Entre la Navidad y el Kapak Raymi

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En la ciudad de Quito, convocados por la Subsecretaría de Identidades Culturales del Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador tuvo lugar el lunes 21 de diciembre un debate a propósito del encuentro de las tradiciones de la Navidad y el Kapac Raymi.

Kapac Raymi es una fiesta ancestral, pre hispánica, conocida en como «fiesta de la nueva vida», se festeja el 21 de diciembre, coincidiendo con el solsticio (de verano o invierno, según el hemisferio). Festividad que ha sido ocultada e incluso suplantada a la fuerza por la festividad cristiana de la Navidad a partir de la invasión de nuestro continente, Kapac Raymi ha vuelto a instalarse con fuerza identitaria en la tradición de muchas comunidades, tanto en Ecuador como en otros lugares de la región andina.

A partir de esa imposición y ocultamiento, la navidad también se instaló en la cultura popular y los pueblos, al apropiarse de estos festejos rituales, recrean en ellos sus propios creencias, deseos, sueños y aprendizajes ancestrales.

Es por ello que el debate sobre lo ancestral, la imposición de subjetividades y el sincretismo, resulta más que interesante en estos tiempos de recuperación de las culturas originarias. Del mismo participaron el arquitecto Julio Saransig,  profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en Ibarra y Fabián Saltos, antropólogo y funcionario de la Subsecretaria de Patrimonio del Ministerio de Cultura.

Con la idea central de “descolonizar el pensamiento» comenzó su exposición Julio Saransig. Delineó esa visión occidental que impusieron los conquistadores sobre los pueblos indoamericanos, no solo por la espada, sino a partir de su propio nivel de “desarrollo”, por lo tanto un acercamiento subjetivo, para valorar al mundo indígena recién descubierto.

Así los habitantes ancestrales fueron considerados ignorantes, paganos y sin futuro. Ignorantes porque no sabían escribir, al menos de la forma que lo hacían los europeos recién llegados. Paganos por no tener templos religiosos a la usanza europea, pero ignorando que sus “templos” eran en realidad observatorios astronómicos desde los cuales surgió y se desarrolló el conocimiento que los acercó a la comprensión de la naturaleza y los efectos de ésta sobre sus vidas.

La cosmovisión de estas culturas ancestrales se basa en el conocimiento adquirido mediante experiencias vivenciales, acumuladas durante cientos y miles de años, que se transmiten de generación en generación. Curiosamente consideran que para ser líder lo primero que se les exige es ser papá o mamá.

Se cuestionan si en realidad Dios creó a los hombres o si los hombres fueron los creadores del concepto Dios. A diferencia de la experiencia occidental donde el hombre se considera a sí mismo el centro de todo, el mundo indígena se proyecta de forma inversa. Los colonizadores consideraron al mundo indígena incapaz de desarrollarse y progresar a menos que fueran homogeneizados según la visión occidental, pero ignoraron cuanta similitud había entre todas las experiencias culturales que surgieron a partir de las dos Culturas Madre de Abya Yala.

La primera evidencia es la chacana, que no es la cruz andina sino un ordenador que surge precisamente del conocimiento de los solsticios y equinoccios, y que utilizaron para organizar sus vidas todos los pueblos originarios desde el Estrecho de Bering hasta la Tierra del Fuego.

El considerar al Cosmos bajo tres principios, el macro, el meso y micro, comunes en todos los pueblos del continente, indican que la “homogeneización” europea solo consiguió sepultar o al menos deformar, junto con las construcciones arquitectónicas destinadas a observatorios astronómicos, ese conocimiento de equilibrio que habían conquistado mucho antes de su llegada.

Concluyó su disertación al resaltar la presencia de cuatro desafíos para este encuentro de culturas, las cosmovisiones, la interculturalidad, los ingenios para la vida y los modos de vida, todos ellos temas de estudio para abrir puentes de entendimiento y no de confrontación, a partir de que para los pueblos indígenas no existe la verdad absoluta.

Fabián Saltos, a su vez, presentó el tema La Navidad Criolla y el Pase del Niño en el Ecuador, apoyado en investigaciones realizadas sobre un hecho particular dentro del amplio sincretismo que se produjo durante varios cientos de años al entrar en contacto las culturas de las colonias y las de los pueblos conquistados, por supuesto en detrimento de los colonizados. Se refirió en general a la imposición de la religión católica, y en particular en el Distrito Metropolitano de Quito, a la festividad denominada pase del niño que celebra el nacimiento en Belén de Jesús, hijo de José y María.

En la Capital de Ecuador esta celebración tiene una especial trascendencia, con una configuración un tanto diferente a la del catolicismo formal, y más cercana a la religiosidad popular. En las comunas dentro de la urbe, como El Inca, Guápulo, y varios otros asentamientos, aún en el presente, se comunican entre ellos mediante el kichwa. Hacia el sur de la ciudad, en Chilibulo y otros puntos, las comunidades se resisten tanto a la homogeneización como a la capacidad devoradora de los mercados, mientras otras han sucumbido.

Las que han mantenido la tradición en cierto modo, específicamente las yumbadas, por ejemplo las de Cotocollao y la Magdalena, el 24 de diciembre hacen el Pase del Niño, donde se toman las plazas y reivindican sus creencias religiosas ya mixtificadas por el paso del tiempo, donde convergen la religión católica formal, la popular española y las religiones prehispánicas.

La religiosidad se expresa en el rito más importante, la fiesta popular o pública, que es sobre todo gozo, es recuerdo y memoria, tiene música, vestimentas especiales, baile y gastronomía. Algunas fiestas llegan a institucionalizarse pero no reciben la aprobación y participación de la población pues consideran se pierde todo el espíritu colectivo, de espontaneidad y familiar que las caracteriza.

La forma en que el Ecuador celebra estas fiestas tiene mucho del mestizaje religioso que durante varios siglos impera aún, no solo acá sino en toda la América, desde los comienzos mismos del coloniaje, y que tiene mucho que ver también con el mestizaje anterior que recibió la fe católica en los tiempos del Imperio Romano, sometida a los ritos y costumbres paganas y consumistas de la época.

Las fiestas se viven también a través de sus íconos, de sus imágenes y sus milagros. “Santo, Virgen, Cristo o Niño que no tiene milagros no tiene devotos”, aseguró Fabián y lo demostró con el ejemplo de una virgen que no tiene milagros y por eso no tiene devotos: la Virgen del Panecillo, en contraste con las vírgenes del Quinche, o del Guápulo, entre otras.

En esencia el Pase del Niño consiste en extraer de la iglesia la imagen del niño Jesús, sacarlo a las calles en procesión para ser venerado por los asistentes, que prácticamente son todos pues es un ritual que transcurre en las calles de los distintos barrios.

Es característico en la religiosidad popular ciertas exigencias al santo o la virgen que si no se cumplen implican la extorsión y en algunas regiones hasta el “castigo”. Lo que parece a priori una irreverencia es en el fondo una mayor identificación con éstos que, materializados en figuras, son identificados y reconocidos como protectores.

Para finalizar este diálogo entre saberes, los participantes fueron convocados a solventar dudas pero en realidad la mayoría fueron exposiciones y puntos de vistas que también apuntaron a una mejor comprensión de la esencia del tema en debate, que se manifiesta en la convivencia, compatibilidad y aceptación de esa mixtura que el transcurrir del tiempo ha ido modernizando día a día con el empoderamiento por parte del pueblo y sus fiestas.

Queda en pie para estos estudiosos que presentaron sus investigaciones y otros muchos que vendrán, a seguir profundizando en estos temas, apreciándolos desde una óptica que no debe ignorar que tanto las creencias y las visiones del mundo indígena como las que trajeron consigo los colonizadores, han ido en sí mismas transformándose en la confrontación y el mestizaje.

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