Entrevista exclusiva al ministro de cultura de Ecuador Guillaume Long: «Los ministerios de cultura deben ser rectores de un sistema de cultura

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Por NodalCultura
Guillaume Long es desde marzo de 2015 el ministro de Cultura y Patrimonio de Ecuador. Hasta esa fecha había ocupado el cargo de ministro de Talento Humano y anteriormente el de Presidente del Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior. Es además Presidente de la comisión de relaciones internacionales del Movimiento Alianza País. Tiene títulos de post doctorado, especializado en historia y relaciones internacionales. Suele recorrer la región, EEUU y países de Europa presentando la situación actual del Ecuador, contextualizando los últimos veinte años de su historia económica, social y política en la que se destaca el desmoronamiento del Estado y su reconstrucción por parte del gobierno que encabeza Rafael Correa.

Long tiene la capacidad de pensar con herramientas diversas las cuestiones. Habla con la misma autoridad de cultura, como de historia y economía. Por lo tanto su modo de enfocar los problemas que se le plantean es multidisciplinar y multidimensional. Esto hace que su visión enriquezca las perspectivas para quien lo escucha.

Aparentemente incansable, confesó que hacía más de 24 horas que no dormía al momento de la entrevista, no dejó de lucir una presencia impecable y una apertura total al diálogo cuando conversó con NodalCultura en forma exclusiva.

Su primera aparición pública en el cargo fue un encuentro con la comunidad en el mercado San Roque en Quito. A quienes leímos esa noticia, nos hizo pensar que usted es un ministro de cultura que probablemente aborda la cultura desde una concepción claramente política, más integral del concepto que la visión principalmente relacionada con las artes y con llevar espectáculos de un lado al otro. ¿Por qué la primera aparición pública como ministro fue en el mercado?

– Estoy totalmente de acuerdo con el preámbulo de tu pregunta, creo que la cultura no es solamente el espectáculo artístico, ni siquiera son solamente los artistas. En Ecuador hemos consagrado lo que llamamos los derechos culturales en nuestra constitución y los derechos culturales son de todas y de todos. Hay derechos de acceso a la cultura y derechos que tienen que ver con la producción; hay derechos que tienen que ver con la identidad y hay derechos que tienen que ver con el espacio público y no privatizado. Es decir, hay derechos culturales de los cuales todos somos beneficiarios, por lo tanto me parecía importante en esta primera señal como ministro de cultura comunicar esto.

El ministerio de cultura había sido hasta entonces, no exclusivamente pero en gran medida, el ministerio de los artistas. Es como si el ministerio de salud fuera el ministerio de los médicos. Es el ministerio del derecho que tienen los habitantes de un país a la salud. Por supuesto que los médicos son actores fundamentales del sistema de salud y son probablemente el sector más fundamental, pero no son los beneficiarios del sistema de salud. De igual manera sucede con los artistas. Pero creo que con el caso de cultura es todavía más presente ese ejemplo porque todos somos sujetos de la construcción cultural, que es colectiva, del país, de la comunidad. Es decir, todos somos un poquito artistas también, lo que complejiza la cuestión aún más, ya que en el caso de la medicina no todos somos médicos.

En segundo lugar el mercado San Roque es un espacio increíble que está en un lugar muy complejo de la ciudad. Algunos académicos hablan de ese tipo de lugares como «lo urbano marginal», a mi no me gusta decir eso y tampoco me gusta hablar de periferia porque está en pleno centro de la ciudad, no está en la periferia, pero es el lugar de encuentro entre el mundo urbano y el mundo rural, entre el mundo del mestizaje y el mundo indígena, es donde vive la cultura ancestral –que es muy importante en los Andes- dentro de lo cotidiano: La cultura gastronomía, las hierbas medicinales, los animales vivos que están allí, los procesos de limpias. Me pareció que era importante ese reconocimiento de ese lugar que es y fue durante miles de años, e inclusive antes de la conquista de los españoles, un mercado y como tal un vínculo entre el mundo rural y el mundo urbano y que es un espacio que todavía presenta todas las contradicciones de la cultura y de las culturas ecuatorianas. Ecuador es un país que ha sufrido mucha división regional no solo entre campo y ciudad sino también entre costa y sierra y amazonía.  El mercado es a donde llegan todos los productos costeros, ahí llegan todos los productos amazónicos y de la sierra. Ahí hay un melting pot, como es la palabra anglosajona, tan fascinante que quería destacarlo.

Y finalmente, era el día internacional del patrimonio cultural. Muchos aun creen que el patrimonio son solamente las viejas piedras, la vieja iglesia colonial, el patrimonio arqueológico. Eso es importante por supuesto, pero esa es la visión patrimonialista que teníamos antes, cuando la institución que estaba a cargo del patrimonio del Ecuador y de varios países de América Latina eran los bancos centrales. No teníamos ministerio de cultura y los que hacían un poco de mecenas de la cultura y de las artes era el Banco Central, porque a inicios del S.XX este empezó a comprar oro para respaldar la emisión de dinero y claro, el oro en los andes muchas veces viene en forma de joya, de bienes arqueológicos y de bienes patrimoniales ancestrales. Eso fue convirtiendo poco a poco a los bancos centrales en toda América Latina bancos coleccionistas que fueron apropiándose y, a pesar que eran instituciones públicas, privatizando de facto nuestro patrimonio. Llegaron a comprar no solo oro, sino que todo el arte y todas las esculturas, todas las pinturas de los de los grandes artistas ecuatorianos. La semana pasada logré el traspaso desde el Banco Central al Ministerio de Cultura de más de 65000 bienes patrimoniales del Banco Central al Ministerio de Cultura. Este patrimonio estaba virtualmente, aunque no legalmente, privatizado. Tu para hacer una exposición de arte necesitabas una obra, si es que el cuadro estaba en la oficina del gerente del Banco Central, olvidate!, nunca te lo iban a prestar. En realidad estaba privatizado en ese sentido.

¿Cuál era entonces la intención de esa señal de la primera aparición como ministro? El mercado San Roque era el espacio público frente al espacio privado, una definición mucho más grande del patrimonio que incluye la gastronomía, la ancestralidad, que representa este encuentro entre el mundo indígena y el mundo urbano, y no solo el patrimonio de los próceres y de los patricios de nuestra república.

Hace unos días en la celebracióm del Inti Raymi afirmó que “la celebración es una fiesta ancestral y no un folklore para turistas”. Me parece muy interesante pensar esta frase en la clave de una matriz de concepción de la industria cultural, de la puesta en valor de los bienes culturales e incluso de la privatización de esos mismos, porque como decía de la actuación de los bancos centrales, hay gestores que privatizan aún cuando los bienes se mantengan en un espacio público.

– Yo creo que el patrimonio vivido, el patrimonio cotidiano es el más importante y creo que hay un gran riesgo de la folklorización del mundo indígena que en Ecuador es muy importante. Vivimos en un país plurinacional e intercultural, lo que representa una variable muy importante. Nosotros hablamos mucho de la interculturalidad ¿Qué significa interculturalidad? No significa poner al indígena en un parque tipo Disneylandia, no significa la cosificación del indígena o del indígena objeto como una cosa de, digamos, morbo turístico. Inti Raymi es un momento esencialmente comunitario, el momento de la minga, que es algo muy importante en el mundo andino,  el momento de la comunidad y de los valores que acompañan a este espíritu comunitario. Esto tiene que ser real, no ficticio ni actuado. Lo mismo podríamos decir del patrimonio de una de las ciudades más patrimoniales de América Latina que es Quito. Quito es una ciudad hermosa y estamos tratando de que esa ciudad sea vivida, pero ahora nos preocupa un poco la gestión actual del nuevo alcalde que creo que tiene una visión bastante privatizadora del patrimonio. Es cierto que hay que ser algo pragmático y no fundamentalista, por supuesto que queremos turismo y por supuesto que queremos estimulación económica, inyección de recursos en el centro histórico, queremos universidades, queremos actividad económica, queremos escuelas, queremos museos mercados, pero no queremos una gentrificación del centro histórico que signifique la expulsión de los moradores de ahí. Ese equilibrio es muy complejo y es el deber ser de la política pública de nuestro ministerio.

Tomando esta noción que se hace presente en el nuevo gobierno de Quito y mi anterior pregunta ¿Cómo se articula esta matriz por la cual la cultura puesta en valor es la política de la gestión cultural con la gestión política de la cultura?

Mira, la cultura se pone en valor pero además se suscita, no se decreta. Entonces los ministerios de cultura a mi manera de ver no tienen que hacer actividad cultural. Los ministerios de cultura lo que tienen que hacer es ser rectores de un sistema de cultura. Con instituciones, con sistemas de fomento, con institucionalidad, con reglas de juego. Porque si no va a ser el ministerio eterno de la caja de las artes y la cultura. Y digo la caja chica pero la mayoría de los gobiernos tienen preocupaciones apremiantes  por lo cual tampoco es que los recursos son tantos para la cultura. Si no fuera así termina siendo el gobierno de la caja chica, de los clientelismos, del «a los artistas que me caen bien les doy, a los que me caen mal no les doy». Entonces es muy importante que los ministerios de cultura regulen el sector del campo, tengan políticas activas de fomento, que no sean clientelares, que sean absolutamente -no me gusta la palabra- meritocráticas, digamos, transparentes y que sean los gestores de la institucionalidad de la cultura. Porque si tú mismo estás diciendo «aquí en este lugar voy a hacer esto», eso está bien para rescatar una iglesia que se cae, un bien patrimonial que hay que restaurar, pero para generar actividad cultural muchas veces solo hace falta empoderar a los actores que ya existen, que ya tienen iniciativa. Yo creo que el ministerio de cultura tiene que ser veedor de estos proyectos pero no necesariamente el gestor de estos proyectos.

Ahora nosotros tenemos unos centros culturales comunitarios, veintidós a nivel nacional, que entregamos a las comunidades para que ahí ellos hagan cultura. Nosotros podemos acompañar en el modelo de gestión para que no caigan en desuso, podemos asesorar a las comunidades que están manejando estos espacios que les hemos entregado, por supuesto, pero no somos nosotros los que estamos diciendo lo que hay que hacer ahí sino que estamos acompañando con recursos y con algo de know how, con algo de expertisia, lo que está aconteciendo en estos centros.

Está pendiente el proyecto de ley de cultura que es parte del proyecto de nueva constitucionalidad y que sin duda ese es uno de los propósitos que tendrá como ministro ¿Qué debería contener esta ley? ¿Qué marco debería dar al desarrollo de la cultura ecuatoriana?

– Dos cosas fundamentales, lo primero, una institucionalidad clara. Hablamos del Banco Central ahora y el patrimonio es de todas y de todos, es público y el rector debe ser el Ministerio de Cultura. Otro tema que está aún por resolverse que es el tema de la Casa de la Cultura. En Ecuador la Casa de la Cultura es una institución que reemplazó durante muchísimos años a un ministerio ausente y tiene autonomía, aunque muchas veces no hay mucha claridad en lo que hace. Tiene un gasto administrativo desmesurado, y tiene en algunos casos –y esta es una crítica que le haría- una visión un poco sesentera y setentera de la cultura, que está muy bien esa visión para un grupo etario, pero que no necesariamente abre espacios para nuevas generaciones. Entonces ahí vamos a hacer una reforma importante. No es un tema menor, la Casa de la Cultura Ecuatoriana es creada por Benjamín Carreón en 1948 después de la revolución del cuarenta y cuatro, tiene mucha carga simbólica y emblemática y le vamos a sostener su identidad. Es un poco como cuando uno habla de una universidad. Vamos a mantener su autonomía, que es muy importante para la Casa de la Cultura, pero con rendición de cuentas, con transparencia, no con noventa por ciento de gasto administrativo, no con algunas de las prácticas que queremos desterrar. Este es un tema pendiente del lado de la institucionalidad.

El otro pilar fundamental de la ley es el tema del fomento. Nosotros no tenemos políticas fuertes de fomento de la cultura, más bien ha sido este gobierno el que ha establecido fondos anuales importantes para la creatividad y para los emprendimientos culturales, pero cuando no esté este gobierno será un problema sostenerlo, pues no está institucionalizada ninguna ley que establezca porcentajes fijos de fondos de fomento. Es importante organizar en este sentido el sistema nacional de cultura.

¿Qué cambió desde la perspectiva cultural en la vida social a partir de que las diferentes etnias y grupos indígenas irrumpieron en el espacio público y político en los últimos  estos grupos que 15 o 20 años  cuando empezaron a hacerse visibles y empezaron a reivindicar sus propias prácticas?

– Creo que la respuesta a tu pregunta es que se visibilizó la interculturalidad, eso es muy importante. Hasta incluso la izquierda histórica del S.XX en Ecuador era muy modernista, y muy mestizante. Hay notables excepciones como el partido socialista que tuvo un importante proceso dialéctico con el mundo indígena, y ha habido dirigentes indígenas del partido socialista a lo largo del siglo veinte. Pero realmente la irrupción del movimiento indígena en el escenario político ecuatoriano se da con el gran levantamiento de 1991, que rompen los paradigmas ecuatorianos y el indígena se vuelve visible, se vuelve un actor político y además un actor político temido. Tumban a dos gobiernos, con el apoyo de otros, pero fueron los actores más visibles de dos de los tres levantamientos que se saldaron en la transición política. Sobre todo el del 2000 fue un levantamiento indígena increíble. Eso visibilizó a un nuevo actor político, no solamente a un sujeto rural rupestre pasivo, si no un actor político que se hacía escuchar y además visibiliza a otros también como los afroecuatorianos. Visibiliza a la diversidad. Esto desde el anti poder y desde la resistencia al poder, sobre todo al poder del neoliberalismo. Cuando llega Correa al poder, años después, el hace lo mismo pero desde el poder. Esto es muy interesante porque desde el poder visibiliza al mundo indígena. Correa es el primer presidente del ecuador que habla quechua a pesar de que es costeño. Eso en Ecuador es impensable, un costeño que hable quichua!  No hay que olvidar, y hay que colocarlo un poco en su contexto, en el imaginario la nacionalidad quechua son de las sierras, son de los andes, de las montañas, a pesar de que hoy en día la mayor comunidad quechua es en Guayaquil, en la ciudad, pero de todas formas, el costeño en el imaginario no está vinculado al mundo de la interculturalidad. Rafael Correa habla quichua, fue misionero en una comunidad indígena de en los andes, es un costeño que viste diseños indígenas en sus camisas, cuando los costeños toda la vida han rechazado los símbolos y la estética relacionada con lo indígena.  Eso te da algo difícil de entender en el contexto de otros países, pero es muy importante. Luego todos sus enlaces ciudadanos, los días sábados en que semanalmente rinde cuentas a la nación, hay una parte en quichua y además en las diferentes radios comunitarias del país todas están traducidas a las catorce lenguas ancestrales de Ecuador. Estoy solamente dando ejemplos porque esto no se da solamente desde el poder, hay muchas formas de interculturalidad y creo que nos falta todavía muchísimo, todavía tenemos una sociedad racista, todavía tenemos exclusiones, todavía tenemos mucho por avanzar, pero de todas formas, primero desde el anti poder pero demostrando poder y luego desde el poder, se manejan unos códigos culturales que son totalmente nuevos, y que estos se tienen que plasmar en la política pública.

En este sentido en muchos países de la región hoy se avanza en leyes que protejan la existencia y protección de las lenguas como parte del patrimonio cultural ¿Ustedes piensan desde la cultura las lenguas como un elemento clave?

– Si, yo creo que dentro de la cultura las lenguas son un elemento clave pero creo que el gran reto todavía es desde la educación. Creo que la lengua se trabaja desde el sistema de educación, y creo que hay un reto muy fuerte en el Ecuador de tener un sistema educativo intercultural con bilingüismo en las escuelas. Estamos trabajando eso pero es muy complejo, teníamos un sistema bilingüe heredado de la época de Jaime Roldós y luego de la época de Rodrigo Borja,  que fue muy alentador en sus inicios pero que luego cayó en problemas de calidad y era un poco el ghetto de los indígenas y eso es la cuota de los indígenas. La concepción terminó siendo: “Está allí y es de pésima calidad, pero no importa, es la cuota política de los indígenas. Son espacios del estado que maneja la élite de los indígenas así que ‘dale par de millones de dólares ahí y se acabó el problema’”. Esto no es una respuesta universal, ni siquiera una respuesta estructural al problema de la interculturalidad, que no es un tema del ghetto ni de una comunidad, si no que es de las comunidades y la sociedad. Creo que ese es un tema importante que lo estamos trabajando desde el estado ecuatoriano y al que todavía no se han dado todas las respuestas.

Ahora, hay un tema que también hay que reflexionarlo. En el Ecuador tú tienes quichuas, que es la segunda lengua más hablada del país después del castellano y es uno de los idiomas oficiales o de de comunicación intercultural que está reconocido en la constitución, y ahí se justifican escuelas y sistemas bilingües, pero tienes otros idiomas que tienen 800 hablantes o 500 hablantes ¿qué haces desde el estado para no perder esos idiomas? Ahí hay un debate grandísimo que además lo tuvieron en otros países del mundo, acuérdate de lo que sucedió en España con las comunidades autónomas, el país vasco donde la gente había dejado de hablar esa lengua. Pero hoy en día tienes más de cuatro millones de hablantes y para ser funcionario público o burócrata en el estado vasco, tienes que hablar vasco. Aunque vengas de Madrid y no seas vasco tienes que tú aprender. Esas son políticas complejas para nosotros. El tercer idioma más hablado después del quichua es el shuar, pero ya bajaste a 45000 hablantes. Para tener una lengua viva necesitas un sistema de educación, necesitas literatura, necesitas arte, necesitas desde hip-hop hasta todas las formas de expresión. Porque si no tienen hip-hop en shuar, entonces el shuar no es una lengua viva. Todas estas cosas hay que trabajarlas desde cultura y hay que trabajarlas desde educación, pero es un sistema muy complejo que hay que manejar.

Semanas atrás se publicaba una información que decía que en Paraguay se editó el primer disco de rock pesado en guaraní.

– Nosotros tenemos varias bandas metaleras en quichua y tenemos otra banda de hip-hop, rapera, de Otavalo que es al norte de Ecuador, en quichua también que además son famosísimos porque son muy queridos. Si tenemos ese tipo de cosas. Es súper importante pensar lo lingüístico en esos términos. A lo que voy es a que hay salidas, hay respuestas desde el estado pero son complejas, pasan por un sistema bilingüe de educación que hay que hay que establecerlo y además pasan por el acompañamiento del ministerio de cultura.

En general en nuestros países tenemos un proceso de integración política que es bastante interesante. Tengo la sensación sin embargo, de que seguimos teniendo una perspectiva económica de la integración. Usted mismo mencionó en la presentación que hizo recientemente la noción de antiimperialismo económico, la posibilidad de economía de escala que abre la integración. Ahora bien ¿Cómo podemos pensar la integración si seguimos excluyendo la integración desde la cultura?

– Mira hay varios temas. Tu sabes que Gramsci decía que hegemonía es a través del consenso más que de la coerción. El consenso que nos ha traído el sueño americano es increíble, seguimos a pesar de todos los logros que ya van a ser diecisiete  años de revolución ciudadana en Ecuador, bueno, seguramente seguiremos viendo más películas de origen norteamericano que películas ecuatorianas o  latinoamericanas. Tenemos un tema de hegemonía cultural muy fuerte que lo tenemos que enfrentar desde la integración. Creo que más que políticas de encuentro o bienales que son importantes, no lo niego, tenemos que tener políticas de circulación muy fuertes. Circulación de bienes culturales latinoamericanos. También políticas de producción, fondos en común para producir, es cierto,  pero creo que además el cuello de botella en nuestros países tiene que ver más con la circulación que con la producción.

Nosotros acabamos de tener un sombrío episodio de boicot de parte de la mayor cadena de cine del país, que se llama Súpercine, que es la de mayor penetración en los territorios y boicoteó probablemente el mejor documental del cine en Ecuador que acaba de ganar muchos premios, “La muerte de Jaime Roldós” porque hablaba mal de -supuestamente, porque no hablaba tan mal- de un ex presidente de la república, León Febres Cordero, que aparentemente habría sido amigo del dueño de la cadena de cine y de allí decidieron el boicot absoluto. Y nosotros no teníamos las herramientas legales para evitarlo.

Me preguntabas para qué la ley de cultura, este es un ejemplo.  Yo intenté con una demanda ante la superintendencia de control de mercado por prácticas monopólicas, pues es la única herramienta legal que encontré para denunciar este abuso. Imagínate si en Ecuador no tenemos las herramientas para hacer eso, cómo será la circulación de nuestros bienes en América Latina. Pero eso sí, todos los cines de la región, incluso aquellos donde hay más controles o regulaciones, siguen con Spiderman y Superman y todos los otros man ¿no? Y nuestros chicos todavía siguen más enamorados de eso que de otras cosas. Entonces ahí hay un tema que es de escala, que tiene que ver con producción, hay un tema que tiene que ver con la circulación, y hay un tema de imaginarios y de aspiraciones universales que no corresponden necesariamente al ministerio de cultura, que responden a la transversalidad en nuestros procesos políticos, que tienen que ser procesos políticos contra hegemónicos que cuestionen lugares comunes, que cuestionen herencias culturales y de falta de autoestima y de falta de identidad que arrastramos desde la colonia. La descolonización no solo corresponde a la política pública del Ministerio de Cultura si no que hay que leerlo en términos económicos. Nosotros no tenemos moneda nacional ¿por qué? ¿nacimos y somos genéticamente inferiores que otro pueblo? No, pero otros países tienen moneda nacional. Eso tiene mucho que ver con el tema de autoestima, tiene que ver con muchos temas que trascienden la labor exclusiva del ministerio de cultura. Por ello estoy convencido que hay que pensar la cultura no solo desde el ministerio de cultura si no desde la política, desde la economía y desde otros procesos sociales.

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