La irrupción de una nueva generación de artistas chilenos

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En los últimos años, la escena de arte joven se ha vuelto copiosa y movediza, con varios espacios independientes no comerciales como las galerías Temporal, Tajamar, Local y Bloc en Santiago, o Worm en Valparaíso, que acogen las obras de prometedores recién egresados. Los artistas no se quedan en los elogios: postulan sus proyectos a Fondart, realizan residencias en Chile y el extranjero, participan en concursos y arman proyectos autofinanciados. En paralelo, la mayoría, hace clases o arma pequeños emprendimientos para ganar dinero. La idea es no dejar de producir, hasta que un día sus obras ganen visibilidad. Consultados por La Tercera, siete críticos locales -Carolina Lara, Juan José Santos, Rodolfo Andaur, Montserrat Rojas, Ignacio Szmulewicz, Ernesto Muñoz y Matías Allende- hicieron una selección de los artistas sub 30 con más proyección del medio. Aquí una selección de ocho de ellos, nacidos entre 1987 y 1991, quienes a punta de trabajo y creatividad se han ido ganando un espacio destacado en el circuito. Todos comparten la exploración de nuevos formatos y el interés de aportar con una visión original desde el arte en la discusión social. “Valoro mucho más la incidencia del arte como pensamiento educativo que algo para decorar una casa o como experiencia estética”, dice Sebastián Calfuqueo, uno de los elegidos junto a Pilar Quinteros, Gabriel Holzapfel, María Gabler, Josefina Varela, Jessica Briceño, Nicholas Jackson y Cristóbal Olivares.

GABRIEL HOLZAPEL
Cruzar humor y política en el arte

El humor, los dichos populares y la parodia están presentes en la obra de este puertomontino radicado en Valparaíso, de quien Juan José Santos destaca su “mirada fresca, divertida y políticamente comprometida”. Partió exhibiendo en Balmaceda 1215 objetos cotidianos con los que hizo experimentos visuales para criticar y reírse de la realidad. Sin embargo, el año pasado hizo una performance en el MSSA donde tocó el tema de los detenidos desaparecidos: escribió los nombres de todos y luego los tachó. En marzo oficiará de curador en la Sala CCU junto a Renato Ordenes, donde reunirá 11 artistas de la V Región, y en julio tendrá una exposición individual en galería Metales Pesados.

NICHOLAS JACKSON
Nuevas lecturas para objetos cotidianos

Su paso primero por la ingeniería industrial antes que las artes visuales lo convierte, según Rodolfo Andaur, en la “gran revelación” de la escena. Lo segundo es cómo ha desplazado lo fotográfico hacia la instalación. Su gran obsesión son los objetos que encuentra en la calle, esos que han dejado de ser funcionales para convertirse en basura. “Me interesa una indagación visual del cruce irónico entre los objetos, las imágenes y el lenguaje”, dice Jackson, quien modifica y rearticula esas ruinas para convertirlas en algo nuevo. Sigue una línea similar a Holzapfel, y por eso es uno de los artistas que estará en marzo en la Sala CCU. En sus exposiciones en galerías como Chincol, Worm y el MAVI ha ocupado guantes de goma, boletas viejas y carros de supermercado.

PILAR QUINTEROS
La realidad hecha de cartón

En 2016 la carrera de Pilar Quinteros dio un salto internacional al ser seleccionada para participar en la Bienal de Sao Paulo. Para llegar ahí la artista ha construido una obra ligada a la performance, el arte relacional y la arquitectura. Partió reconstruyendo el MAC post terremoto con piezas de cartón, y en 2014 fue preseleccionada en el concurso Future Generation Prize, que la llevó a Ucrania, donde recreó, en la plaza de Kiev, una fuente desaparecida con la ayuda de los vecinos. En mayo pasado, en Frutillar, reconstruyó dos edificios típicos, uno mapuche y otro alemán y los quemó en el lago Llanquihue para representar los conflictos de la zona. “Creamos y destruimos con nuestras manos y con la mente el mundo en el que vivimos”, dice Quinteros, quien en marzo tiene una exposición en Galería Leme en Sao Paulo y en abril estará en la California-Pacific Triennal.

JESSICA BRICEÑO
La arquitectura convertida en obra de arte

La arquitectura modernista unida a la escultura contemporánea es el campo de acción de Jessica Briceño (1988), quien en 2016 ganó visibilidad tras recibir la beca de la Fundación Tajamar, la que financió su exposición en la galería del mismo nombre. Nacida en Venezuela, pero radicada hace 15 años en Chile, Briceño presentó una escultura en hormigón del proyecto habitacional de las mismas torres Tajamar, transformando el espacio en una especie de fanal religioso. Antes, ya había recreado la Remodelación Urbana San José (en la foto) y el Hospital San Juan de Dios. “Me interesa volver la vista a la imagen de un Chile y una Latinoamérica que a través de un proyecto ético y estético promovieron voluntades humanistas sobre cómo planear y construir nuestras ciudades”, dice.

JOSEFINA VARELA
Volver a lo visceral de la pintura

La única pintora del grupo, Josefina Varela destaca simplemente por tener un trabajo más cercano a la academia, aunque desde allí pretende subvertir la técnica, para acercarse cada vez más a un expresionismo más visceral y telúrico. Aunque estudió en la UC, reconoce que no encajó en el esquema de la escuela y debió recurrir a profesores de la U. de Chile para acercarse más a la pintura. En una escena que se inclina más a la instalación y el arte conceptual, Varela es en definitiva un bicho raro. Acaba de exponer en el Centro Cultural El Tranque y por ahora trabaja “restringiendo la paleta para explorar al máximo la mancha y la expresión”, cuenta. Según el curador Ernesto Muñoz, su fuerte es que “retoma la pintura con soltura de color en cuadros de gran tamaño, dando un nuevo giro a una manifestación de permanencia agónica”.

SEBASTIÁN CALFUQUEO
Una crítica a la identidad y el modelo social

Con 25 años, es el más joven del grupo, pero no por eso hay inmadurez en su trabajo. Su obra apela a su origen mapuche y en 2015 debutó en Galería Metropolitana con Donde no habita, que contó con un video en el que se vestía con un traje comprado en Meiggs, que simulaba la indumentaria mapuche para poner en evidencia la ignorancia de los chilenos sobre esa cultura. También con colores chillones hizo replicas de la clásica escultura de Caupolicán hecha por Nicanor Plaza para también cuestionar el imaginario mapuche. “Me considero un artista mapuche feminista que intenta desestabilizar los discursos hegemónicos”, dice Calfuqueo. Acaba de ser fichado por la galería Metales Pesados Visual y este año tiene exposiciones en el Museo de la Solidaridad y el MAC. Además, su obra Donde no habito irá a Concepción, Temuco y Puerto Montt.

CRISTÓBAL OLIVARES
La fotografía: documento social e intímo

“Me interesan las historias que involucran a las personas de mi época, problemáticas contemporáneas, de cómo nos desenvolvemos y relacionamos como sociedad”, dice Olivares, quien junto a su hermano Alejandro, Nicolás Wormull, todos fotógrafos, y la diseñadora Aribel González formaron Buen Lugar Ediciones, dedicado a los fotolibros. Su gran proyecto es A-MOR , que recoge historias de sobrevivientes de femicidio y que ahora extenderá con más testimonios en países de Latinoamérica y el Caribe. También trabaja registrando lo que ocurre en el hito tripartito de las fronteras entre Chile, Perú y Bolivia, y en una serie sobre migrantes y cómo hacen para seguir conectados con sus familiar y países de origen, proyecto que exhibirá en Bolonia, Italia, a fines de este año.

MARÍA GABLER
Remirar el espacio donde vivimos

Emparentada con la producción de Pilar Quinteros y Jessica Briceño, a partir de su interés por la arquitectura y los espacios urbanos, María Gabler se interesa en aquellos hitos que pasan desapercibidos en el día a día. El año pasado ganó la beca de la Sala CCU, por lo que tendrá una muestra individual este año en ese espacio. Por estos días realiza un residencia en Valdivia, en un proyecto curado por Ignacio Szmulewicz y en abril participará en Molten Capital , otra residencia en el MAC Quinta Normal. Con sus instalaciones in-situ, Gabler intenta romper la cotidianidad y las lógicas con las que nos solemos relacionar con los objetos y la ciudad. Así, en 2015, hizo una réplica a escala de la pérgola de galería Tajamar y la conectó con la original, relevando el propio espacio expositivo, y en galería BECH, instaló una serie de pilares imitando los del propio edificio pero situándolos en ángulos cruzados que dificultaban el recorrido del público.

Publicado en La Tercera
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