De Szyszlo sobre arte y colonialismo en Perú: «Imitan lo que hacen fuera, un arte que para mí no tiene ninguna trascendencia»

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De Szyszlo todavía busca crear el cuadro que siempre ha soñado

La fascinación por crear el cuadro que toda la vida ha soñado, pero que con frecuencia pierde en el camino, es elleitmotiv del pintor abstracto Fernando de Szyszlo (Lima, 1925), quien el pasado 5 de julio cumplió 90 años y sigue con los pinceles.

El 4 de noviembre presentará su obra, junto con la de sus coterrá-neos Gerardo Chávez y José Tolá, en el Museo de la Cancillería (República del Salvador 47, Centro).

En 2011 el artista montó una retrospectiva en el Museo de Arte de la capital peruana, donde al ver la obra allí mostrada expresó: Esto no es más que una recolección de los despojos de la batalla que he tenido por tratar de hacer el cuadro que todavía no he hecho. Además, dijo, pintar es el único sentido que tiene mi vida. Jamás he hecho otra cosa.

Para hacer patente que De Szyszlo sigue detrás del cuadro de sus sueños, la galería Pablo Goebel Fine Arts (Taine 212, Polanco) presenta 20 obras del limeño con el título Una América llamada Szyszlo, inaugurada por el artista el pasado septiembre. Al respecto, en una pared del recinto destaca esta frase: Pintar un cuadro es, a fin de cuentas, el homicidio de un sueño.

También se lee la expresión del escritor Mario Vargas Llosa, amigo de toda la vida del artista: Eso que nos pasa con los cuentos de Borges, los poemas de Vallejo o de Octavio Paz, los cuadros de Tamayo o de Matta, nos ocurre también con la pintura de De Szyszlo: eso es América Latina en su más alta expresión; en ella está lo mejor que somos y tenemos.

La mayoría de los 18 acrílicos exhibidos en el recinto de Polanco son de 2015, así como dos esculturas en bronce de 1995. Sin embargo, De Szyszlo asegura ser pintor, aunque ha hecho mucho grabado en Colombia y Estados Unidos.

Un latinoamericano en París

Entrevistado por La Jornada, De Szyszlo recuerda su llegada a París en 1949. “Todos los monstruos estaban vivos: Picasso, Matisse, Gide, Malraux, Camus, Sartre… asistí a la primera temporada de Esperando a Godot, de Beckett. El ambiente era formidable porque había estallado la pintura abstracta en el París de la posguerra, entonces había grupos de pintores muy interesantes. Había uno que era Hartung, Soulage y Schneider, después había otro con Vasarely”.

Para ese latinoamericano, de entonces 24 años de edad, el choque fue severo: Nunca había visto un Rembrandt, un Van Gogh o un Picasso, sólo en libros. Otra cosa, como toda mi vida había leído poesía francesa, inglesa y española, creía que pertenecía totalmente a la civilización occidental, pero los latinoamericanos al llegar nos dábamos cuenta de que éramos los parientes pobres. Los que comen en una mesa, al costado, un poco de los restos del banquete.

De Szyszlo descubrió que “no sabía pintar los cuadros que quería, porque había estudiado en la Pontificia Universidad Católica de Lima una pintura posimpresionista, no una pintura directa, pero quería una más compleja. Eso fue otro shock técnico, pero maravilloso. En 1950 hice mi primera exposición en París”.

–¿Qué lo impactó de la corriente del abstraccionismo?

–Los pintores redescubrieron que la pintura es un lenguaje y que no se necesita describir para comunicar. También quisiera resaltar a los latinoamericanos que había en París, es decir, al llegar allí conocí a Octavio Paz, Julio Cortázar, Alejandro Otero, Alejandro Obregón y Marta Traba. Había un grupo muy activo y de mucha fuerza.

Al regresar a Lima hubo cierto rechazo al abstraccionismo. “Perú en ese momento estaba dominado por el indigenismo, que era una copia sin garras, sin uñas, del muralismo mexicano, pero sin crítica política, sin agresión ideológica. Era una pintura que quería ser peruana simplemente por el hecho de representar paisajes e indios peruanos.

“Mi generación, que llamamos del 50, luchamos contra eso; en poesía no, porque siempre ha habido buena poesía en Perú, pero no pintura moderna, activa. En mi grupo eran magníficos poetas Jorge Eduardo Eielson, Javier Sologuren y Blanca Varela (su primera esposa). Era sólo el fin de una larga tradición de poesía peruana: César Vallejo, José Emilio Eguren, Emilio Adolfo Westphalen y César Moro.

Yo era muy joven; entonces me lancé mucho contra los indigenistas, contra la arquitectura neocolonial peruana. La batalla se ganó. Hoy por desgracia han vuelto a ser coloniales de otra manera: imitan lo que hacen fuera. Es terrible. Además, imitan un arte que para mí no tiene ninguna trascendencia.

Respecto de la influencia de la arqueología y el textil peruanos en su obra, De Szyszlo afirma: Jamás he tomado nada directamente, pero he vivido envuelto en eso.

Ahora que el Museo de Arte de Lima fue reabierto, señala que esto no es sólo un aporte a la historia del arte en Perú, sino a la identidad peruana. El visitante se dará cuenta de que no viene del aire, sino de una civilización muy fuerte y que la mezcla ha sido positiva.

Publicado en La Jornada
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