[Cobertura NodalCultura] Jornada 1: Perú, Ecuador y Colombia salen a escena

Por Daniel Cholakian – NodalCultura

Ayer fue el día del debut. Esta primera edición del Festival de Artes Vivas de Loja es mucho más que esto. Porque antes de que un artista pudiera poner un pie sobre un escenario, mucho antes (y en algunos casos no tanto) hubo que construir y poner en funcionamiento el teatro más grande del país y restaurar, en algunos casos prácticamente desde las ruinas, otros escenarios.

El teatro Bolívar es un ejemplo de ello. Se ganaron espacios, se cambió el acceso, se restauraron las butacas, el escenario, el telón. Se desarrolló una fachada y un foyer acorde con la estructura colonial clásica de la sala, se recuperaron los palcos, se lo equipó técnicamente y se construyeron camarines con excelentes condiciones para el trabajo de los artistas. La recuperación de esta sala, invadida por el abandono y otros pequeños habitantes, fue un buen trabajo de colaboración entre el gobierno nacional y la alcaldía de Loja, que por cierto no comparten la identidad política.

Fuente: Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador

Anochecer de un día agitado

De modo que este sábado no era solamente ver que funcionara la técnica habitual de las salas, que los elencos estuvieran en tiempo y forma o que el público –que ya compró la totalidad de las entradas para las 44 funciones- ingresara sin inconvenientes. Era que todo, desde la técnica hasta la luces en los baños, funcionara perfectamente, que los trabajadores nuevos que se incorporaron a partir de la (re)apertura de las salas pudieran responder a la demanda de sus funciones. Eran demasiadas las responsabilidades asumidas simultáneamente.

Encima de todo, el presidente de la Nación, Rafael Correa, se dispuso a gozar del Festival como un ciudadano más, presenciando las funciones como cualquier ciudadano de a pie, en butacas cercanas al resto de los espectadores, y saludando a diestra y siniestra, lo que siempre representa una complicación en el ordenamiento de la circulación de las salas y los ajustes horarios de las funciones.

Visto desde afuera, el desafío era enorme. La respuesta fue mucho más que satisfactoria.

A la noche funcionarios muy comprometidos con el Festival, parecían normalizar algo que, para quien lo ve analizando datos puramente objetivos, fue una verdadera hazaña.

El “IN” del FIAVL2016

En Loja se articulan en estos diez días un conjunto de propuestas que componen el panel principal de la programación, que está organizado por el Ministerio de Cultura y Patrimonio, mientras el “spin off” del Festival, organizado por la alcaldía de la ciudad, se realiza en espacios públicos, habitualmente no destinados a las artes escénicas.

En la primera jornada los tres espectáculos presentados en los escenarios dispuestos por el Festival marcaron una senda realmente muy interesante.

“Los músicos ambulante” del grupo peruano Yuyachkani, “Retorno” y “Mujer corriendo en un campo de flores” del grupo de danza ecuatoriano “El pez dorado” y “Labio de liebre” de Teatro Petra de Colombia, son tres excelentes propuestas y completamente diversas estéticamente. Esto otorgó una potencia particular a conjunto. La integración dialéctica de estos lenguajes diversos fue un acierto de la programación.

La plaza llena

El grupo Yuyachkani del Perú lleva 45 años trabajando en la investigación de las tradiciones culturales latinoamericanas, especialmente del mundo andino, en sus lenguas, sus expresiones artísticas, sus mitos, la vida de los sectores populares. Como en lo mejor del teatro andino, articulan tradiciones de las narrativas andinas, de las culturas indígenas, con las formas y búsquedas del teatro occidental. El trabajo de aprendizaje, de articulación, de investigación en las formas, las voces, los elementos, dan por resultado un trabajo de una riqueza que, aun llevada al terreno de una fábula, comprende mucho más que la anécdota y hace que el sentido pedagógico de la propuesta se complejice.

“Músicos ambulantes” es la historia de los que, viejos y cansados de la explotación patronal en las zonas agrarias, solo tienen como recurso ir a la ciudad a probar suerte. Un burro, un perro, una gallina y un gato, que se encuentran en el largo camino de los interiores peruanos hacia Lima, se proponen construir juntos, se pelean, pasan hambre, se reencuentran y se las rebuscan para resolver juntos aquello que solos es imposible.

El desarrollo de la obra, que es para niños y funciona como comedia, está construida encadenando relatos sobre las diversas regiones peruanas –que son representativas de la realidad de la región andina en general- voces de lenguas diversas, canciones sobre el dolor de la explotación y la pobreza, sobre la igualdad y la necesidad de la construcción colectiva. El trabajo musical del grupo es soberbio. Un conjunto de cuerdas y percusión brillante y bello, más un trabajo vocal que aporta desde los planos y la participación de cada personaje a darle soporte estético al relato.

Yuyachkani fascinó desde el escenario de la Plaza del Valle al público. El espectáculo cierra con un recorrido por los ritmos populares de todo el país, en un ejercicio que demuestra que la diversidad de las tradiciones es la fuente central de la identidad artística de este grupo peruano.

Todos los cuerpos, el cuerpo

Luego de ver las dos obras que presentó el joven grupo de danza quiteño “El pez dorado”, no sorprende que refieran en su presentación a directores de teatro y cine, como Peter Brook y David Lynch. Sus puestas son construcciones dramáticas que apelan a la búsqueda espacial y corporal, a la alucinación y el mundo onírico, al tiempo que al montaje cinematográfico.

“En el momento en que alguien evoca una imagen, otra persona sale a su encuentro. No existe un intercambio si aquella asociación no logra evocar algo a la segunda persona; es decir, si está ausente un instante de ilusión compartida”, dice al público una de las actrices, evocando a Peter Brook. La posibilidad de que efectivamente lo que desarrollan los cuerpos en escena se convierta en expresión dramática está en la evocación que produzcan en el público, en un trabajo que, especialmente en “El retorno” propone pocos anclajes en los otros lenguajes intervinientes (música, vestuario, proyecciones, palabras).

“El retorno”, donde a través de un trabajo preciso los cuerpos se funden y reconstruyen como cuerpos imaginarios e inexistentes, me llevó a recordar, en esos seis brazos y una cabeza que aparecía y desaparecía entre ellos, el que tal vez sea el más brillante comienzo de un relato. “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.” (La metamorfosis de Franz Kafka). Esos cuerpos que eran uno, tal vez parecieran más a una araña que a una cucaracha, pero “El retorno” recorre ese camino de aislamiento, alucinación, pesadilla y tragedia que marcan aquel relato. También puede verse en el modo en que los cuerpos se deforman, se estiran, deslizan y arquean, los registros alucinatorios de la producción audiovisual de David Lynch.

En “Mujer corriendo en un campo de flores” recuperan la reconstrucción de un cuerpo a partir de varios, reinventando el movimiento-tiempo a partir de sus movimientos y vestuario. Aquí recorren distintos momentos en una pieza y los personajes se unen, sostiene acuerdos rítmicos, los rompen, ejercen relaciones de orden, quiebran el poder, lo restituyen, y el dolor, siempre el dolor y la angustia, vienen a desbaratar momentos que, cinematográficamente remiten al cine mudo y porque no, a la slaptick comedy.

Las integrantes de “El pez dorado” demuestran toda la versatilidad y talento en una pieza que es, además, un discurso de su propia propuesta estética. El espacio dramático está allí y será en esa evocación común, en la posible vitalidad de gesto, que aparecerá lo teatral. Lo onírico, la alucinación, incluso la falsificación del espacio, lo corporal y el tiempo, son sus herramientas expresivas. “Mujer corriendo en un campo de flores” es un discurso sobre el deseo y la belleza, pero por sobre todo un texto que se propone fundante del propio trabajo del grupo. Que cierra además con una imagen de una belleza inolvidable. De esas que uno quisiera volver a ver siempre que pueda.

Los que no tienen nombre

“Labio de liebre” de grupo Petra, de Colombia, habla claramente de la historia reciente de su país. De los modos en que el proceso conocido como de Justicia y Paz, reglamentó un sistema de legalización de la represión paramilitar, la apropiación de la tierra, la muerte y el desplazamiento, para congelar la situación, a cambio de unas condenas cortas y generosas, para algunos de los gestores de la violencia acuñada en espacios de poder mayor.

Salvo Castello está preso fuera de su país. Fuera del paraíso que ayudó a construir. Condenado a 3 años de prisión domiciliaria, vive en medio de los gringos. Pero serán los fantasmas de sus muertos quienes no lo dejarán en paz. Será una familia en la que asesinó a todos sus miembros, incluso a la niña que se llevó como mujer y esclava sexual, y una periodista molesta a la que un “amigo” mató.

La obra construye de a poco esa fantasmática. Partiendo de un registro realista, escala entre pequeñas situaciones del orden de lo irreal hasta un hiperrealismo que produce la tensión final, donde no hay posibilidades de reconstrucción del mundo. La pregunta es, la obra no parece proponer una respuesta, es si hay perdón posible. Si la verdad, que funciona acá en un modo casi psicoanalítico, puede restaurar, reparar. Hay la obra tendrá, especialmente en Colombia, lecturas diferentes en un presente marcado por las discusiones a propósito de cómo cerrar el ciclo de la violencia que lleva más de 60 años.

La propuesta escenográfica que, no está demás aclararlo, fue realizada en Loja en base a las indicaciones del grupo, aprovechó al máximo el gran escenario del teatro Benjamín Carrión. Una casa completa, inmersa en un gran espacio exterior que funciona como prisión real y también simbólica. El fuera de campo de la escena principal, donde se mantiene constante la nieve y se hace cada vez más tupida la vegetación, impone un valor dramático notable, que tal vez en un escenario más pequeño no podría percibirse plenamente.

La obra deja en claro el mal, pero permite el debate sobre aquella lógica burocrática que Hanna Arendt calificó como “banalidad del mal”, y que en Argentina tuvo su nombre legal como “obediencia debida”. ¿Cuál es el lugar en el ejercicio de la violencia del empleado? ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Y su deseo? Salvo Castello personifica contradicciones y sentidos, muchas veces falaces, que en muchos casos son parte de debates no saldados.

Aún cuando “Labio de liebre” habla de Colombia y su presente, habla de la historia reciente de toda América Latina. Asesinatos masivos, fosas comunes, cadáveres sin nombre, represores impunes y Estados responsables nos implican desde México a Argentina en los últimos 50 años. Los debates que propone son presentes y necesitan hacerse carne en los pueblos, necesitan hablarse.

Algo sin embargo queda absolutamente claro en esta gran puesta escénica del grupo Teatro Petra, no hay posibilidad alguna de paz, perdón y reparación sin memoria y sin verdad. Sin que los nombres de cada uno de los violados, los torturados, los desaparecidos, sea dicho y sus cuerpos recuperados. Mientras tanto, los fantasmas y los pueblos movilizados seguirán visitando a los represores en el lugar en que se encuentren.

Notas anteriores

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#Ecuador: Primer Festival Internacional de Artes Vivas Loja 2016

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