¿Arte barato y ganancias rápidas?

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En Contexto
Después de más de cinco décadas sin relaciones diplomáticas, Cuba y Estados Unidos reabrirán embajadas en sus respectivas capitales el lunes 20 de julio de 2015

Más de 3.000 especialistas en arte de EEUU habrían visitado Cuba durante la Bienal

El acercamiento entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba ha llevado a Isla a coleccionistas de arte y expertos mundiales, singularmente norteamericanos, que han aprovechado la Bienal de La Habana «para generar proyectos», planear exposiciones y «adquirir obras», dijo el director del evento, Jorge Fernández, reporta EFE.

Más de 8.000 especialistas en arte han pasado por la capital cubana desde que se inauguró la Bienal el pasado 22 de mayo, de los que más de 3.000 son de Estados Unidos, entre ellos directivos del Guggenheim de Nueva York o del Moma.

«Hay una gran avidez por ver qué está pasando con la creación en Cuba», dijo Fernández, sorprendido de la cifra récord de visitantes a esta duodécima edición de la bienal, que culmina el próximo lunes.

Pero «el deshielo desde el arte se está produciendo ya desde antes», consideró. Lo que ocurre con la coyuntura actual es que lo «favorece».

El anuncio de un acuerdo para negociar el restablecimiento de relaciones diplomáticas, hecho por Raúl Castro yBarack Obama el 17 de diciembre pasado, junto a «algunas medidas prácticas como facilitar los viajes a Cuba» han sido «un paso de avance, que ha permitido no solo que vengan artistas, sino que haya una participación del mundo especializado del arte», afirmó Fernández.

No obstante, consideró que antes del 17 de diciembre, la Isla ya generaba una atracción fuerte por su «singularidad histórica», algo que se ha intensificado y que está llevando a muchos coleccionistas o amantes del arte a querer hacerse con obras realizadas en la Isla, en una suerte de «arqueología del presente».

Es difícil conocer cifras porque en Cuba solo existen unas pocas galerías de arte, todas controladas por el Estado, y muchas veces los artistas venden su trabajo directamente; pero personas del sector consultadas por EFE admiten que durante la actual bienal se han producido transacciones importantes.

«Es verdad que hay avidez, pero de ambas partes. De las personas por coleccionar y comparar arte cubano y del arte cubano por posicionarse, por comercializarse, por adentrarse de alguna manera en el mercado internacional ya con otros quilates», declaró Onedis Calvo, subdirectora del espacio artístico Factoría Habana.

En Factoría Habana, que acoge durante la bienal exposiciones de los artistas cubanos René Francisco, Rocío García y Carlos Montes de Oca, se han visto un tanto abrumados por la cantidad y la cualidad del visitante que ha acudido, gente que llegó «con muchas expectativas, pero sorprendida al constatar en vivo el nivel y la diversidad del arte cubano», dijo Calvo.

«Ha sido muy bueno que haya ocurrido todo esto en la bienal. Se han hecho intercambios financieros importantes y muchos artistas a partir de ese evento tendrán una nueva vida artística. Ha sido un salto muy positivo y va a ser trascendente», subrayó.

Para René Francisco, uno de los artistas cubanos contemporáneos con más proyección internacional, en la XII Bienal de La Habana, apodada por algunos como «la bienal del deshielo», se ha sentido «otra energía que antes no existía».

«Por primera vez, la escena internacional tiene la posibilidad de visitar La Habana y ver todas las tendencias artísticas, para todos los gustos y todas las iniciativas que se están desarrollando», señaló el artista, quién cree que eso ayuda a romper prejuicios de algunos sectores que relacionaban el arte en Cuba con el realismo-socialista de la antigua URSS.

Según Francisco, esta bienal hay que entenderla como «una conversación que se ha abierto entre el arte cubano y el público internacional», sobre todo con Estados Unidos; aunque tradicionalmente, y paradójicamente, «ha sido el público norteamericano quien ha dado de comer al artista cubano», una relación que se remonta a principios de los años noventa, señaló.

«Pero ahora, el cambio se ha notado. Se habla de un ‘boom’ del arte cubano (…) Creo que este es el momento en que hay un público grande en el mundo que está viendo realmente la fuerza y la calidad del arte cubano», opinó.

AméricaTeVé

Coleccionistas constatan una importante subida de precios en la actual Bienal de La Habana

La Bienal de La Habana se ha llevado a cabo 12 veces desde la década de los ochenta, pero la edición que concluye el lunes es la primera que marcada por un acercamiento entre Washington y La Habana, además de por una gran concurrencia de visitantes estadounidenses y una importante subida de precios, según han constatado coleccionistas que viajaron a la Isla, reporta la AP.

Janda Wetherington, cuya galería Pan American Art Projects, en Miami, se especializa en arte cubano, dirigió un tour de coleccionistas durante el evento y dijo que obras de artistas maduros cuyos precios oscilaban entre 1.000 y 5.000 dólares en la última bienal están en el rango de los 5.000-20.000 dólares, mientras que artistas consagrados venden obras hasta en medio millón de dólares.

Pero por lo menos una artista joven, una estudiante de una secundaria para artes de La Habana, sobreestimó el bombo publicitario de la Bienal y perdió una venta al fijar el precio de una copia de un video en 3.500 dólares.

La obra utilizaba el baño de la escuela como su galería, al proyectar imágenes en vídeo que hacían parecer que el lavabo estaba lleno de peces nadando.

«Era una pieza brillante», dijo Louise Martorano, directora ejecutiva de RedLine, un centro de arte contemporáneo de Denver que organizó el recorrido en el cual un potencial comprador vio el vídeo. El precio —fijado al consultarlo con un profesor— calculó mal lo que un visitante estadounidense pagaría por una unidad de memoria USB con la obra.

Pero para los que tienen plata para gastar, los precios son «ridículos» de tan bajos, dijo Howard Farber, que dice que ha gastado «muchos millones» en arte cubano desde su primer viaje a La Habana en 2001. «Si ves los precios del arte contemporáneo de Estados Unidos, podrías tener una gran colección cubana por lo que pagas en impuestos por la compra de obras comparables en Estados Unidos».

Garber, un neoyorkino que planea comprar seis obras que vio durante la Bienal, hizo una fortuna al comprar y vender arte modernista estadounidense y arte contemporáneo chino. Dice que Cuba ofrece «la mayor oportunidad para que un coleccionista de arte comience una colección. Se podría decir que lo digo para aumentar el valor de mi propia colección, pero no puedo comprarlo todo, y aún sigo comprando».

La Bienal en el Malecón

Muchos asistentes a la Bienal dijeron que el evento más memorable fue en el malecón de La Habana.

«Uno de los elementos más emocionantes de la Bienal fue ver al público interactuar con obras de arte al exterior junto al Malecón», dijo Sara Reisman, curadora para Shelley y Donald Rubin, quienes poseen 1.000 piezas de arte cubano, además de arte himalayo exhibido en el museo Rubin de Nueva York. «Locales y turistas por igual interactuaban con la obra a todas horas del día y la noche».

Entre lo más destacado se incluye un mural de Emilio Pérez, mecedoras enganchadas de Rubén Hernández Varenes, y una pista de hielo artificial.

La variedad de sedes alrededor de La Habana fue otra diferencia entre esta Bienal y las anteriores.

«En el pasado un grupo de artistas no sería aceptado en el programa de la Bienal si no estaba en un lugar oficialmente aprobado», dijo Wetherington. En esta ocasión, las salas iban desde grandes espacios alternativos como La Fábrica, un híbrido de galería y club nocturno, hasta hogares privados en donde los artistas viven y trabajan, aunque muchos no aparecieron en el programa.

«No podías ver eso hace 10 años. El Gobierno no lo habría permitido», coincidió Patricia Hanna, la curadora de Jorge Pérez, fundador del museo en Miami que lleva su nombre. Los nuevos lugares ofrecen «muchas más oportunidades» para que los artistas vendan afuera de un sistema formal de galerías y muestren su obra tanto a coleccionistas como a cubanos comunes.

Muchas obras de la Bienal caen cómodamente en el minimalismo contemporáneo, como una absorbente instalación de espejos con una escala de color de Rachel Valdés Camejo, una de las piezas favoritas de Martorano.

Otras piezas tienen temas políticos, como un camino de ladrillos amarillos hecho de madera que se vuelca desde el Malecón de La Habana, hasta el Atlántico, y una destrozada bandera de Estados Unidos hecha de palillos de colores.

«Mucha gente está sorprendida por la libertad que parecen gozar (los artistas)», dijo Wetherington. «Pero, hasta cierto punto, los artistas son una especie de peones en el mundo político», añadió. Consideró que el Gobierno puede parecer liberal al permitir que los artistas viajen y creen piezas con mensajes que pueden o no ser subversivos, según cómo se interpreten.

Louis Varela Nevaer, que colecciona arte cubano pero no compró nada durante esta Bienal, piensa que en realidad «hay mucho control» en lo que el artista puede hacer adentro de la Isla. «El arte más controversial se exhibe fuera de Cuba: en México, Francia y España especialmente», dijo Nevaer, quien radica en Nueva York.

Dan Pappalardo, fundador y director general de Troika, una empresa de marketing, gastó 100.000 dólares en un viaje previo a Cuba y compró más durante la Bienal. El arte «realmente resonó», dijo, sobre todo los temas relacionados con el aislamiento y seres queridos que se van. «Hay una autenticidad que viene de un lugar tan arraigado, con menos influencia de las tendencias mundiales», dijo.

Diario de Cuba

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