Arte por la reinserción en las cárceles de Perú

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Este colectivo es un proyecto carcelario creado por el sacerdote belga Hubert Lanssiers (1929-2006) en los años sesenta. El recordado religioso europeo, después de afincarse en el Perú, decidió crear esta empresa de amor, “que ya ha dado frutos visibles”, según confiesa Álvarez, su sucesor.

La institución que trabaja con talleres de arte en los penales de Lima –especialmente en los de varones debido al actual régimen carcelario– y también de provincias, realizará su 19ª Exposición-venta, denominada Arte intramuros: Recuperando dignidad, en la galería del Icpna de Miraflores, del 15 al 23 de diciembre. El motivo es la proximidad de la fiesta navideña.

Haciendo historia

La labor pastoral en los penales tuvo su bautizo con la donación de un horno por parte de la embajada de Holanda. A esta hermosa acción se sumaron las embajadas de España –que propició la multiplicación de estos centros en el resto de las cárceles del país– y, por supuesto, la embajada de Bélgica.

También participan en esta labor redentora organizaciones de carácter social como Cáritas Ginebra, CAF-Banco de Desarrollo de América Latina y la Fundación Mokichi Okada. “A estas entidades se han unido personas de gran corazón, como el fotógrafo Daniel Giannoni, que colabora con nosotros hace veinte años, o el artista Bruno Portugués, entre otros solidarios maestros”, menciona Álvarez.

Dos personalidades recurrentes son los escritores Daniel Alarcón y Santiago Roncagliolo, que nunca dejan de visitar los talleres de los penales cuando recalan por Lima. Roncagliolo es el responsable esta vez de los textos del catálogo y de la presentación.

“Tengo que subrayar que gracias a la Fundación Mokichi Okada se ha perfeccionado el arte de la cerámica, logrando una mejor textura”, relata Álvarez.

“El arte es una oportunidad, una redención y un motivo para vivir”, nos afirma un ex interno que prefiere quedar en el anonimato. Viendo sus trabajos, imposible no darle la razón.

El arte te libera

La soledad, la indiferencia y posteriormente el estigma son las consecuencias que deben enfrentar los convictos; sin embargo, no todo está perdido. Así lo comprendió el padre Lanssiers, quien utilizó como única arma su fe en la reivindicación del hombre que ha delinquido, si se le provee de los medios adecuados para lograr la esperada reinserción. El milagro se está logrando por medio del arte.

El padre Lanssiers, al afincarse en el Perú, decidió ayudar a los presos a reinsertarse a la sociedad.

Publicado en El Peruano
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