Enrique Avogadro: “Las industrias creativas representan más del 3% del PBI de la Argentina”

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En el marco del Mercado de Industrias Culturales del Sur que se desarrolla en Bogotá hasta el próximo jueves con representantes de diez países, Enrique Avogadro, especialista en Economía Creativa y secretario de Cultura y Creatividad del Ministerio de Cultura, sostiene que los formatos rígidos y sectoriales son cosa de otro tiempo, que la clave está en el talento, y que la tendencia de venta y compra apunta ya no a la venta de contenidos cerrados sino de buenas historias.

Con una agenda apretada en sintonía con lo que ocurre en Micsur, Avogadro se hace un espacio en la vorágine de este mercado regional y explica a Télam lo que significan las industrias creativas, el tema que lo convoca desde que estaba al frente de la Subsecretaría de Economía Creativa en la Ciudad de Buenos Aires y que por estos días protagoniza Sudamérica a través de compradores y vendedores de los sectores de música, artes escénicas, audiovisual, editorial, videojuegos y diseño.

Télam: Desde su gestión ya no se habla de industrias culturales sino de economía creativa, ¿qué significa este cambio de rótulo?
Avogadro: Industrias creativas, economías creativas, ciudades creativas son conceptos que, si bien no son lo mismo, pertenecen a una familia de temas que gira alrededor de la idea de que efectivamente se puede trabajar para promover a los sectores que tienen el talento como insumo principal. Y desde esos sectores generar empleo de alto valor agregado y con la característica de que está fuertemente basado en la identidad, que es lo único que no se puede copiar. Si bien el mundo parece ir hacia una especie de macdonalización, se da un fenómeno interesante porque, en realidad, hoy todo el mundo está buscando la diferencia: aquello que nos hace originales y únicos. Las industrias creativas son, en definitiva, componentes de la economía creativa.

T: ¿Y a qué se refiere con economía creativa?
A: Es el impacto de medir las industrias culturales y creativas no sólo en sí mismas sino en relación con el resto de la economía. Este es otro fenómeno interesante de las industrias creativas; el diseño, por ejemplo, es interesante en sí mismo, pero es mucho más relevante cuando lo vinculás con el resto de los sectores de la economía. Es decir, sectores que no tienen una posibilidad eventualmente de diferenciarse a través del diseño cuentan con la oportunidad de contar una historia original. En definitiva para mí de lo que hablan las industrias creativas es cómo contar buenas historias. Eso es lo que las diferencia.

T: Se plantea que la economía creativa representa el 3% del PBI argentino, ¿qué impacto tiene esto?
A: Son los datos que tenemos del SInCA (Sistema de Información Cultural Argentino), que es del Ministerio, pero sin embargo todavía la economía creativa es difícil de capturar. Es un concepto nuevo y habitualmente miden el impacto solamente en el propio sector de las industrias creativas. Es mucho más difícil medir qué pasa con el resto de la economía. Para mí es más que el 3%; de hecho Nesta, que es la Agencia de Innovación Británica que se ocupa de medir estos temas, viene diciendo desde hace rato que es bastante mayor y está tratando de generar indicadores que den cuenta de esa diferencia.

T: Esa complejidad refleja que no es posible acotarlo a una única área de desarrollo…
A: Si estimulás el pensamiento creativo es muy probable que el impacto sea mucho mayor que solamente con los sectores creativos, con lo cual el tema de los cruces es algo muy interesante para trabajar en el campo de las industrias creativas. En general, dentro del campo cultura, tenés sectores muy verticales como el cine, el libro o la música. Por eso, desde el Ministerio estamos constantemente explorando posibilidades de vinculación entre sectores. Este año lanzamos el programa “Plataforma Futuro”, un concurso que premia la creación cultural contemporánea pero con base interdisciplinaria. En ese cruce de lenguajes lo que está en juego es la idea de que los formatos son algo del siglo XX. Hoy por ejemplo una obra infantil la podés tener en infinitos formatos: es una obra, una animación, un libro, un videojuego, una prenda, una película, una historia oral.

T: ¿Y es posible definir límites en ese cruce de áreas creativas? Por ejemplo ¿la publicidad es un sector a tener en cuenta o no?
A: Hay mucha discusión y teorías distintas. Hay quienes dicen que tiene que estar en Cultura y otros en Desarrollo Económico, la realidad es que tiene que estar a caballo de los dos. Y una teoría sobre su definición es la de la cebolla: una capa donde en el origen están las industrias culturales y se expande hacia sectores creativos, manteniendo que el talento es el insumo principal pero alejándose del valor cultural intrínseco que tiene un artista o escritor. Por otro lado, respecto a la publicidad, la Argentina está en la tabla de países de Producto Bruto Interno per cápita número 30 aproximadamente, y en publicidad estamos 5 o 6. Eso muestra, de alguna manera, que hay algo que está sobrerepresentando en términos creativos. Por eso la oportunidad está no solo en el desarrollo de un sector en específico sino de cómo derramar la creatividad al resto de los sectores.

T: De hecho, a diferencia de mercados específicos de cine, libros o televisión, en Micsur se reúnen en un mismo escenario seis sectores que venden y compran contenidos físicos, inmediatos o incluso proyectos de ideas…
A: Sí, es que vender una idea, en definitiva es contar una buena historia. Cuando vendés un formato estás vendiendo una idea que va atada a un saber hacer y a la capacidad de implementarlo, con lo cual hay muchísimo valor agregado asociado a esa idea. Por ejemplo, en el caso editorial, la discusión hoy es si vender un libro físico o un derecho. En diseño lo mismo. En realidad lo que importa es que se posicione la marca argentina en vínculo con la creatividad para que traccione más el valor de esa misma marca.

T: ¿Y qué rol cree que debe cumplir el Estado en relación a estas industrias?
A: Yo creo que no debe subsumir la política cultural. Desde el Ministerio no es lo único que hacemos, tenemos un montón de programas que no están ligados necesariamente al mercado. Pero en estos casos sí porque tenés la oportunidad, de la mano de emprendedores culturales, de generar empleo de alto valor agregado. Y además los indicadores muestran que este empleo tiene mayor resistencia a la crisis. Si el juego del siglo XXI se va a dar en el campo de la economía creativa, la Argentina tiene una enorme oportunidad de jugarlo bien. Estamos frente a esa ventana y lo que intentamos, en todo caso, es darle herramientas a los emprendedores culturales, que tengan ellos la capacidad de salir. El Estado nunca es creativo; en todo caso nuestro trabajo es generar herramientas y perder el miedo a no monopolizar las discusiones que deben darse entre los creativos.

Publicado por Télam
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