La Guerra del Pacífico repensada

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El pasado siempre está cambiando y no puede decirse que la Guerra del Pacífico “ya fue”, en el sentido de que no haya más que añadir a su anaquel de héroes y batallas, de naufragios y de horrores. O de que la percepción que se tiene de ella y de sus consecuencias no haya variado con el tiempo.

El prolongado conflicto es hoy objeto de dos nuevas publicaciones: una, originalmente aparecida en inglés en 2007, es una historia militar escrita por un estadounidense; la otra reúne a investigadores chilenos y peruanos abordando no tanto la guerra como los insumos que provee para pensar en el futuro.

De buenas a primeras, ambas resultan complementarias y lo más probable es que al lector de esta nota no le recuerden a nada que haya leído en el colegio.

Mirada de gringo

Autores de habla inglesa han escrito sobre la Guerra del Pacífico desde 1883, cuando Theodorus Mason, oficial de la Armada de EEUU, publicó The war on the Pacific Coast of South America between Chile and the allied republics of Perú and Bolivia 1879-1881. En 1948, su compatriota Herbert Millington hacía lo propio con American diplomacy and the War of the Pacific, y siete años después el británico Victor Kiernan escribió en la Hispanic American Historical Review un ensayo sobre los intereses foráneos en el conflicto (que inspiró la película chilena Caliche sangriento).

Esta vez, la Dibam presenta Tragedia andina. La lucha en la Guerra del Pacífico 1879-1884. Es la traducción de Andean tragedy, del historiador William Sater. Autor de libros sobre la imagen heroica de Arturo Prat y la prusianización del Ejército chileno, además de coautor de una historia general de Chile, este profesor emérito de la  U. Estatal de Califonia(Long Beach)publicó hace 30 años Chile and the War of the Pacific, donde concluye que el conflicto perjudicó al país en cuanto la conquista de la región salitrera le evitó tener que hacer grandes reformas al sistema fiscal o a la estructura social.

Esta vez deja de enfocarse sólo en Chile e incorpora materiales bolivianos y peruanos (historiografía, cartas, memorias, prensa) “para ofrecer una visión de conjunto”, según cuenta a La Tercera. “Como gringo, creo que puedo hacer una lectura menos parcial de los acontecimientos”.

El autor inserta su objeto de estudio -“uno de los pocos conflictos a gran escala que experimentó el mundo en esa época”- en un contexto donde la Guerra de Secesión en EEUU (1861-1864) y el conflicto franco-prusiano de 1870-1871 alteraron el modo de combatir, compleijizando las tecnologías y modernizando las estrategias. Pero acá no se aprendió gran cosa de la experiencia internacional y la guerra que se libró no tuvo muchas diferencias con las de los tiempos de Napoleón. Los ejércitos, anota Sater, “habían adquirido armamento moderno, pero no el conocimiento que les hubiera permitido usar estos recursos de forma más fluida”.

Esta guerra, que “pareció comenzar por accidente” y donde el determinismo económico habría pesado menos de lo que cierta historiografía ha planteado, se convirtió rápidamente en una “pesadilla logística y médica”: regimientos que no tienen los elementos mínimos para desplazarse, que no se enteran de que van en la dirección equivocada o que se entumecen en la noche del desierto por no tener ropa que sustituya la que llenaron de sudor durante el día.

¿Qué explica, finalmente, la victoria de Chile?, se pregunta Sater. “Su ubicación  geográfica, su infraestructura civil superior y sus instituciones políticas -que lograron funcionar aún durante el estrés de la guerra- y, más importante, las habilidades intelectuales y la experiencia práctica del cuerpo de oficiales”. Eso sí, da a entender que no ganó quien tuvo más aciertos, sino quien cometió menos errores.

En una obra dedicada a quienes se sacrificaron por su patria, Sater no minimiza el heroísmo de peruanos y bolivianos, sumados a Arturo Prat, al tiempo que no oculta los rasgos menos épicos de los chilenos: las atrocidades de quienes desfiguraron rostros con sus corvos; la ineptitud y el cálculo político del almirante Juan Williams Rebolledo, el alcoholismo impenitente del capitán de navío Enrique Simpson y la “generosidad con la sangre ajena” del general Manuel Baquedano, que hasta el final optó por los ataques masivos frontales, que dejaron numerosas bajas entre los suyos.

Por la integración

Publicada por la U. de Tarapacá, La Guerra del Pacífico en perspectiva histórica es una obra colectiva coeditada por dos especialistas en las relaciones chileno-peruanas: José Chaupis, profesor de la Universidad de San Marcos, y Eduardo Cavieres, premio Nacional de Historia 2008. Cavieres ya tiene una trayectoria convocando a investigadores de los tres países involucrados en el conflicto, publicando obras que buscan enriquecer las perspectivas, repensar la enseñanza de la historia en el aula y favorecer la integración.

El nuevo libro, cuenta Cavieres a La Tercera, “surge  de plantearnos frente a la Guerra del Pacífico, no para describirla en sus hechos político-militares, sino para analizarla en sus variadas significaciones y especialmente en cómo pensarla, no sólo como conflicto del pasado, sino también como impedimento para avanzar en el presente hacia procesos de colaboración más amplios”.

Con un total de 18 autores (entre ellos el peruano Daniel Parodi y el premio Nacional 2014, Sergio González, coautores de Las historias que nos unen), el libro se ocupa de los contextos previos a la guerra, los desarrollos nacionales posteriores y “el cómo debiera enseñarse para fomentar una cultura de paz”.

Puede el lector asomarse al destino del soldado desconocido y a las celebraciones de la toma del Morro de Arica, que en sus primeros tiempos eran protagonizadas por la mayoritaria población peruana de dicha ciudad. A la visión estadounidense de la cuestión de Tacna y Arica, y al espinudo ítem de los textos y los currículos escolares.

“Si bien es cierto que las lógicas de las historias oficiales, por ambos lados, son difíciles de desatar”, escribe Cavieres en el libro, “una mejor comprensión social de los significados del conflicto se puede facilitar a partir de un esfuerzo historiográfico por explicar que los enfrentamientos  entre naciones no son necesariamente inevitables”.

Publicado en La Tercera
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