencia del negro en la República Dominicana, que Pérez es capaz de problematizar la historia del pueblo dominicano, así como su idea de una identidad nacional española y blanca. Aunque el contexto de esta foto está dirigido hacia la cuestión económica de la presencia del haitiano en la producción azucarera dominicana, se puede aplicarla a la cuestión de la identidad nacional también: es decir la existencia del trabajador haitiano en la República Dominicana es, en sí misma, una representación sutil del discurso oficial en el que se trata de negar la presencia africana y la contribución de esa gente a la nación dominante de “dominicanidad”. Lorgia García Peña dice:

The silencing of the Haitian worker offers a double critique on the place Haitians occupy within the Dominican Republic: 1) they are welcomed as workers yet rejected as part of the Dominican social community. 2) The more universal concern regarding the erasure of the worker, often an immigrant, in the consumption/pleasure of the product he or she produces for the affluent and the privileged (García Peña, 62)

Fernanda Bustamante señala este mismo problema en su análisis de la obra de Rita Indiana Hernández. Bustamante en su articulo cita el siguiente fragmento de la obra de Rita Indiana, Papi: “Y por donde quiera las esculturas espontáneas de uno que se ahogó al caer en la mezcla, los sesos embarrados de uno al que una carga con todo y soga y polea le cayó en la cabeza, por todas partes los cuerpos de obreros haitianos empalados en las varillas erectas sobre las que cayeron desde el catorceavo piso de una obra” (Bustamante, 132). Lo que está detrás de los discursos dominantes sobre lo haitiano en la República Dominicana es la idea de que los haitianos son buenos como trabajadores pero no son deseados como parte de la sociedad dominicana. El escritor suizo Max Frisch, conocido por la frase, “Queríamos trabajadores y vinieron personas” (Überfremdung, 1965): esto es exactamente el intento de los dominicanos guiados por las ideologías que se exprime la “dominicanidad” en el discurso oficial del país y este sentimiento se revela en el tratamiento de los haitianos como sub-humanos. Además, este punto es particularmente importante ya que destaca una contradicción en las palabras de Balaguer, porque de un lado él habla de la necesidad de mejorar la economía haitiana para asegurar que no lleguen a su país al decir, “Santo Domingo es, entre todos los países de América, el más interesado en el progreso de Haití, y espera con ansiedad el momento en que sus vecinos salgan de su economía de tipo feudal y de su estado social propio de la que llama Litz “la primera edad agrícola” (Balaguer, 40). Sin embargo, por el otro lado él habla de la necesidad de los “braceros” (los haitianos) que trabajan en las plantaciones de caña, para el desarrollo de la economía.

Aquí se queda la hipocresía de Balaguer porque la dependencia de los braceros mantiene a los haitianos a un nivel de servidumbre porque a la sociedad dominicana no le sirve nada más que la labor de los haitianos. Otra vez, la explotación que critican ambos Hernández y Pérez es subrayada por Balaguer mismo cuando dice, “la existencia en Cuba y en la República Dominicana de grandes factorías azucareras, interesadas en obtener “braceros” por un salario ínfimo y capaces de realizar todo género de trabajo en las plantaciones de caña, favorece el establecimiento de esos trabajadores hambrientos en los dos países” (Balaguer, 41). El gobierno dominicano profesa la necesidad de ayudar a los haitianos pero a la vez ese mismo gobierno los explota que profesa querer ayudar es una contradicción en sí mismo. Sobre todo, después de vivir en La República Dominicana y de explotarlos por muchos años, niegan a sus hijos nacidos en el país que había explotado a sus padres y parientes porque estos niños como dice Balaguer, “… aumentan la población negra del país y contribuyen a corromper su fisonomía étnica” (Balaguer 41). Después, la criminalización de esa gente, caracterizada como “ilegales” después de trabajar duro por toda la vida es otro problema de parte de La República Dominicana. Les acusan a los haitianos de penetrar las fronteras clandestinamente y por consecuencia se les presenta como una “amenaza a las morales de la familia dominicana”, en las palabras de Balaguer. Él dice, “la fuerza de trabajo haitiana que emigra clandestinamente a nuestro país hace, por otra parte, una competencia desleal a la clase trabajadora dominicana… es posible que ese peligro si no se detiene a tiempo podría al fin y al cabo realizarse el viejo ideal de la indivisibilidad política de la isla…” (Balaguer, 150). Entonces, proteger la “pureza” e identidad dominicana es imprescindible según Balaguer y todos los demás que creen en la dominicanidad y la protección de las fronteras. De todos modos, el propósito del trabajador negra en esa época, justo como el la época colonial es puro de fin económico y negando la humanidad de los obreros. En resumen, y vinculado a la crítica de Rita Indiana, los negros/ los haitianos pueden morir y construir la nación que intentó de todas maneras posibles de robarles de su reconocimiento como de ser parte de la sociedad y la historia dominicana.

Otra cosa importante de notar de la foto en cuanto a la ubicación es cómo se contrasta a la identidad nacional dominicana. Se realizó la foto en La Plaza España, como hemos visto, la creencia de ser un país español, blanco y católico es el fundamento mismo de la identidad nacional que ocupan y propagan las clases altas en La República Dominicana. Al ponerle a este hombre de color con cañas, representando el haitiano, en una de las plazas más conocidas del país con tal nombre de veneración, “Plaza España”, se rompe la máscara y se impone la presencia africana negada hace muchas décadas. Así, la foto tiene una función de contradecir el discurso oficial sobre la identidad nacional dominicana. Al poner a un negro junto a símbolos representativos de su participación en la economía dominicana en el centro de un lugar que celebra la “blancura” del país provoca una problematización de la identidad nacional del país o esa noción de dominicanidad y también la representación del negro en la sociedad dominicana. El “otro” de que habla Homi Bhabha, en la creación de una identidad dominicana del “uno” por la negación del “haitiano” es lo que esta foto de Pérez le problematiza al pueblo dominicano en el sentido que su “dominicanidad” esta apoyada en la negación del negro en esa identidad.

Otra foto provocante por David Pérez es la de su Performance Action del año 2006, donde él demarca la entidad unitaria entre los dos países de Hispaniola. Históricamente, la isla ha sido colonizada por dos países distintos sin embargo, la isla de Hispaniola era exactamente eso: una sola isla. De una manera física, era dos países; español y francés sino una sola isla y hasta hoy, sigue siendo lo mismo. Sin embargo, esa tierra compartida es simbólica para Pérez de la solidaridad y fraternidad que físicamente comparten Haití y la República Dominicana. A menos que alguien quiera intentar cortar la isla en dos partes separadas, esa singularidad no desaparece nunca a pesar de tener colonizadores diferentes y algunas diferencias como la cultura y el idioma. Para Pérez, está aquí donde se encuentra la fuerza de los dos países. Una analogía para evocar más claramente el punto de Pérez es de la mariposa (se usa la mariposa en memoria de las hermanas Mirabal, víctimas durante la era de Trujillo): es necesario tener dos alas trabajando juntas para volar y es lo mismo con Haití y La República Dominicana. Los dos países comparten una misma tierra: hay que buscar una manera de convivir y es a través de esa manera los dos van a tener una mejor relación.

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Fuente: Garcia Pena – Un-bordering Hispaniola

El mensaje que evoca esta foto de Pérez nos provee otra perspectiva sobre la tensión entre los países. Diferente de Balaguer, Pérez señala que la restricción de la gente de los dos lados de su propia frontera no es ideal, en vez de eso, este respeto de las fronteras es contra productivo para los dos países. Otra vez con la analogía de la mariposa, las alas no pueden volar a su propio ritmo distinto, se necesita un ritmo y en el caso de Haití y la República Dominicana es lo mismo. Es el mismo mensaje de la foto abajo, la sangre que fluye de las dos manos viene la misma fuente, el cuerpo. La idea principal de esta Performance Action según Pérez es que “Haiti and t Dominican Republic are two arms of the same body, sharing the same blood. The performance seeks to remind the viewer that despite the conflicts between the two nations, they are linked because they share the same soil —“this soil, for Pérez, is symbolized by the blood» (Peña, 63). “La isla abierta”, el nombre de esta “performance”, llama para una colectividad de los ciudadanos de ambos lados de la isla a quitárselos de la animosidad y convivir juntos para mejor desarrollar las economías y sociedades de las dos naciones. Este tipo de mensaje a través del arte de Pérez es chocante dado que hace algunas décadas la doctrina de Balaguer sobre como las islas deben interactuar entre si fue predominante negativa y ahora hay otra narrativa, una en favor de la creación de una comunidad, una que reconoce la interdependencia de las dos naciones. La metáfora de la sangre evoca que las dos naciones comparten la misma sangre, la africana, y por eso, el intento de los dominicanos de preservar la “sangre española” cuando de verdad es la sangre africana que corre en la venas de la gente de los dos países es un revelador bastante provocante en crítica de la dominicanidad. Este movimiento pro-haitiano es emblemático y contrasta con la realidad. La fórmula de W.J.T Mitchell en su artículo “Representation”, puede ser aplicada en este caso. Mitchell habla de la representación como algo triangular: “representation is always of something/someone, by something/someone to someone” (Mitchell, 12). Esta fórmula puede ser aplicada a esa foto de Pérez donde la sangre que fluye de los dos brazos es representada como proveniente del mismo cuerpo para mostrarles a las dos naciones que ellos comparten la misma fuente de donde viene su sangre, es decir su identidad. García Peña evoca el significado de esa representación al decir:

Blood serves not only as a symbol of history, but also as a unifying factor. When blood falls on the ground, the earth absorbs it. The artist’s embodiment of Haiti and Dominican blood as two parts of the body suggests both the shared ancestry and suffering of the people of Hispaniola and a future based on interdependency and solidarity. (García Peña, 64)

El regreso al pasado de que habla Pérez llama por el olvido de la animosidad y para que los dos países se den cuenta de que las tensiones que enfrentan hoy en día fueron consagradas por hombres y perpetuadas por esos mismos individuos como Balaguer por ejemplo.

Las representaciones de Pérez de una amistad entre de los dos países no se mantienen solamente en imágenes de unificación como hemos visto. Pérez, también demuestra una foto de denuncia contra la República Dominicana o en este caso puede ser una crítica de los dos países en cuanto a su relación. En esta foto intitulada “Al tramo izquierdo” (2006), la división que está representada es un pedazo de la realidad de la animosidad y división que quedan entre los dos países.

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Fuente: Uprising Art

En esta foto, se ve que la gente del autobús está separada sin ninguna noción de una mezcla entre los dos grupos. Esta división en sí misma está bien organizada para reflejar el problema de que se ha explicado a lo largo de esta tesis. En primer lugar, la composición de la foto es importante como Pérez, para hacer una duplicación real de la geografía de la isla. De punto de vista de la persona sentada al fondo del autobús con la cámara, se puede decir que los negros y haitianos están del lado “este” del autobús y la gente mestiza, representativa de la República Dominicana se encuentra al lado “oeste” del autobús. Además, la interacción entre los dos es importante de notar porque la falta de reconocimiento de la presencia de los negros al lado de los dominicanos es evidente al espectador de esta foto. No hay ningún contacto visual entre la gente especialmente de parte de los dominicanos. Esta crítica es algo que Junto Díaz estaría de acuerdo en cuanto a la negación y naturaleza cegada emitida por los dominicanos hacia los haitianos. Pérez quiere señalar a los dos países que este tipo de convivencia no funciona para ningunos de ellos y ellos deben reevaluar sus postulados para asegurar un futuro más brillante donde el bienestar de todos está asegurado.

La otra observación que hay que destacar es el aura de la gente en el autobús. Se ve los haitianos tienen un humor más tranquilo y feliz en comparación a los dominicanos que se encuentren de un humor serio y desconfiado de la gente negra a su lado. Esta recreación de Pérez en cuanto a la realidad dominicana-haitiana es provocativa en el sentido que “revela” la realidad de que los demás no ven. La descontextualización de la foto y al representarla bajo una luz diferente provoca que los demás vean lo que no veían antes.

Entonces, la recreación de una identidad dominicana o incluso la reevaluación del tratamiento y la representación de los haitianos en la producción cultural de este país “español” será significante para representar el aspecto importante en la identidad del país dominicano y esto es la presencia del negro, algo que el discurso oficial ha negado.

Esta narrativa pro-haitiana sirve de cierta manera para deconstruir el discurso oficial de gobernantes como Trujillo y Balaguer sobre las relaciones entre República Dominicana y Haití, pero también del anti-haitianismo predominante en la cultura popular.

La necesidad de cooperación entre los dos países evoca esta otra Performance Action de Pérez, “Estructura completa”. Esta obra de 2010 subraya la codependencia al demostrar la importancia de la fraternidad. Esta obra se realizó en el mismo año que el terremoto destruyó la parte del este de la isla de Hispaniola, donde se encuentra Haití. Ya se sabe que durante los desastres, la máscara se borra y la realidad está expuesta a todos. Por eso, la introducción de la “Estructura completa” por Pérez en este momento sirve como un recuerdo a la gente que la asistencia general y la cooperación entre los dos países son fundamentales para las dos naciones. Quizás Balaguer estaría de acuerdo con el fin de asegurar que su país no fuera bombardeado por “los negros” como en el pasado, contaminando la “pureza” de la sociedad dominicana. Desde el punto de vista económico, una alta inmigración a la República Dominicana puede ser problemática, ya que no había suficiente trabajo para todos y esto también crearía una medida para explotación de la gente, especialmente a los haitianos. Entonces, la República Dominicana fue el primer país en dar asistencia a Haití después del terremoto. Ahora, basado en el conocimiento adquirido del texto de Balaguer, ¿este acto se llevó a cabo de “buena fe” de parte de los dominicanos o ellos, (y cuando se dice ellos, se refiere a los del gobierno y de las clases altas), considerarían los efectos como Balaguer los hubiera considerado, si no hacen nada para prevenir un influjo grande a la República Dominicana? La bondad de los dominicanos a su vecino, si fuera un acto de buena voluntad o para lograr sus propios objetivos, se sabrá jamás.

La interdependencia es el tema central de “Estructura completa”. En esta foto, un hombre dominicano y ciego está llevando en los brazos a una haitiana que no puede caminar. La foto es provocante y representativa de la fraternidad que debe existir entre las dos naciones. Sin embargo, las tiras cómicas que surgen en el Listín Diario haciendo burlas de los haitianos y empeorando la división entre los dos países y esa foto de Pérez son precisamente un enfrentamiento de dos discursos opuestos.

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Hay que darse cuenta del color de la piel de las personas en las dos fotos. El dominicano es alguien de piel mulato y la haitiana de piel negra y es lo mismo en la tira cómica donde el haitiano está coloreado de negro y representado como un monstruo y los dos dominicanos blancos. David no solamente contrasta la identidad nacional entre los dos sino la identidad racial también. La cooperación entre el mulato y la negra no “contamina” como dicta el discurso oficial, en vez de eso, se incrementa la productividad entre los dos ya que ayudan a cumplir con el objetivo de llegar a un destino. La oposición entre los discursos, el oficial, y el de David Pérez es clara aquí. Pérez confronta la supuesta “normatividad blanca” que usa construcción de la dominicanidad no solo al presentar la colaboración entre dominicanos y haitianos, sino también al elegir una persona de raza mestiza para representar lo dominicano.

Además, el haitiano no representa aquí la “barbarie y miseria”, como en el discurso oficial. La colaboración entre los dos demuestra un futuro que los países deben tratar de lograr. Si se fija bien en la haitiana, ella no mira para atrás sino sigue mirando adelante evocando una mirada hacia el futuro, el discurso oficial de la República Dominicana no tiene que ser ni el discurso del presente ni del futuro. Este es el propósito destacado en las fotografías de Performance Action de David Pérez.

David Pérez propone una nueva manera de interpretar la relación entre los dos países conjunto con una visión utópica de cómo debe evolucionar esa relación entre los dos. La ruptura de la división entre las naciones no será algo sencillo, pero lo importante es la representación. El poder de la producción cultural que encapsula la representación de grupos es importante porque influye en el público tremendamente. Pérez en una entrevista publicada en el Listín diario comenta sobre la vida de un artista provocante como el. Se le hicieron las siguientes preguntas:

¿Cómo definirías el tipo de arte que realizas? Un ejercicio crítico de permanencia y dominio sobre el otro, a partir de los sentidos. El fondo de mi trabajo tiene un carácter político y contextual. Posibilidades de medios y lenguajes dentro de un ambiente. ¿Cómo ayudan los concursos de arte a los artistas criollos? De varias maneras. Una, como representación generacional de cierto momento en el Arte actual, en donde se muestra el panorama artístico. Ayuda en la parte de registro y documentos que ayudan a proporcionar colecciones de arte dominicano contemporáneo. Aunque en su mayoría obras ganadoras de concurso (Listín Diario, 4ene2015).

Pérez, en esta entrevista exprime la falta de ayuda de parte del gobierno de tomar acción en la mejora de las relaciones entre los países. Por eso, esta crítica llama la atención de los gobiernos y la sociedad dominicana a ver el desinterés por parte de los líderes de hacer algo para el avance de la sociedad dominicana y como hasta hoy en día, siguen creyendo en el “discurso oficial” de Balaguer y Trujillo y los demás sobre la dominicanidad.

Mientras el libro de Balaguer habla de las clases más altas de la sociedad dominicana con la esperanza de la propagación de esta doctrina a través toda la isla, reiterando el prejuicio histórico hacia los negros, Pérez intenta contra-argumentar la producción de Balaguer con estas fotos, una producción más fresca y actual, que beneficiarían ambos Haití y la República Dominicana.

Conclusión

La división entre pueblos a través la historia de la raza humana ha sido una estrategia para dominar los grupos más incapaces de defenderse. La manifestación de provocar una división entre la sociedad humana siempre se encuentra de manera de distinguirse el uno del otro. A través de una distinción, una persona o un grupo puede asumir una identidad individual y distinta de los demás, así ha sido y así continúa siguiendo. Lo que vemos entre la República Dominicana y Haití es un reto de parte de los dominicanos de distinguirse de sus vecinos pero no basta solamente distinguirse se sino hay que borrar del pueblo dominicano la presencia africana solo así se puede asumir la identidad nacional dominicana que está fortificada en el discurso oficial del país, y que no reconoce la presencia africana y su contribución a la sociedad dominicana. La negación de una identidad africana que se plantea en la sociedad dominicana y en la genética de su gente revela la artificialidad de la “dominicanidad” que profesa la clase dominante, y que ha pasado a la clase popular, siendo reproducida en la producción cultural de la República Dominicana.

Un rechazo público de lo que los dominicanos no son, es decir de raíz africana, es una forma no solo de negar esa identidad que ven como “bárbara e inmoral” sino algo que les da a los dominicanos la oportunidad de asumir la identidad de los colonizadores españoles, la de una gente “blanca y católica” como dicta el discurso oficial del país. No hace falta reforzar el análisis de la creación de una identidad según Homi Bhabha donde lo más importante de saber es que toda identidad es falsa porque se viene de un intento de crear una distinción y por hacer esto, hay que tener una negación o exageración de la realidad.

El problema de la raza no es problema haitiano sino un problema dominicano y con el discurso oficial de esta nación. La yuxtaposición en cuanto a las fotos de David Pérez añade un aspecto reveladora y controversial a esta situación polémica. Esta crítica visual es una manera de capturar la realidad que mucha gente no ve o se niega a ver para darle al público la oportunidad de realmente analizar la contradicción en la sociedad. Tratar a los haitianos no como seres humanos y destituírselos de su ciudadanía es un problema que necesita la atención de la colectividad de una sociedad entera y del mundo. Esa llamada a atención comienza con una persona o grupo como David Pérez o Rita Indiana Hernández y los otros que han contribuido a sensibilizar no solo el pueblo dominicanos sino el mundo entero de las injusticias y violaciones de los derechos humanos, todo a través de una necesidad de distinguirse y tener su propia identidad.

Es interesante que se reconstruya un problema por otro nombre y no se llaman las cosas como son en realidad. La máscara consistente que se lleva la sociedad y los grupos es un obstáculo si un verdadero cambio debe ser realizado. Por esa razón, quizás eventos traumáticos como el terremoto de 2010 servirían para que se revelaran los problemas soterrados y como en el caso de Haití y la Republica Dominicana, como un mecanismo de exponer los sentimientos verdaderos que no se verá en un día normal. Junot Díaz en su artículo “Apocalypse” ha reiterado este problema de la realidad ficticia que existe y la necesidad de hacer caso del impacto del terremoto en el resurgimiento de una negrofobia que no ha desaparecido, sino que está presente en la sociedad si bien ahora de una manera clandestina, mascada por una ley que sirve solo un propósito, e incluso a través el humor como ilustrado en las tiras cómicas.

En los años recientes, la tensión ha intensificando entre la dos naciones. Si no pasa nada en el futuro cercano, se podrá convertirse en un problema tan grave que resultará en una guerra.

Se dice esto en reconocimiento del ahorcamiento de un haitiano en una plaza pública en la República Dominicana. Estas atrocidades para defender una identidad nacional basada en el borrado del negro de la sociedad dominicana deben provocar una investigación al concepto de la definición de una identidad nacional y como los grupos sociales se representan su nacionalismo e identidad.

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