A 20 años de «Gimme the power»

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Hace justo 20 años, el 11 de marzo de 1997, la banda de rock mexicana Molotov editó su ya mítico disco Dónde jugarán las niñas. Álbum revelación, sui generis y propositivo, no sólo por el sonido fusión, tan fresco y enérgico que representaba, sino también por la irreverencia en sus letras: por primera vez los jóvenes de una generación podían escuchar en la radio, en las calles y al lado de sus padres canciones con “palabrotas” y con una consigna contra cualquier figura de poder sin tener miedo a que te escucharan tus padres o maestros.

El disco contiene canciones como Voto latino -tan oportuna el día de hoy en la era Trump-, Que no te haga bobo Jacobo -tan actual en un país que no ha alcanzado la democratización informativa, periodística ni la consolidación de sus medios públicos-. Pero tal vez, la canción con mayor carga de protesta social, de hartazgo, de reivindicación de las clases populares es sin duda Gimme the power.

Algunos dirán que los integrantes de Molotov eran, en aquellos lejanos noventa, unos niños bien que lo último que querían era cambiar la conciencia de los jóvenes mexicanos, sino que solo estaban “echando desmadre”. Y es cierto, pero los que cantamos esa letra por primera vez en 1997, tras la crisis económica del 94, la firma del TLC, la liberación del mercado, los asesinatos de políticos, el pequeño gran triunfo de la izquierda en la capital del país, a manos del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y el alzamiento zapatista en Chiapas, sentimos que aquellas palabras rapeadas de Molotov nos representaban, nos indicaban que efectivamente “el pueblo unido jamás será vencido”, y que tras 70 años de gobiernos priístas al fin íbamos a ver la transformación de México hacia una nación más justa y humanitaria.

Cruel destino el de esta Ilión lacustre, como algún día llamó a México el escritor dominicano Pedro Henríquez Ureña. Porque tras este interesante proceso social y político, que fue de la elección de 1988 al triunfo defeño de la hoy desaparecida izquierda en 1997, los mexicanos seguimos repitiéndonos en la historia como los troyanos derrotados constantemente por una élite política y económica que nos ha gobernado por décadas. Ellos son los mismos, ya sea en tiempos del PRI o de la falsa “transición a la democracia” panista, así como lo indica la doctora Alejandra Salas Porras en su libro La economía política neoliberal en México.

No les quitamos el poder, no le echamos más power. El ambiente político propicio de la década de los años noventa se esfumó, como se esfumaron tantos intentos de emancipación popular y social a través de movimientos como el del EZLN o más recientemente el #YoSoy132 o el movimiento del poeta Javier Sicilia.

Un año después del lanzamiento del disco de Molotov, al otro del continente, en Argentina, Bersuit Bergarabat editó Libertinaje, cuya rola Sr. Cobranza -sin que la misma banda de rock lo supiera- se iba a convertir en premonición del desastre neoliberal que los gobiernos de Menem y de De la Rua provocaron para toda la sociedad argenta, y sobre todo, la canción anunció visionariamente el advenimiento de la “anomalía kirchnerista” como lo define el filósofo Ricardo Forster.

“Ellos tienen el poder y lo van a perder, tienen el poder y lo van a perder”, y lo perdieron. Los más de diez años de transformación social a través del mandato de Néstor y Cristina Kirchner fueron de plena justicia para los lastimados por los pasados regímenes. Argentina ganó en derechos para los trabajadores, en derechos humanos, derechos políticos y culturales, además de que el gobierno mandó a juicio a los torturadores de la pasada dictadura militar. Novedosas formas de agrupaciones y colectivos se crearon en ese tiempo de emancipación -para hacerle frente a la crisis- como lo describe la mexicana Vivian Abenshushan en su libro Escritos para desocupados.

No se trata de hablar de dos canciones. No se trata de hablar de dos bandas emblemáticas para el rock en español. Se trata de que hoy seguimos cantando esas letras, en los festivales, en las fiestas, en el auto, en la parranda, pero la diferencia es que en México, de cara al próximo evento electoral del 2018, no nos hemos puesto a pensar en las oportunidades que hemos perdido para cambiar a nuestros barrios, a nuestras ciudades, al país.

Seguimos siendo los mismos mexicanos que cantaban a Molotov en 1997, gobernados por las mismas personas que siguen viendo por sus propios intereses y no por los de la colectividad. Mientras que hoy, en Argentina, cantan a Bersuit de otra manera muy distinta a como la entonaban en 1998. Ya sean pro kirchneristas o anti-kirchneristas. No importa, pero lo ven desde los ojos de quienes vivieron la experiencia contra-neoliberal. ¿Qué movimientos, acciones y canciones representan nuestro estado actual en México? 

Gritemos, cantemos. Dialoguemos. “Viva México cabrones”.

Publicado en MexicanTimes
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