Rafael Correa brindó el discurso de cierre del ELAP Ecuador 2015

EL momento esperado por la gran mayoría de los concurrentes a la  tercera y última jornada del ELAP Ecuador 2015 fue el cierre a cargo del presidente de Ecuador, Rafael Correa.

Con gran expectativa comenzó el día en el Ciespal – Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina – donde se concretó la participación a través de una video conferencia de Julian Assange, junto al argentino Tristán Bauer y el euro diputado italiano Alessandro di Batistta, quien contó la experiencia a través de la web que lo llevó a ser candidato sin antecedente alguno en la política.

Tristán Bauer comenzó su presentación recordando las jornadas de noviembre de 2005 cuando en Mar del Plata se enterró el ALCA. A partir de allí relató el modo en que se recuperaron los medios públicos y el crecimiento del sistema de medios a su cargo. En su discurso no faltó la comprensión del impacto del salto tecnológico en estos hechos ni la importancia de la lucha que finalizó en el dictado de la nueva ley de servicios de comunicación. Su relato permitió al público comprender porque el proceso de transformación del escenario de los medios en Argentina fue parte del gran cambio que comenzó en Argentina y América Latina por aquellos años.

Assange, que sufre desde hace más de tres años el aislamiento en la embajada de Ecuador en Londres en la que se halla refugiado, analizó desde una perspectiva política el momento presente de internet, sus plataformas y el lugar de los estados en materia de regulación, control, ejercicio del poder imperial y los negocios que estos modos de relación implican. A las ya conocidas denuncias sobre la recolección de datos personales y el relación entre las agencias de inteligencia de los países centrales y los administradores de las redes sociales informáticas, agregó un interesante análisis sobre el modo en que facebook modela el conjunto de relaciones sociales, como supone un modo de pensar la trama social y sostuvo que la falta de regulaciones  permite que los grandes monstruos globales como Google y Facebook impidan el desarrollo de cualquier competencia.  De allí que sugiriera que América Latina podría pensar un modelo propio. “América Latina debe crear alternativas para Facebook, no es solo una cuestión cultural, no es simplemente una cuestión de supervivencia, es una cuestión de seguridad nacional”, concluyó el creador de wikileaks.

Poco después, en el mismo escenario y en una mesa titulada “Democratización de los medios de comunicación, una apuesta nacional y  regional”, Pedro Brieger, director de Nodal, presentó un mapa sobre el modo en que la información regional circula en los medios masivos de nuestros países. En su exposición afirmó que si bien en materia de periodismo y comunicación se ha hecho una buena tarea en la crítica de los medios masivos, no se avanzó en el mismo grado en la concreción de proyectos que generen nuevas formas de información, nuevos modelos editoriales ni nuevas propuestas de carácter regional, a partir de las cuales dar una batalla contra ese modelo hegemónico de medios y agencias internacionales. Brieger propuso al público a pensar alternativas y aprovechar las ventajas que las nuevas plataformas tecnológicas facilitan, no solo para generar nuevos medios, sino para multiplicar las fuentes, quebrando el dominio abrumador de unas pocas agencias internacionales basadas en los países centrales, que tienen intereses  políticos e incapacidad de comprender los procesos regionales en cuotas similares.

Por la tarde, en el marco magnífico que brindó el Teatro Nacional repleto, con miles de personas que no pudieron ingresar al recinto y siguieron las alternativas del discurso en pantallas gigantes, cerró el evento Rafael Correa.

En un largo discurso, fundamentalmente dirigido a la militancia propia y a sus dirigentes, Correa comenzó recordando los hechos ocurridos el 30 de septiembre de 2010, o sea 5 años atrás. En un giro significante la campaña de rememoración de lo que fuera un intento de golpe de estado y magnicidio se transformó en alegría, pues se propone pensar la fecha como el día que triunfo la democracia.

Correa recorrió tópicos que van desde los motivos que jaquean a la economía ecuatoriana a partir de las diferentes modos que asume la crisis mundial y cuyas decisiones son siempre organizadas por el sistema financiero global, hasta problemas muy puntuales de la política local como el aumento de penas a quien llamó “microtraficantes” y ciertas prácticas abusivas contra el patrimonio público que llevan a cabo los trabajadores estatales en su negociación salarial.

Hizo referencias concretas a la situación de ataque a la continuidad institucional que están sufriendo muchos gobiernos en la región por parte de sectores de la burguesía acompañados por medios de comunicación y sectores de izquierda radical. Como lo había hecho García Linera también en su conferencia, Correa acusó a estos últimos de no comprender el proceso político y exigir la eliminación del capitalismo de un día para el otro, como si la construcción del socialismo pudiera ser decretada sin más.

Respecto del socialismo del siglo XXI sostuvo que se podía pensar a partir de un concepto: Justicia. La justicia en el sentido judicial, pero también en el orden social, económico y político. Justicia como reparación de las desigualdades, del acceso diferenciado a la educación y la cultura. Justicia social para los más necesitados. Justicia en las relaciones interestatales, sin imposiciones imperiales

Siguiendo esta idea dedicó un largo momento de su discurso a analizar la situación generada por la propuesta de ley sobre la herencia. Esta supone gravar diferencialmente a las herencia, y generó una salvaje reacción de la burguesía local con el apoyo de los medios de comunicación, de sectores medios, indígenas y de la izquierda, que desarrollaron una serie de movilizaciones y hostigamientos caracterizado como intento cierto de desestabilización de su gobierno. Afirmó que conceptualmente es inadmisible que alguien sin haber generado riqueza alguna pretenda ser el dueño del país. “A nivel empírico menos del 2% de las familias poseen los medios de producción, poseen más del 90% de las empresas. ¿Cómo podemos aceptar una realidad de esa naturaleza? No tenemos que pedir disculpas de nada, hemos hecho lo que teníamos que hacer. América Latina es el continente más desigual del mundo” explicó en un largo y enfático análisis, que permite pensar que el presidente volverá a avanzar en esta propuesta de ley, momentáneamente retirada del parlamento.

“Nos quieren hacer creer que la política democrática es la política del consenso. Queridos compas, esa política del consenso es negar el conflicto. Y vaya si en América Latina hay conflicto. Es aceptar el dominio sin disputarlo. La democracia del consenso es una posición absolutamente conservadora, que niega el pluralismo y antagonismo, claves en una sociedad verdaderamente democrática. Es negar el disenso y presuponer acuerdos que no están dados. Es equivalente al fin de la historia, del que nos quisieron convencer.” Afirmó Correa analizando el discurso de los sectores de la burguesía que atacan la estabilidad de los procesos progresistas latinoamericanos. En ese momento citó al obispo brasilero Helder Cámara que decía “Cuando doy de comer a los pobres me llaman santo, cuando pregunto por qué hay pobres, me llaman comunista”. Este discurso del consenso, explicó, permite que nos lamentemos por los pobres, pero no que pensemos cuál es la causa de su pobreza para atacarla desde la política.

Finalizó su discurso afirmando, como García Linera el día anterior, que es necesario mayor democracia “democracia plena, democracia intensa, democracia plebeya, de la calle, del parlamento, de la participación, de la movilización. Socialismo es la radicalización absoluta de la democracia. La democracia llevada al trabajo, al parlamento, al sindicato, a la propia vida cotidiana. A profundizar la democracia socialista, buscando la justicia, el buen vivir, con dignidad, con soberanía, para todas y para todos”, finalizó el presidente, dando por cerrado de ese modo el Encuentro Latinoamericano Progresista ELAP 2015, que reunión cientos de dirigentes de izquierda de más de sesenta países durante tres días en Quito, capital de Ecuador.

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