Lilian Kanashiro, semióloga, sobre los debates presidenciales en Perú: «hay casi una defensa de un modelo económico neoliberal que se consolidó»

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Seis días nos separan del último debate presidencial que tendrá esta primera vuelta. Si bien la campaña ha ido acaparando la atención de la opinión pública más por tachas, apelaciones y exclusiones, lo cierto es que el domingo 3 de abril, millones de peruanos estarán pendientes de la esperada confrontación entre los aspirantes a Palacio de Gobierno.

En este marco, la publicación de “Debates presidenciales televisados en el Perú 1990-2011 (Fondo Editorial de la Universidad de Lima, 2016) es propicia porque reconstruye la historia de un suceso muy contemporáneo que, por distintas razones, podría ser trascendental en el epílogo de las siempre duras campañas electorales en nuestro país.

La comunicadora, docente y experta en semiótica Lilian Kanashiro dividió su trabajo en tres partes. En la primera presenta los orígenes y las características de los debates electorales televisados en el exterior, en la segunda desmenuza de los debates presidenciales televisados en Perú desde 1990 hasta 2011 y, finalmente, presenta una aproximación a estos eventos desde la semiótica.

Aquí nuestra charla con la autora de este interesante libro, que será presentado el próximo miércoles 30 de marzo a las 7 p.m. en la librería El Virrey de Miraflores.

¿Cuál es el modelo de debate presidencial que ha seguido nuestro país en los últimos años?

El modelo se inspira básicamente en el norteamericano. Aunque no es exactamente el mismo, porque el moderador juega otro papel, pero está presente la idea del candidato dirigiéndose más hacia la audiencia que debatiendo con sus rivales. Es un modelo que ha primado en la historia de los debates electorales. Aunque hay cambios en los últimos años, a partir de que el Jurado Nacional de Elecciones ha empezado a trabajar un poco más en el formato utilizado.

¿Cuál es la dosis de enfrentamiento que debe tener un debate presidencial?

Creo que debe tener una alta dosis de enfrentamiento pero con reglas de juego claras. Y en esto sí el libro insiste en que no debemos tenerle miedo al conflicto, y que lo interesante es la discusión de las propuestas, de lo que es factible hacer (en un gobierno), de lo que es viable, y además de la capacidad y de los atributos personales del candidato para interactuar con otro.

¿Cuál fue tu objetivo al enfocarte en el ámbito semiótico de los debates presidenciales televisados en Perú?

La semiótica es mi especialidad, pero también había observado que la mayoría de los estudios se habían focalizado en los efectos o en el lenguaje verbal. Y teniendo tanto peso la imagen televisiva de los candidatos me pareció interesante abordar esa dimensión desde la semiótica.

En los ejemplos que mencionas en tu libro, muchas veces los favoritos no terminan ganando el debate. ¿Cuánto pesan las expectativas previas?

Eso está referido básicamente en la parte de la oratoria, cuando se espera que un candidato aplaste a su contendor, no obstante, el otro (menos favorito) se prepara más y las cosas se emparejan en cuanto a la interacción. Creo que sí, tener demasiadas expectativas sobre un candidato puede jugarle en contra. Además, creo que en el debate se busca construir un escenario de impredictibilidad. Si el debate es demasiado predecible, se convierte en una cosa meramente informativa. Lo cual no está mal pero la verdad es que también nos gustan las sorpresas, porque atraen nuestra atención. Y eso hay que aprovecharlo en favor de una pedagogía política.

¿Y en este marco, dónde encajan los denominados ‘debates programáticos’?

El debate programático empieza a adquirir una mayor importancia, sobre todo en la segunda vuelta de un proceso electoral. Y eso pasó en 2011 cuando las diferencias eran tan pequeñas que las mismas encuestadoras no podían dar un ganador. Entonces, para que los electores puedan tener una idea mucho más clara se dan los debates programáticos, que existen hace tiempo pero recién en ese año adquirieron suma importancia por la polarización y por el empate técnico entre los candidatos que competían (Ollanta Humala y Keiko Fujimori)

El libro presenta una trayectoria que va de los años 1990 al 2011 y hay un tema muy interesante: la temática de los debates presidenciales televisados. No siempre el mismo tema llamó la atención de los candidatos…

Hay una línea temática que se mantiene constante y es la económica. Pero por otro lado tienes que el tema educativo tuvo un bloque especial en los años noventa, luego iría diluyéndose y aparece (hoy) en distintos bloques. En donde sí hay cambios es en el tratamiento de lo económico. Si miras el debate de 1990, la idea de la economía eran (proponer) medidas gradualistas. Pasan los años y es casi una defensa de un modelo económico neoliberal que se consolidó. Es decir, mientras antes era ‘busquemos el cambio económico’, luego tenemos procesos electorales en los que la gente más bien se asusta de que el modelo cambie.

Luego está el tema de la seguridad…

Así es, y es un tema muy interesante que está presente en todos los debates pero va cambiando de forma. Obviamente en el año 1990 la seguridad estaba vinculada al tema de la violencia terrorista. Después pasó al tema del narcotráfico y hoy estamos ante el problema de la inseguridad ciudadana. Es el mismo tema pero va cambiando de color conforme pasan los años y creo que esto es parte de los cambios que se van dando en el país.

¿En algún momento el lenguaje no verbal (gestos) podría pasar a ser más importante que el verbal?

Yo no lo colocaría como uno más importante que el otro. Creo que ambos tienen sentido en la medida en que van juntos. Una retórica verbal sin gestualidad que lo apoye no es eficiente, y solo gestos sin retórica verbal te convierten en casi un mimo. Creo que ambos elementos van juntos y es así como se les debe evaluar y apreciar. Cuando a uno lo separas se pierden importantes elementos de análisis.

En tu libro recuerdas dos momentos. Cuando en 2010 Álex González (ex candidato a la alcaldía de Lima) se presenta al debate con un helicóptero de juguete  y cuando (en 2011) Ollanta Humala quiere iniciar su debate con una banderita peruana en la mesa y no le dejan. Si bien no son los mejores recursos, finalmente logran quedar en la memoria de los televidentes…

Así es, y creo que en el caso del debate municipal (dondesalió el helicóptero) ni siquiera lo vi completo, pero quedó en mi mente eso. También hubo un látigo rondando en algún debate [ex candidato presidencial Ricardo Noriega lo usó al final del debate en 2011]. Son figuras muy fuertes, pero ahora las negociaciones han tratado de poder mitigar eso. Y justamente hubo el problema de la bandera porque en las negociaciones previas se había acordado que no habría ningún elemento visual de soporte. Ahora, en los debates a nivel internacional se utilizan (elementos) y a veces se prohíben también. Tenemos allí debates en los que los candidatos levantan papeles, sacan discos. Creo que el lenguaje verbal va acompañado del gestual y al mismo tiempo puede ser apoyado por objetos. Todo depende de lo que negocien los equipos técnicos en la previa.

¿Cuál es la recomendación fundamental que haces para mejorar los debates presidenciales televisados en Perú?

Me parece que un punto importante está en la dimensión de la imagen audiovisual. Se han dado avances muy importantes en 2011 y en las (elecciones) municipales, pero está pendiente una mejora de los formatos de interacción entre los candidatos. Seguimos con los bloques rígidos: tu tiempo, exposición, réplica y dúplica. Si pudiéramos lograr que los candidatos interactúen más libremente, que no se escondan detrás de un podio, que no le hablen a la cámara sino que hablen entre ellos. Necesitamos ver a los políticos debatiendo entre ellos. Creo que el mejor aporte que se puede hacer a nivel de debates en general  es que la ciudadanía ya no espera un candidato que le hable. Ya está cansada de eso. Se quiere ver a los candidatos discutiendo razonable y civilizadamente entre sí, sin necesidad de que se insulten o se tiren cosas. Es un nivel de civilidad que creo que sí se puede conseguir si se ponen las reglas de juego claras.

Finalmente, ¿quién consideras es el llamado a organizar un debate electoral? ¿La sociedad civil o quizás una entidad del Estado como el Jurado Nacional de Elecciones?

Es algo que he venido pensando en los años de investigación que tomó este libro. Me parece importante la entrada del Jurado Nacional de Elecciones en la medida en que le da una mayor consistencia a la hora de las negociaciones. Pero creo que es fundamental la participación de las organizaciones de sociedad civil. Me parece que deben ir juntas, no pueden desaparecer. Los debates electorales televisados en Perú son una iniciativa de la sociedad civil. Bienvenida la entrada del Jurado Nacional de Elecciones, pero creo que es importante un trabajo del Estado y de la sociedad civil. Si no somos capaces de lograr eso vamos a seguir teniendo problemas para integrar nuestra alicaída política y precaria democracia, como dicen los analistas.

Publicado en El Comercio
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