Venezuela: ver el arte con los dedos

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Los dedos recorren la superficie con duda. Palpan primero los bordes y luego buscan el centro, en el acto casi sensual de aproximarse a lo desconocido a través de la piel. Las yemas hacen pequeños toques curiosos, se deslizan, perciben la textura, la temperatura, la firmeza de los materiales. Todo, mientras la vista se encuentra sumida en la oscuridad, en una sombra total que intenta emular a aquella que perciben quienes por nacimiento o adquisición poseen discapacidades visuales. Acercarse a una obra de arte desde esta perspectiva física sustituye a la distante contemplación tradicional por una experiencia multisensorial que permite a quienes padecen de problemas de visión vincularse, a su manera, con las artes plásticas.

El hoy llamado Espacio Tiflológico del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) presenta, así, 16 impresiones en papel braillon y 4 esculturas en goma espuma, anime y resina, elaboradas a escala, que son representaciones de creaciones de artistas de la talla de Pablo Picasso, Joan Miró, John Davies o Fernando Botero, puestas, en teoría, a disposición de personas invidentes o de aquellos curiosos que deseen conocer este modo de aproximación al arte.

La sala, fundada en 1985 con el nombre de Unidad de Braille, fue, en su momento, pionera en el país y en Latinoamérica en el acercamiento de las piezas artísticas a las personas con discapacidad. Tras haber pasado una temporada cerrada, entre 2005 y 2012, fue reinaugurada hace tres años. Sin embargo, la falta de personal en el museo ha ocasionado que la sala permanezca cerrada casi a diario, distante de aquella maravillosa labor inclusiva por la que fue creada y por la que aún hoy batalla. El caso de este espacio es uno entre tantos: cuando un visitante llega al MAC se le informa que solo 6 de las 13 salas se encuentran operativas.

Para ingresar al espacio no basta, así, con aproximarse al museo, sino que se sugiere concertar una cita previa con el departamento de Educación (al teléfono 0212.577.88.24) para que alguno de los cinco integrantes del equipo acuda al lugar y solicite a los vigilantes la apertura de la puerta. De acuerdo con miembros del personal, al menos tres trabajadores extras serían necesarios para que la sala pudiera abrir sus puertas a diario y sin restricciones.

Aunque esto se ha traducido en una reducción hasta llegar a casi cero visitas mensuales, el lugar permanece en buen estado, como a la espera de que alguna decisión institucional (o, entre tanto, alguna llamada de los visitantes interesados) le permita acoger a aquellos que requieran visitarla.

En la sala, cada pieza puede ser tocada y está acompañada por una pequeña descripción escrita en braille (sistema de comunicación táctil) que hace referencia a las características de la obra original. «Cuando alguien que puede ver cierra los ojos y toca las piezas, busca referentes en su mente para descifrar la forma. Sin embargo, alguien que tiene discapacidad visual desde su nacimiento no posee imágenes con las que comparar lo que toca, por lo que se le da esta información adicional», reflexiona David Lezama, miembro del equipo de Educación del MAC. Aún así, asegura, lo más valioso del proceso es la concepción de que «el arte es una vivencia», con lo que la imaginación de cada persona invidente que se aproxima a las piezas puede generar una nueva obra de arte en su mente y dejarse cautivar. «Se trata de un espacio generador de emociones. Aunque es difícil que cada uno perciba a la obra exacta, sí podrá conectarse con ella desde el interés y la emoción», apunta Lezama.

Detrás del relieve

La unidad de Educación del MAC cuenta con una colección de 40 reproducciones de grandes obras trabajadas en relieve. Para realizar cada una, acuden a la máquina Thermoform que compró la institución en la década de 1980, en la que se coloca un molde elaborado por el equipo para grabarlo, con calor, en el papel. Como, por su antigüedad, la máquina ha empezado a dar problemas en la resistencia para calentarse, los trabajadores procuran utilizarla en pocas ocasiones. Además, los lotes de papel braillon con los que cuentan se encuentran en la unidad desde la creación de la sala, y no han podido ser sustituidos o ampliados porque el material no se produce (ni se encuentra) en Venezuela. «Solo lo usamos cuando de verdad hace falta, y estamos planteándonos empezar a trabajar sólo con maquetas».

Pese a las dificultades, los encargados del espacio están decididos a brindar la mejor de las atenciones a quienes les contacten «esto es un servicio, una oportunidad de acercarles el arte a quienes por mucho tiempo han estado alejados de ella». La puerta cerrada desea estar abierta.

Publicado en El Universal
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