[Cobertura NodalCultura] Jornada 2: Shakespeare y Cervantes en Loja, 400 años y un día

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Por Daniel Cholakian – NodalCultura

Una de las más bonitas expresiones de la expresión popular que ha tenido la ciudad de Loja en estos días son los dibujos hechos con tizas de colores sobre el pavimento de la calle Bolívar, eje de la participación ciudadana en los días del Festival.

Cerrada al tránsito a lo largo de varias cuadras, estas muestras de arte efímero revelan no tanto la creatividad, que la hay, sino la apropiación colectiva del pueblo lojano de la relación entre el arte y el espacio público, que es una de las bases de la organización de este Festival.

No tendría sustento el esfuerzo que significó llevarlo adelante en una población relativamente pequeña, sino se apostara a la población y su interés con las diversas formas de expresión artística.

No hay dudas de que una de las principales manifestaciones de los lojanos y las lojanas es la alegría por la existencia del Festival. No celebran tanto el espectáculo que van a disfrutar como la posibilidad de estar en cada uno de los teatros o los espacios públicos que llenan a cualquier hora del día.

Como comentó a NodalCultura Rubén Torres Paz, lojano, ex director de cultura de la ciudad y funcionario del ministerio de cultura y patrimonio en Loja, el éxito del proyecto no está tanto en que el festival pueda continuar produciéndose, lo que en definitiva tiene más que ver con el presupuesto que con la capacidad del Ecuador de realizarlo, sino que radica en que la población se empodere tanto de la infraestructura como contexto material, como de lo que trae consigo como capital simbólico. Lo que marcará que el objetivo se ha cumplido es que en un mediano plazo hayan aumentado los grupos artísticos locales, que se experimente, que se atraigan a otros artistas del país, que se creen espacios de enseñanza y debate y que se capaciten escenógrafos, tramoyistas, técnicos, productores y gestores lojanos para continuar con este impulso inicial dado por el gobierno nacional.

Tempestad en Loja

Una de las claves para que este objetivo se pueda cumplir, es que se destinen recursos para que grupos lojanos puedan desarrollar proyectos para presentar en el Festival, y que los actores, directores y estudiantes locales participen de las funciones.

En esta primera edición del Festival de las Artes Vivas Loja 2016, se presentan dos creaciones en residencia con actores locales. Una de ellas fue “La tempestad” de William Shakespeare, cuya versión fue encargada a la reconocida directora y docente Madeleine Loayza.

El desafío asumido por la compañía no fue menor. Por un lado, el texto es complejo, admite lecturas de órdenes muy variados, tanto como resoluciones formales. ¿Qué Prospero y que Calibán se contraponen? Este problema, fue resuelto, en apariencia, desde un trabajo algo lineal del texto y sin comprometerse más que con algunas inteligentes resoluciones estéticas. Tal vez lo mejor aprovechado es el juego de la comedia shakespeareana, el trabajo sobre los engaños de la lengua y los personajes secundarios que siempre rinden a la hora de sostener el orden dramático. El comienzo de la obra, en que los marineros gritan ante la tempestad y se resignan a la muerte, es un fino trabajo, donde se luce el recurso vocal de los actores.  Entre las decisiones que parecen poco felices está la presencia permanente de música en vivo, lo que al comienzo es un hallazgo, por momentos se convierte en un estorbo.

Lo cierto es que la sala estuvo en refacciones hasta el día viernes y algunos detalles, como los micrófonos de escenario, no habían sido resueltos antes de la función. Esto claramente redundó en problemas para escuchar claramente a los actores en puntos alejados del escenario, lo que en una pieza como esta es realmente problemático. Por otra parte los actores ensayaron la puesta en circunstancias poco favorables, por lo cual no pudieron ajustar trabajos como el de las luces, que se percibió algo desajustado. Esto no es, bajo ningún punto de vista, responsabilidad del equipo artístico y efectivamente perjudica el resultado final de la puesta.

Seguramente se abrirá para el grupo la oportunidad de seguir trabajando y de mantener la pieza en escena más allá del festival. Sería muy importante que lo hicieran, porque el trabajo actoral, el vestuario, el desarrollo escénico y algunos logros interesantes de la puesta merecen una representación en condiciones más apropiadas a la del pasado domingo.

Fabuloso caballero Don Quijote

El grupo de teatro colombiano La Candelaria es uno de los más antiguos e importantes de América Latina. El Quijote es un clásico en su repertorio y sigue teniendo un atractivo muy fuerte, aún a pesar de la sencillez de su propuesta escénica. No hay aquí desplazamientos, objetos, planos diferentes ni gran trabajo de iluminación. Toda la potencia está en la claridad de objetivos con que se versiona la magnífica novela de caballería de Miguel de Cervantes Saavedra.

La propuesta de Santiago García es trabajar al Quijote desde tres claves: el respeto por el lenguaje, la recuperación de la comedia y el rescate del sueño utópico.  Es sabido que el habla en El Quijote es una herramienta no solo formal sino narrativa, organizadora de sentidos. Las relaciones, que por momentos se apoyan en un sentido espacial, son siempre referenciadas en el lenguaje, lo que requiere un trabajo actoral impecable, porque el habla es texto y voz y aquí funciona a la perfección.

La comedia existe en tanto hay ya para ese tiempo cervantino –como para este- un desajuste entre lo utópico de la caballería y lo real concreto de un sujeto que comenzaba a desnudarse separado de la idea de totalidad. Lo que falla no es la percepción del hidalgo caballero, sino la falta de sentido histórico y de ubicación temporal de las aventuras en un mundo ya alejado del sentido del honor y la hidalguía. Ese desfasaje es el mismo que el de Chaplin, su vestimenta y modos, en un mundo marginado y pobre. Y efectivamente puede reconocerse por momentos en este Quijote algunos rasgos del infinito Carlitos.

El cierre, donde final y comienzo de la novela se encuentran, no solo destaca la impactante interpretación del texto último del caballero, sino que representa un dejo melancólico e irremediable ante el sueño perdido de la posibilidad de auxiliar a la dama, la comunidad o el mundo en apuros ante el acoso de los malvados.

 

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