Elena Varela: “Los pueblos latinoamericanos logramos reconstruirnos con nuestra propia cultura”

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La documentalista chilena Elena Varela estuvo en Buenos Aires para difundir su documental Newen Mapuche. Fuerza de la Gente de la Tierra. Se trata de una película de profunda investigación periodística, que revela la vulneración de los derechos humanos contra los pueblos originarios por parte de los distintos gobiernos chilenos, sin importar el color partidario de turno.

Mientras estaba realizándola fue perseguida, detenida y encarcelada por casi dos años. Era 2008, años del primer gobierno de la presidenta Michele Bachelet. El material que había realizado fue incautado y utilizado para capturar a líderes mapuches. El gobierno chileno aplicó contra ella y contra los líderes mapuches la Ley antiterrorista. Fueron acusados de actos de delictivos contra la propiedad privada, robos y violación de información militar, típico montaje judicial y policial contra los movimientos sociales.

Al recobrar su libertad, sólo pudo recuperar el 10% de lo filmado. Fue con ese material y archivos que pudo agregar que terminó su película. Algunos colegas le aportarían luego material que testimonia que en aquel operativo participaron fuerzas policiales presumiblemente no chilenos.

La proyección de su película, en el marco de un ciclo de cine-debate que se realizó en el Ecunhi, el espacio cultural que Madres de Plaza de Mayo tiene en la ex ESMA, sirvió a Elena Varela para compartir su experiencia, advirtiendo sobre cómo la experiencia represiva y de desarticulación de los movimientos sociales que se sigue en Chile desde la dictadura de Pinochet condiciona la democracia chilena y cómo proyecta reproducirse en toda Latinoamérica.

–¿Qué significó visitar la Argentina a pocos días del cambio de gobierno?

–Es incomprensible que todo el trabajo que se hizo desde las bases no se viera reflejado en las elecciones. Me llamó mucho la atención. Desde algún punto de vista, da la sensación de que todo ese trabajo social que se viene dando desde hace tantos años, todo ese esfuerzo, se desplomara. Algo falló y habrá que analizarlo.

–Usted tiene una gran experiencia vivida con la resistencia de los pueblos originarios. ¿Cuáles son las herramientas con las que cuentan para sostener su lucha?

–En primer lugar, está la cultura. Pero también el pleno conocimiento de su historia y el cuidado de la religiosidad, que es una de las fuerzas más potentes que tienen para conservar su identidad, levantarse y luchar por sus reivindicaciones, sus reclamos territoriales… Eso fue fundamental para reconstruir su historia. Tengamos presente que los intentaron destruir y que fue a través de la religiosidad, de la cultura, de la conciencia de su historia y de la recuperación de sus tierras como empezaron a reconstruir un espacio social, político y territorial en la historia de los pueblos.

–¿Qué lectura hace de las conquistas sobre las que había avanzado la región en términos de democracia e identidad y los nuevos embates que asestó la derecha?

–Me hace preguntar hasta qué punto, después de las dictaduras militares, los pueblos latinoamericanos logramos reconstruirnos con nuestra propia identidad, con nuestra propia cultura… Los gobiernos democráticos que se instalaron en los distintos países latinoamericanos luego de las dictaduras, en el fondo, dieron continuidad a las estructuras montadas con el modelo económico y no nos dejaron reconstruir nuestra identidad, basada en los valores cuyo desarrollo fueron interrumpidos por la misma dictadura. Como la solidaridad. Lograron obstaculizar nuestra capacidad de organizarnos, retomar las demandas sociales… Hubo grandes esfuerzos, pero lograron instalarnos modelos de democracias que nunca quisimos. Nunca había sido esa idea de democracia por las que peleamos. Nosotros luchamos para otra idea de democracia, a nivel general, nacional, pero fueron armando un andamiaje con leyes y mecanismos que no tienen que ver realmente con las demandas sociales ni con la identidad popular ni con lo que perdimos. Porque con las dictaduras perdimos mucho y no volvimos a recuperarlo.

–En muchas de las nuevas experiencias de democracias latinoamericanas, los gobiernos dejaron de lado los reclamos de las organizaciones sociales. ¿Qué rol deberían cumplir?

–Las organizaciones sociales son fundamentales. Son lo más importante que tiene la base de la sociedad. Y en que no se los haya empoderado radica uno de los mayores frenos para estos avances. Desde allí debería construirse la historia, un sistema, un plan y un proceso. Debió haberse trabajado allí para reconstruirse, salvar lo perdido y orientarse con identidad latinoamericana hacia algo distinto a estas democracias que ya estaban diseñadas desde antes y condicionadas desde el plano económico y que hicieron que todas las organizaciones que surgieron fueran marginadas de la misma democracia.

–¿Coincide con que las democracias que surgieron se ocuparon más en manejar estructuras de gobierno que en desarrollar o pensar nuevas formas de abordajes multiculturales o incluso pensar en el concepto de plurinación?

–Claro. A estas democracias, tal como fueron prediseñadas después de las dictaduras para sostener un modelo económico neoliberal, obviamente no les conviene levantar estas instancias de organización y organizaciones y que trascienda a la institucionalidad. Es una forma de seguir controlando que no se levante una verdadera democracia donde se empodere y respete la voluntad del pueblo. En estas pseudodemocracias, los intereses del pueblo quedan al margen. Por eso no se integraron los pueblos originarios. No es que no haya voluntad ni conciencia, está condicionado de esa manera.

–¿Dónde cree que habría que enfocarse, entonces?

–Hoy, las organizaciones están aisladas, que es lo que el sistema quiere. No se está construyendo algo común, más allá de las realidades distintas entre pueblos y entre países. La debilidad de las organizaciones sociales tiene que ver con cierta falta de conciencia. Pero hay una base de construcción social que creo que lentamente va logrando sus objetivos, incluso a pesar de la marginación que refuerzan desde los medios. Creo que hay que fortalecer las organizaciones sociales, y a la vez unificarlas para conseguir un mismo objetivo, que es la construcción de una democracia popular. Todo tiene que ver con ponerse en el lugar del otro. Creo que lo que hace falta es elevar los niveles de conciencia de las personas que luchan. Algo ligado a la formación y a la coherencia de acción frente a la realidad. Necesitamos gente decidida a sostener una lucha, que realmente se la juegue, que no abandone y que ayude a formar a otros que tomen la posta en esa lucha, como las Madres. Y creo que eso se logra generando espacios de construcción colectiva que sostengan experiencias de ir logrando objetivos de conquista conjunta. El desafío de la toma de conciencia es lo que permitirá superar la barrera que divide a la sociedad en estos momentos: del “me voy a casa porque me dio miedo” al “hasta la victoria siempre”.

Publicado en Miradas al Sur
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