Madurez del rock uruguayo

Por Belén Fourment

Hace rato que la atención se instaló sobre la cumbia pop, ese fenómeno que, con sinceridad, fue otra vez lo que marcó el año musical a nivel nacional, con la consagración de Márama en los Premios Graffiti y otros asuntos que son para otra nota.

Pero a la sombra de los espejitos de colores, al resguardo de un barullo invasivo que llegó a oídos de todos, la música uruguaya siguió con su paso cansino pero siempre seguro y hacia adelante. Siguió en silencio, haciendo que su sonido sordo repercutiera apenas y empezara a generar ondas expansivas que siguen en movimiento.

Siguió, para hacer de este año que se cierra una bisagra que parte la línea temporal entre la maduración del rock uruguayo y la confirmación de un nuevo sonido que ya no tiene que ver necesariamente con el rock. Las voces quieren y piden cantar sobre otra cosa, y lo hacen con la urgencia que denota la apertura de otra era artística.

Madurar.

Hace 30 años, Montevideo se volvía rockero con la edición de un primer festival que quedaría grabado a fuego (el Montevideo Rock), el debut de La Tabaré, la salida del primer disco de Los Tontos y la edición de Montevideo agoniza de Traidores. ¿Hasta dónde se podía llegar en aquella ciudad oscura y fría pero que se daba el lujo de ser rebelde?

A 30 años de esa pequeña revolución, el rock uruguayo —ya no montevideano, sino con pretensiones de abarcar una totalidad— llegó a una madurez que estuvo representada en algunos aniversarios que atravesaron la agenda.

El peso de La Vela Puerca, que celebró sus 20 años llenando el Velódromo, ya es sabido. La banda fue clave en la renovación de un rock que era rústico y ácido, y que luego del disco Deskarado se volvió crítico pero festivo, marcado por los instrumentos de viento.

Buenos Muchachos volvió a superarse con un nuevo disco de estudio (Nidal) y una presentación a la altura, pero sin pasar por alto que cumplieron 25 años de darle novedad a la banda sonora nacional. Su aporte ha sido fundamental, pero ahora empieza a verse ya en otros grupos que están buscando nuevos caminos, y encontraron ahí una referencia de lo que está bien. Qué suerte.

También Trotsky Vengarán, que está liderando las ventas de noviembre por su flamante (y tremendo) disco Relajo pero con orden, llegó al cuarto de siglo con la bandera de la perseverancia bien en alto. Es una banda que ha soportado críticas y ha salido bien parada, con buenas canciones y un show en vivo que es siempre pura fiesta.

La vuelta de Traidores con una decena de fechas agotadas, otro retorno del Peyote Asesino con la vigencia de siempre, el anunciado regreso de La Trampa y el éxito de convocatoria de Once Tiros, La Triple Nelson o Cuatro pesos de propina son muestra de que el rock uruguayo maduró y llegó, tal vez, a su techo. ¿Qué más le queda?

Empezar.

La nueva generación es, si se quiere, la del post rock. Hay excepciones porque apareció The Islingtons, una de esas bandas que puede seguir el camino de Buenos Muchachos y que editó uno de los mejores discos del año, 11235. O porque Senda 7 (aunque no tan rockera) toma toda la tradición mestiza y le agrega todavía más condimentos, como el samba brasileño y la influencia murguera, para moldear un sonido propio, entretenido y diverso.

Pero esta nueva era que está logrando abrirse puertas —a pesar de las dificultades de siempre— tiene otra sensibilidad, está buscando algo más, quiere decir otra cosa: suena a pop, a hip hop, a canción de autor, y no suena a rock.

En un muy amplio universo del pop resalta Alucinaciones en familia, que este año consiguió tres Premios Graffiti como artista nuevo, mejor álbum indie y mejor álbum de pop alternativo. Hay que ver su propuesta, una original con aire renovador marcado por el genio de Pau O Bianchi, y que inspira a otras bandas de su circuito.

En la prolífica órbita del hip hop, la rapera Eli Almic y el dúo Los buenos modales sorprendieron con dos discazos de gran nivel, de sofisticación y de proyección, siguiendo los pasos de otras bandas que venían haciendo ya cosas muy buenas. Y el semillero de cantautores sigue tan fértil como siempre pero más femenino que nunca, una imagen que se puede resumir en Papina De Palma, de las mayores sorpresas del año.

Sin intención parricida, la nueva generación se desentiende de sus antecesores y se propone jugar otro juego, lanzar otro discurso, cambiar el rumbo. La mesa quedó servida este año con varias óperas primas, y lo que se viene pinta bien.

Publicado por El País

Los 10 discos uruguayos del año

1. Instantes decisivos – Papina De Palma

La ópera prima de esta cantautora es un trabajo redondo. Con buenos juegos de palabras y remates contundentes, las 13 canciones de este repertorio hablan del amor a partir de una sensibilidad netamente femenina, de historias cotidianas que o bien son viscerales o bien ingenuas, pero siempre disfrutables. Acá la reseña.

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2. Sesiones – El Astillero

No tenía mucho margen de error El astillero —la reunión de los cantautores Diego Presa, Gonzalo Deniz y Garo Arakelian— y, por supuesto, Sesiones no tiene ninguna falla. Es un disco al que sólo le caben elogios que destaquen la belleza de las canciones, de sus intérpretes y del clima general que transmite. Acá la reseña.

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3. El folk de la frontera – Molina y los Cósmicos

El segundo trabajo de Nicolás Molina y su banda explora nuevos terrenos y sigue alternando con la luz y la oscuridad en letras y melodías, según el caso. Las historias de frontera se acompañan de un sonido crudo que es cada vez más introspectivo. Acá la reseña.

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4. Relajo pero con orden – Trotsky Vengarán

Es uno de los mejores discos de Trotsky Vengarán en bastante tiempo porque tiene como siempre, melodías pegadizas y buenas letras («192 Manga» es una belleza), pero que acá funcionan muy bien en conjunto. Todo el repertorio podría meterse entero en cada show de la banda y estaría bien, porque parece concebido para eso: para saltar y corear los estribillos hasta que no queden más fuerzas.

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5. 11235 – The Islingtons

Otro debut muy promisorio es el de esta banda que apuesta a generar climas y atmósferas, y que se arriesga a cantar en inglés encontrando un muy buen resultado. Le dan otra impronta a la música uruguaya con un conjunto de canciones hipnóticas. Acá la reseña.

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6. Playa desierta – Diego Presa

Otra vez, el cantante de Buceo Invisible pone lo mejor de sí en un disco solista que es sobre el quiebre en la vida de un hombre. Es un álbum más reflexivo pero refrescado por el toque pop que le da la producción de Federico Lima, un compañero de trabajo que también ayuda a resaltar las virtudes artísticas de Presa. Acá la reseña.

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7. Registros akáshicos – Pau O Bianchi

Como siempre, lo de Pau O Bianchi está buenísimo. Acá cada tema, producido por una persona diferente, es la imagen que ofrece un mismo caleidoscopio cuando se lo va moviendo. Extraño, frenético, temeroso, así va sonando este Registros akáshicos que es endulzado por la adictiva voz del cantante, que es imperfectamente bella. Hay que escucharlo, como cada cosa que hace.

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8. Hace que exista – Eli Almic

El primer disco de la rapera le da una nueva vuelta de tuerca al hip hop uruguayo, al que le agrega obviamente sensibilidad, pero también sofisticación, soul, rhythm and blues e incluso mezcla alguna estructura pop para hacer su trabajo más cancionero. Está bárbaro. Acá la reseña.

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9. Los buenos modales – Los buenos modales

Otra ópera prima del hip hop, otro discazo. Eso es lo que hicieron los beatmakers Guillermo Beschizza (Dubchizza) y Santiago de Souza (PAN), elaborando una serie de bases de un nivel muy internacional, con el groove muy bien incorporado en cada mezcla de sonidos, que va en cada canción hacia un lugar diferente, pero que siempre hace mover. Para completar el proyecto se fueron aliando con distintos raperos, lo que enriquece aún más esta flamante personalidad.

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10. Parte del camino – Senda 7

Es otro primer disco que resultó una buena sorpresa. Siguiendo la línea más mestiza de la música uruguaya, este grupo que viene del carnaval combina todos los estilos que lo han influido y se planta con una propuesta definida, amplia pero sin dejar cabos sueltos. Acá la reseña.

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