Teatro: La Ciudad como universo dramático en Nicaragua

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El Teatro Justo Rufino Garay vuelve a dar en el blanco. Después de su versión desgarradora, poderosa y estéticamente innovadora de La Mordaza de Alfonso Sastre, nos trae ahora una creación propia, escrita por su directora Millán.

La ciudad vacía es algo más que una mirada nostálgica al pasado de nuestra no ciudad. Partiendo de la capital inexistente, trasciende al contexto país (quizás más bien nación) y lo aborda con un discurso directo, expresivo y a veces humorístico.

Tres líneas de una realidad permanente, que nos persigue denodadamente y consigue no pasar de moda entre nosotros.

La primera: El regreso a una Ítaca añorada y utópica, cuyos contornos se desdibujan en una niebla poblada de acomodos.

La segunda: La obsesión por la ciudad, país que un día fue reducido a escombros. Una parte de nosotros mismos quedó como en suspenso y recorremos sus ruinas tratando de reconocernos en su espejo de tierra.

La tercera: La búsqueda de la paternidad perdida, ese eterno imposible, en un entorno plagado de padres irresponsables, que para nada se concentran en los sectores más humildes. Es una plaga social en la que participan, como en este caso, profesionales “progresistas” graduados afuera.

LA FAMILIA ESPERPÉNTICA

Las tres líneas argumentales se cruzan y entrecruzan hasta conformar una familia esperpéntica “sui géneris”, pero no imposible.

El texto de Lucero es ambicioso por la temática que abarca y con todo y que el dramatismo es el elemento transversal de la narración, el desarrollo es fluido, y hasta se permite trivializar con la carga emocional que los tres personajes acarrean, concede guiños al espectador e incluso introduce algunos gags cómicos que, arrancando una sonrisa al espectador, le alivian de la tensión que domina la obra.

Con una economía escenográfica absoluta, el decurso de la obra depende por completo de la competencia actoral. Al escenario desnudo se contrapone la ubicuidad creadora de los tres actores, hasta dejarnos sin aliento.

UN POCO DE COMEDIA

La siempre abrumadora presencia escénica de René Medina es esta vez más comedida y matizada. Los que dicen, con cierta envidia, que René  sobreactúa, deben verle en esta.

Lucero Millán está siempre llena de los recursos de su largo oficio y sobre todo de los registros vocales que saca de dentro (técnica y emocionalmente hablando), registros que altera y alterna, en dosis oportunas. Actriz excelente y afilada dramaturga.

Y Joshay Peralta. Cómo ha crecido el muchachito de voz aguda que yo descubrí hace cinco años, hasta convertirse en un actor maduro, físico y a la vez profundo, capaz de hablarles ya de tú a tú a quienes un día no tan lejano fueron sus maestros, hasta el punto de lograr entre los tres un convincente resultado de equilibrio artístico.

RECOMENDADA

Leyendo lo que antecede, entenderán que la obra, que estará exhibiéndose los fines de semana de todo este mes de febrero, me ha gustado mucho, como me gustó Mordazas.

Se la recomiendo a los amantes del teatro; a los adultos mayores, que percibirán reflejos de sí mismos, a los jóvenes para que descubran de qué mimbres está hecha nuestra historia e incluso me atrevo a recomendarla a mis compañeros de gremio. Que ya es atreverse.

La ciudad vacía  escrita y dirigida por Lucero Millán, e interpretada por René Medina, Jhosay Peralta y la autora.

Lucero Millán  interpreta a Sofía, internacionalista de los años ochenta, regresa a Managua para buscar una carta y recuperar su memoria.

TOME NOTA

La ciudad vacía. Viernes 12 y sábado 13 de febrero.  Sala Justo Rufino Garay  (contiguo al  Parque Las Palmas),  7:30 p.m.  Valor: C$200.

Publicado en La Prensa

 

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