Costa Rica: Para el maestro boruca Rafael González las máscaras se cuidan solas

Si usted visita y compra una máscara boruca de don Rafael González tiene algo por seguro: no hay otra igual ni la habrá, sus diseños son siempre diferentes y todas son hechas a mano. Le dicen artesanía, pero pienso que más bien se trata de un arte.

rafaelgonzalezmascarero2rafaelgonzalezmascarero-soloEl mascarero tradicional boruca recibe a la gente en su pequeña casa y taller en Yimba Cajc (Rey Curré) con una sonrisa y con toda la paz que existe en una persona.

Sus manos y su mente están habituados a la larga paciencia que es cultivar un arte como este.

Nos cuenta que va a los ríos y quebradas a conseguir los troncos que luego transformará en máscaras, pilones, esquineros y otras formas llenas de motivos borucas. Él no deforesta, recoge lo que la naturaleza lleva en sus cauces.

Sus máscaras son construidas por muchos tipos de madera, pero la más popular por liviana y fácil de moldear a mano, y buen precio, es la de balsa. Sin embargo, él tiene máscaras de árboles de corteza muy dura que requieren semanas de oficio, de tallado lento y difícil; son máscaras que pueden lograr precios hasta de ¢250.000,00, aunque usted puede encontrar máscaras pequeñas de balsa con motivos de jaguar, de los diablitos, entre otros, desde ¢15.000,00. Son máscaras para toda la vida y más allá.

Don Rafael González es sobrino de Ismael González, líder de la comunidad y abuelo de muchísimos en esas tierras borucas, él simboliza una línea genealógica de las varias que componen esta comunidad.

Este domingo 31 de enero hablamos con él en su casa-taller, en el marco del Festival de los Diablitos de su comunidad, donde llegamos con el tour “Encuentro con tres culturas” que trabaja desde hace 5 años esta plataforma cultural.

A don Rafa González usted lo puede encontrar en Curré, donde vive solo, pero acompañado de muchos vecinos. A veces viaja, ¿y las máscaras don Rafael, dónde las deja?, le pregunta algún curioso. “Aquí mismo, las máscaras se cuidan solas”, responde. Entonces no nos queda duda, en la visión y la labor del mascarero hay un trabajo espiritual, algo más allá de un diseño, una forma o unos colores, es algo que él siente y que hace por conectarse con su vida, con su pasado y el pasado de sus antepasados; lo material no tiene importancia, pero ayuda a sobrevivir.

Quedan las palabras, a don Rafa hay que conocerlo, visitarlo y llevarse una obra de arte auténtica. Nos despedimos una vez más de su taller, siempre esperamos volver.

Publicado en CulturaCR
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