El hombre que marcó a la cultura uruguaya

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Un primer intento por focalizar en el valor de su obra surgió ahora de la propia Ediciones de la Banda Oriental, que él dirigió desde su fundación, en 1961. Se trata de Escritos sobre literatura uruguaya, libro que compila el trabajo de múltiples lecturas e investigaciones rigurosas que Raviolo realizó sobre nombres paradigmáticos de la literatura y la historia de este país.

En la flamante publicación de más de 500 páginas el lector se encontrará con un abanico de temas que abarcan más de dos siglos de historia, empezando por los viajeros y cronistas que recorrieron esta tierra en los siglos XIX y XX, como el infaltable W. H. Hudson, el autor de La tierra purpúrea, al que Raviolo le dedica varios artículos. Cunninghame Graham y los hermanos John y William Robertson son también objeto de detenido análisis, que luego continúa hacia cronistas locales de la talla de Daniel Muñoz, Isidoro de María y Josefina Lerena Acevedo de Blixen.

La labor de selección de estos textos estuvo a cargo del profesor de literatura e investigador Oscar Brando, quien en el prólogo cuenta que este emprendimiento se empezó a idear en vida de Raviolo. «Me encontré con todo lo que podríamos llamar el Archivo Raviolo, que eran más de un centenar de prólogos, más conferencias, charlas, y papelitos sueltos. Y había que decidir cómo armar un libro posible, acorde al tamaño del libro y a la coherencia interna. Y finalmente decidimos que esa coherencia tuviera que ver con que eran ensayos de literatura uruguaya, excluyendo algunas cosas que eran importantes en la tarea de Raviolo, como la literatura fantástica europea y otra cantidad de cosas que él leía muy bien y había prologado», explicó Brando a El País.

Así, el material resultante incluye un conjunto muy significativo de autores uruguayos, como Javier de Viana, Juan José Morosoli, Julio C. Da Rosa y Líber Falco, sobre los que aporta Raviolo una mirada siempre clara y honda. El libro hurga además en la poesía de Circe Maia, así como la obra de Banchero, Galmés y Tomás de Mattos. Los escritores más recientes tuvieron lugar en las lecturas del fundador de Banda Oriental, desde Mario Levrero en adelante, difundiendo así estéticas que renovaron el panorama literario local.

«El trabajo de Raviolo fue asistemático, fue el trabajo de un lector, muy cuidadoso, muy preocupado por sus lecturas, pero al mismo tiempo absolutamente arbitrario, en el sentido que no le importaba seguir un orden. Tampoco pensó en escribir una historia de la literatura, ni uruguaya ni rusa. Lo que fue escribiendo, a lo largo de los años, lo fue haciendo en el orden que se le presentó», comenta Brando, quien a la hora de ordenar el libro lo hizo en siete partes, comenzando por la mirada de los extranjeros, luego pasando a los cronistas del siglo XIX.

En un tercer capítulo, bajo el nombre Hombres, tierras y ganados agrupó a autores cuya temática se vincula al medio rural, desde el famoso Viaje de Montevideo a Paysandú, pasando por Morosoli, José María Obaldía y Javier de Viana, entre otros. El capítulo cuatro está centrado en la poesía, mientras que el quinto, bajo el nombre de Crisis y generaciones, incluye trabajos sobre Héctor Galmés, Anderssen Banchero, Juan Carlos Onetti y otros. El sexto capítulo incorpora el análisis de autores más recientes, cerrando el libro con los cronistas del siglo XX, como Julio César Puppo, El Hachero, Víctor Soliño y Jaures Lamarque Pons.

 La labor de Raviolo, como señala Brando, estuvo centrada en abrir puertas a los escritores uruguayos, y también en acercárselos a los lectores. En ese sentido, el rol de prologuista no fue en absoluto lateral en su obra, dada la pasión que en eso volcaba. Profesor, crítico y sobre todo editor, Raviolo comenzó muy joven a trabajar en el ámbito cultural: a mediados de los años 1950 ya colaboraba como crítico literario en las revistas El ciudadano y Asir. Discípulo de Carlos Real de Azúa, egresó en 1963 del Instituto de Profesores Artigas como profesor de literatura, dedicándose también al periodismo. En esa actividad, dirigió la sección literaria de Época entre 1964 y 1965 y la del semanario Marcha, en su último período.

Tras ser destituido de su cargo docente en 1974, se concentró en su labor editorial. Como editor, promovió también la brasileña y latinoamericana en general, enfocándose muchas veces en la narrativa regionalista, y difundió autores poco editados en español. Una de sus inquietudes fueron los escritores de Río Grande del Sur, difundiendo a autores como Tabajara Ruas y Cyro Martins.

En el terreno de la difusión, fue de particular relevancia la creación en 1978 de la colección mensual por suscripción Lectores de Banda Oriental, que dirigió hasta su fallecimiento. Entre los reconocimientos que recibió, en 2008 la Academia Nacional de Letras del Uruguay le brindó un tributo a su trayectoria.

«Raviolo era una modalidad de editor, que concentraba en torno a sí el proyecto editorial y la relación con los autores. Hoy creo que las tareas de las editoriales está más diversificada. Heber, por ejemplo, seguí corrigiendo, esa es una de las cosas que más se extraña. Si no lo hacía, no dormía», remata Brando.

Publicado en El País

 

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