El colombiano Luis Noriega ganó el Premio de Cuento Gabriel García Márquez

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El Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, el más importante en su género en habla hispana, entregó este miércoles el galardón al colombiano Luis Noriega por su libro ‘Razones para desconfiar de sus vecinos’, siendo elegido por el jurado sobre otros cuatro autores finalistas.

Noriega se impuso en el grupo de finalistas a Gonzalo Calcedo, de España, y a su libro ‘Las Inglesas’; Tomás Downey, de Argentina, con su obra ‘Acá el tiempo es otra cosa’; Eduardo Halfon, de Guatemala, con ‘Signor Hoffman’, y Samanta Schweblin, de Argentina, con ‘Siete casas vacías’.

El jurado conformado por el escritor y periodista colombiano Héctor Abad Faciolince; el escritor y actual Director de la Biblioteca Nacional de Argentina, el argentino-canadiense Alberto Manguel; la escritora argentina Hebe Uhart; el periodista español Javier Rodríguez Marcos y la escritora chilena Carla Guelfenbein, resaltaron que el libro de Noriega «presenta una realidad versátil y sorprendente, contada con humor agudo, original y cotidiano».

‘Razones para desconfiar de sus vecinos’ reúne nueve cuentos muy diferentes entre sí, pero emparentados por una serie de temas y obsesiones comunes: la violencia cotidiana, la identidad del otro y la propia, el autoengaño y los márgenes de la vida literaria.

Un rasgo particular de la colección es el humor que permea todas las piezas y que adopta diversas formas: cínico y descarnado en el ‘Tríptico del Mata y Paga’ o ligero y desenfadado en ‘Las doce leyes del éxito’.

«La característica principal del libro es el humos, se puede encontrar de estilo desenfadado y hay otro mucho más siniestro, con una mirada más irónica. El otro aspecto importante del libro es la vida en las grandes ciudades y la presencia acciones muy cotidianas como lo es la violencia», comentó el autor caleño de 44 años.

Durante la premiación Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional, anunció que los libros de los cinco autores finalistas estarán en 1440 bibliotecas públicas de todo el país.

«Los finalistas presentan libros diversos y complejos, seductores y radicales. La obra de estos cinco escritores estará en las 1440 bibliotecas públicas de nuestro país», señaló Gaitán.

Sobre la posibilidad que más personas puedan tener acceso a su libro, Noriega aseguró que «es un gran estímulo que el libro llegue a las bibliotecas públicas, es muy importante para su circulación. Leer amplia los horizontes».

De esta manera Noriega se convierte en el primer colombiano en ganar este galardón después que el argentino Guillermo Martínez, ganara en el 2014, y la boliviana-venezolana Magela Baudoin, se quedara con el premio el año pasado.

PERFIL LUIS NORIEGA

Noriega estudió Literatura en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y desde finales de los noventa reside en España.

En su carrera ha publicado tres novelas: Iménez (Rocca, 2011), ganadora del Premio Universidad Politécnica de Cataluña de ciencia ficción; Donde mueren los payasos (Blackie Books, 2013); y Mediocristán es un país tranquilo (Random, 2014), escrito finalista del Premio Nacional de Novela 2016.

La colección ‘Razones para desconfiar de sus vecinos’ (Random, 2015), con la cual ganó el premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez, es su libro más reciente.

DATO

El galardón que estimula desde el año 2014 a los cuentistas en lengua española, concederá una bolsa de 100.000 dólares al ganador y dos mil dólares a cada uno de los finalistas, además de la compra de 1424 ejemplares de los cinco libros para la Red Nacional de Bibliotecas Públicas.

Publicado en El Universal

Un café con Luis Noriega

Luis, contemos la historia: ¿Cómo se hizo escritor?

Desde muy pequeño me gustaba imaginar historias, historias fantásticas y épicas, muy distintas a las que al final terminaría escribiendo. El formato de esas historias no era estrictamente literario: mi deseo era convertirlas en cómics, películas, videojuegos. Fueron las lecturas de la adolescencia, Borges y García Márquez en particular, las que me hicieron pensar en que lo que quería era escribir y solo escribir. En ese sentido la ‘decisión’ tiene mucho de sueño juvenil, de rebeldía y, por supuesto, de inconsciencia.

Supongo que uno termina haciéndose escritor por terquedad, porque persevera en esa apuesta adolescente. Eso fue lo que me llevó a estudiar Literatura en Bogotá. Y a escaparme después a Barcelona. Y a insistir año tras año, pese a los indicios de que la apuesta había sido un mal negocio (risas).

¿Y qué pasó con Cali? ¿Cuál es su relación con la ciudad?

Bueno, aquí hay que aclarar que nací en Cali casi por casualidad, porque mi padre estudiaba medicina en la Universidad del Valle, y muy pronto nos mudamos a Bucaramanga, donde crecí. De niño fui durante mucho tiempo una especie de caleño imaginario o vocacional, un hincha del Deportivo Cali rodeado de hinchas del Atlético Bucaramanga al que, de cuando en cuando, le prometían que lo llevarían a conocer su ciudad natal, cosa que no ocurrió. Conocer Cali sigue siendo una deuda pendiente.

¿Cómo es su vida en Europa, cómo vive un joven escritor latino en el Viejo Continente?

Yo tengo la suerte de vivir en un pueblito muy tranquilo frente al Mediterráneo, lo que me ahorra el ajetreo de las grandes ciudades, y trabajo en casa, lo que es un privilegio, pero la cotidianidad de un escritor, o de la clase de escritor que soy, no se diferencia en mucho de la de sus vecinos: hay que trabajar todos los días, cuidar de los niños, lavar platos. Se escribe en los resquicios que deja la vida cotidiana, robándoles tiempo a ocupaciones más productivas, o más entretenidas también.

En ese sentido no hay diferencias grandes entre escribir en Europa o escribir en Colombia, salvo, quizá, que en Colombia lavaría menos platos (risas). La diferencia clave en el caso de un escritor colombiano que se empeña en escribir sobre temas colombianos desde Europa es la distancia. La distancia te da otra perspectiva. Esa otra perspectiva no es necesariamente mejor, pero te obliga a plantearte las cosas de otra manera y eso te enriquece.

Es finalista del Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez. Hablemos de esta noticia que, en sí misma, es un reconocimiento.

Sí, estar en esa lista es ya todo un premio. Estoy muy contento, muy agradecido, y muy asustado. Lo mejor de este reconocimiento es, sin duda, la difusión que tiene. No es un secreto que los libros de cuentos tienen grandes dificultades para circular, y este certamen es una forma de recordarles a los lectores que el género, pese a los vaivenes del mundo editorial, goza de buena salud.

Y bueno, ¿por qué desconfiar de los vecinos? ¿Cómo se tejió esta obra de 9 cuentos que lleva ese título: ‘Razones para desconfiar de sus vecinos’?

El libro se titula así por un cuento en el que un grito aterrador oído en plena noche lleva a los habitantes de un edificio a desconfiar los unos de los otros.

El profesor del cuarto piso sospecha de la mujer del tercero, que a su vez sospecha del joven del segundo, que a su vez sospecha de los ancianos del primero, que a su vez sospechan del profesor del cuarto. Es un cuento bastante jocoso que juega con las paranoias de los personajes y los malentendidos a los que dan lugar.

Ese cuento presta el título al libro entero porque el problema de la desconfianza también está presente en otros relatos de la colección, menos jocosos y más oscuros. Son relatos urbanos en los que se respira el estado de sospecha permanente en que nos acostumbramos a vivir los colombianos en las grandes ciudades.

La última pregunta

¿Por qué el cuento, por cierto? Conversemos del género.

En un comienzo por deformación profesional, supongo. Mis autores preferidos eran grandes cuentistas. Mis géneros preferidos (la ciencia ficción, el terror, la literatura fantástica, el relato policial) tenían en el cuento un vehículo privilegiado. Escribir cuentos era lo que yo quería hacer. Luego intervino otro factor: la economía. Cuando tienes que arañar el tiempo para escribir, concentrar tus recursos en proyectos que puedas terminar parece la opción más sensata.

Publicado en El País
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