Modernidad y tradición de la pintura peruana se exhibe en México

Fernando de Szyszlo, Gerardo Chávez y José Tola son representantes de los tres momentos que determinaron el desarrollo de la pintura peruana en el siglo XX. En cada uno de ellos, las obras establecieron un nuevo rumbo para la plástica de la nación andina: rompieron con lo establecido, retomaron el mundo prehispánico y, al mismo tiempo, integraron elementos de la modernidad.

La exposición Utopía & Ritual, que se exhibe en el Museo de la Cancillería-Instituto Matías Romero, en el marco del festival Viva Perú 2015, hace una revisión al trabajo de esos maestros a través de más de 25 obras de la tríada de creadores.

El curador Rodrigo Quijano explica que ésta es “una exposición de tres pintores de generaciones distintas, que sintetiza la ruptura pictórica peruana contemporánea, plantea una mirada hacia la historia prehispánica y, de alguna manera, elabora una síntesis entre lo moderno y lo antiguo; de ahí el nombre Utopía & Ritual: la utopía por el modernismo y el ritual a propósito del discurso anterior a la colonización que plantea Szyszlo”.

El experto explicó que Szyszlo, uno de los pintores latinoamericanos más reconocidos en el mundo, estableció en los años 50 “la corriente de la fracción, en medio de un debate en donde había muchos detractores de ella, desde una década antes. Esa ruptura con el discurso establecido marca una etapa importante en la cultura moderna peruana”.

Años después, “Chávez retoma una línea muy similar, pero no desde la fracción, sino desde la figuración, además de que asume el surrealismo. Así como Szyszlo fue vinculado a la cultura mexicana a través de Octavio Paz y Rufino Tamayo, Chávez se acerca a la obra del chileno Roberto Matta y del cubano Wifredo Lam. Ese retorno al figurativismo marca al tercer artista que es José Tola: un creador mucho más cercano a los años 70”, explicó el crítico peruano.

En estas tres generaciones de artistas no hay un discurso lineal porque cada uno representa un momento de quiebre en el cual se pasó del vínculo prehispánico-moderno de Szyszlo, a las telas ásperas con bases de barro de Chávez y terminó en los cuerpos fraccionados de Tola, quien en sus ensamblajes trata de romper con el marco del cuadro mismo, se centra en la especulación de cómo es el sujeto moderno que vive en la inestabilidad.

En ese sentido, las pinturas de los dos últimos tienen fuertes referencias orgánicas. Eso se puede ver en “los cuerpos descoyuntados de Tola, fuera de su centro, mientras que en Chávez se ve en la clara alusión a las culturas originarias de la costa peruana: marcadas por lo desértico. Así como en México, las ciudades antiguas están hechas de piedra, en el litoral peruano son de barro, a eso hace referencia el artista”.

Estos factores consolidaron a Szyszlo, Chávez y Tola “como artistas históricos que, aunque son vigentes, encarnan momentos concretos del arte del siglo XX en Perú”.

Para el curador la importancia de esta exposición reside en que “está armada en la suposición de un diálogo a nivel latinoamericano en cuyos extremos pueden estar Perú y México. Ahí se establece un diálogo fructífero de inquietudes similares, de historias paralelas, de rupturas análogas. Ambos países sufrieron una fractura a partir del siglo XV o XVI con la Colonia. Esta es una base primordial para entender la memoria latinoamericana a partir de ese rompimiento y los discursos modernos”.

Quijano comentó que “esta muestra reentabla un diálogo que ha estado latente pero no siempre activo entre México y Perú. El público asistente podrá establecer paralelismos entre los dos países y en sus crisis, generadas por transformaciones violentas y procesos históricos no siempre resueltos a nivel nacional ni continental”.

Publicado en La Razón
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