Cuba: reabrió sus puertas el Gran Teatro de La Habana

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El presidente cubano, Raúl Castro, y la bailarina Alicia Alonso asistieron ayer a la reapertura del Gran Teatro de La Habana, renombrado en honor a la artista, en una función que festejó los 95 años de la “prima ballerina assoluta” y el 57 aniversario de la Revolución cubana.

Castro acudió acompañado del primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel, y otras altas figuras de su Gobierno. Saludó familiarmente a Alonso y se sentaron juntos en una sala totalmente renovada y con capacidad para 1 300 personas.

En el discurso inaugural, el ministro de Cultura cubano, Julián González, reconoció la trayectoria de la exbailarina y coreógrafa, a quien llamó “una de las mujeres más importantes de la historia de Cuba”, porque “tras triunfar en EE.UU.” regresó a la isla y ayudó a fundar la “escuela cubana de ballet”.

“Pocas veces confluyen tantas importantes razones para convocar a un auditorio”, dijo González, en referencia a los 95 años de Alonso y al “cumpleaños de la revolución cubana”.

El Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso” estrenó nuevo nombre en septiembre pasado, por un acuerdo del Consejo de Estado cubano que decidió rendir tributo “de manera excepcional” a la trayectoria de la exbailarina, fundadora del Ballet Nacional de Cuba (BNC), del cual es aún directora general.

En Cuba no es habitual bautizar instituciones o edificaciones con nombres de personalidades vivas.

El edificio, antiguo Centro Gallego de Cuba y una de las joyas de La Habana Vieja, recibió durante tres años una restauración “que merece un libro de memorias”, según advirtió González, en la que se renovó la fachada, se amplió el vestíbulo y se añadieron nuevos espacios como un café y una pequeña sala de espectáculos.

En la sala “Federico García Lorca”, sede de presentación habitual del BNC, se instalaron nuevas lunetas y un moderno sistema de sonido y luces “a la altura de los mejores de teatros de su tipo en el mundo”, según el ministro de Cultura.

Publicado en Cubanet

De regreso a un coloso

En muchos y variados medios ya ha sido noticia la reapertura del Gran Teatro de La Habana, hoy Alicia Alonso, en una pomposa gala que organizó el Ballet Nacional de Cuba para celebrar el advenimiento del año 2016.

Pero no pretendo hablar de aquella gala, trasmitida íntegramente por la televisión cubana con luces y sombras, sino del día en que las puertas del coloso de Prado abrieron sus puertas al público balletómano que añoraba el regreso a su casa habitual. El primer día de enero la gala no fue abierta al público sino por invitaciones especiales para altos exponentes de la política, la sociedad y la cultura cubanas.

Escribir solo sobre ese día sería no hacerle honor al teatro por el que han desfilado las más grandes figuras de nuestro arte, sin contar las no pocas luminarias extranjeras que han encontrado en sus salas el confort, la elegancia y la belleza de uno de los escenarios más engalanados de América Latina.

Lo confieso, esto es un escrito personal. No habla un periodista, sino un niño de diez años que por primera vez vio un ballet en la sala García Lorca cuando no pudo comprar entrada y alguien lo dejó colarse a hurtadillas.

La visión se repite como un déjà vu 14 años después, ticket en mano, para vivir la misma ilusión de un teatro vistoso, con cada detalle cuidadosamente recompuesto como si por magia se volviera a los años de su inauguración, mucho tiempo atrás.

Algunas cosas han cambiado desde hace tres años. Los diferentes espacios y salones se volvieron amplios con la restauración; cada columna, pared o escultura fue meticulosamente restaurada para devolverle al Gran Teatro sus vistas elegantes.

Debo a los lectores una entrevista con su director, Leonardo Tur, para conocer a fondo todos los pormenores de tamaña restauración.

Ahora solo soy un simple niño que volvió al ballet y descubrió su teatro renovado, con una lámpara clásica portentosa coronando un fresco que preside la sala mayor del complejo. Los palcos y espacios muestran nuevo mobiliario, el piso se desnuda en madera brillante y la sala se vuelve clásica con cada adorno de las paredes.

De seguro la maestra Alicia (Alonso), aunque no pueda verlo a plenitud, lo debe sentir. Cuánto le hubiera gustado al maestro Fernando haber podido ver esa sala, su casa para la danza, restaurada de esa forma. Y cuánto añorarían todos los bailarines cubanos que hoy se encuentran por el mundo volver a presentarse en ese escenario. Tiempo al tiempo.

Por supuesto, no puedo dejar de hablar de ballet. La danza se siente, se respira, se observa, se disfruta, se saborea de manera diferente en la sala García Lorca. Es pura magia, indescriptible e indescifrable. No creo existan palabras exactas para explicarlo.

Y volvió a escena el mismo espectáculo Tríptico Clásico que abrió las puertas el día 1 de enero. Esta vez, de seguro, fue una gala más emotiva y cercana. El público de las largas filas, que madruga para alcanzar aunque sea un ticket en la sección Paraíso, allá arriba casi en el techo, aplaudió esa noche como nunca antes.

Volvieron a escena la joven Giselle, esa campesina enamorada que sufre de una enfermedad y por el desengaño de su enamorado. La locura se desata en su interior y muere para convertirse en willy. Bravo por una Sadaise Arencibia correcta, inspiradora, frágil, toda dominio de su personaje y el estilo.

La catarsis de la noche llegó con Estheysis Menéndez en su interpretación de la princesa Odette en el segundo acto de El lago de los cisnes. La Premio de la Crítica UNEAC del 2015 ha sabido bordar a su antojo este personaje convirtiéndose, tal vez, en uno de los referentes en la actualidad al interpretarlo. Siempre es regocijante encontrar en Dani Hernández a un atento partenaire y un príncipe elegante en la escena. No abundan muchos por estos días con esas cualidades de danseur noble.

Para el final, la alegría de las bodas de Swanilda y Franz en Coppelia, y la grata noticia del regreso a la escena cubana de los bailarines principales Grettel Morejón y Alfredo Ibáñez tras exitosas presentaciones junto al Ballet Nacional de Perú. Ella llegó con una seguridad de hierro que irradió sobre la escena, con la fuerza para asumir cualquier reto que se le presente. Siempre ha sido una de las joyas interpretativas de esa compañía y su calidad como ballerina es incuestionable. Lástima que en más de una ocasión no se le haya prestado la atención que merece. Alfredo sigue mostrando sus cualidades como actor y como excelente partenaire, además de una limpieza técnica que, cada vez más deja latente en su desarrollo como bailarín.

El Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso vuelve a ser la casa de la danza en Cuba. Tras tres años de intensa labor de restauración, el más importante de los teatros cubanos se levanta majestuoso en una ciudad que cambia su cara visible.

Publicado en Cuba Contemporánea

Sobradas razones para nombrar Alicia Alonso al Gran Teatro de La Habana

Alicia Alonso tempranamente diseñó estas galas en homenaje al triunfo de la Revolución en el Gran Teatro de La Habana, y este viernes asistimos a la reapertura del coliseo en activo más longevo de América, luego de una reparación capital que lo ubica entre los mejores de su tipo en el mundo, y que por Acuerdo del Consejo de Estado de la República de Cuba, desde el pasado 8 de septiembre, lleva el nombre de la ilustre bailarina. Con el Ballet Nacional de Cuba, siempre joven, y un auditorio lleno de símbolos asistimos a la primera función del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, expresó Julián González, ministro de Cultura durante la ceremonia, que estuvo presidida por el General de Ejército Raúl Castro, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

El primer día del año, la emblemática institución habanera, que durante su larga historia ha acogido a destacadas celebridades del arte y la cultura en sus distintas manifestaciones de danza, música, ópera y teatro, abrió anchas sus puertas totalmente renovada, ante un auditorio colmado de importantes personalidades políticas, culturales y sociales, amigos de diversos puntos del mundo y el personal que de una forma u otra participó en la restauración del teatro.

Tríptico clásico, que reunió el primer acto de Giselle (Coreografía: Alicia Alonso, sobre la original de Jean Coralli y Jules Perrot), el segundo de El lago de los cisnes (Coreografía: Alicia Alonso, sobre la original de Lev Ivanov. Música: Piotr Ilich Chaikovski) y el tercero de Coppélia (Coreografía: Alicia Alonso sobre la original de Arthur Saint-Léon y la versión de Marius Petipa), constituyó el programa con que se celebraba también el cumpleaños 57 de la Revolución Cubana.

Anette Delgado, Dani Hernández, Sadaise Arencibia, Alfredo Ibáñez, Viengsay Valdés y Víctor Estévez, respectivamente, así como los solistas y cuerpo de baile, acompañados por la orquesta del GTH Alicia Alonso, dirigida por el maestro Giovani Duarte, tuvieron a su cargo esta inolvidable Gala.

En ella se rindió un merecido homenaje no solo a una de las más personales y señeras bailarinas de los escenarios de la humanidad, sino a una mujer identificada con los destinos de un pueblo, gloria de Cuba, y anfitriona, por demás, porque con su nombre se inauguraba un nuevo tiempo en la institución habanera. Ella, Alicia Alonso, desde la altura de sus 95 años recién cumplidos, y sobre las tablas, renovadas, de la sala donde tanto bailó, saludó y reverenció a su pueblo que la colmó de largas ovaciones y flores.

En el programa de mano diseñado para el acontecimiento, la insigne bailarina y directora del BNC expresaba, antes, en palabras: «Mi agradecimiento al Consejo de Estado de Cuba, y a mi pueblo, que ha recibido con alegría la noticia de que ahora existe el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. En estos momentos vienen a mi memoria los artistas que anteriormente actuaron en este teatro y la generosidad que significa escoger el nombre de uno de ellos para designarlo. Ser yo la escogida es una acción tan bella y generosa, que es algo que me sobrepasa. Solo acierto a decir: ¡Gracias, muchas gracias!

Publicado en Mundo Popular
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