Festival de cine de Cartagena: El maestro Eduardo Coutinho nunca dejará de sorprender

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Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura desde Cartagena

En nuestra nota anterior hablábamos del modo en el que el cine se sumó a la animosa circulación de la vida en Cartagena. En esas calles bellas, que son diferentes según las horas en que se las camine, puede uno encontrarse a un cálido Apichatpong Weerasethakul, que habló de modo conmovedor el día viernes durante la presentación del tributo que le dispensa el FICCI; o a un apurado Alejandro Cacetta, director del Instituto de cine de Argentina, que aún en la noche corría a una reunión; o a la muy reconocida directora de “El silencio de los fusiles”, Natalia Orozco, llegando a cenar en el anochecer de un día agitado, las pastas amasadas por el italiano cartegenero Giancarlo, como también a una desorientada Paz Encina, realizadora paraguaya que llegó a presentar su película “Ejercicios de memoria”, luego de una importante gira por los Estados Unidos.

Lo cierto es que el FICCI tiene un interesante equilibrio entre diálogos públicos, eventos vinculados a la industria cinematográfica, encuentros con la prensa y funciones –totalmente gratuitas- de cine.

Entre los eventos vinculados a la industria, además del encuentro de productores ya reseñado, se celebró el primer aniversario del Sitio Web para ver cine latinoamericano, Retina Latina. Esta plataforma gratuita de cine latinoamericano, celebra su primer año al aire con 101 películas, más de 200 mil visitas y 23 mil usuarios registrados que han disfrutado en más de 20 países, de la diversidad de historias y miradas que ofrece el cine de América Latina.  Esta iniciativa en la que participan seis entidades cinematográficas de Bolivia, Colombia, Ecuador, México, Perú y Uruguay ha sido posible gracias al apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo-BID y la colaboración de Proimágenes Colombia.

Otro importante evento vinculado a la producción audiovisual es el programa Soy Cine en los barrios: El lente en la gente. A partir de la realización de ocho talleres, brinda a quienes habitan los espacios diversos de esta ciudad, el espacio para compartir el arte cinematográfico, formando criterios, de manera incluyente y participativa, a través de desarrollar lugares de encuentro para reflexionar acerca de lo audiovisual, pensando distintas estéticas, locales, nacionales e internacionales. Público y realizadores interactúan e intercambian, construyen en el diálogo y recrean conocimientos y vivencias en torno al audiovisual.

Durante la tarde del sábado se entregaron en la ciudad los premios India Catalina a la industria audiovisual colombiana, en la Plaza Mayor del Centro de Convenciones de las Américas. Estos premios se entregan desde 1984 y «La niña», producción de Caracol y CMO producciones fue la gran ganadora de la tarde.

El reinado de los documentales

Todos tenemos nuestros criterios para ver cine y todos ellos son, sin dudas, hermosamente valiosos. Pero para quien escribe, el documental está construyendo bases estéticas, identidades, proyectos y debates que incluso instituyen formas para las mejores ficciones (“Viejo calavera” y “La soledad”, tal vez en menor medida, dan cuenta de ello).

En el FICCI se presenta la obra de uno de los grandes maestros del documental moderno de América Latina, Eduardo Coutinho. Nueve son las películas del realizador brasilero que se proyectaran en estos días. Entre ellas se cuentan las imperdibles “Edificio Master”, “Las canciones” y “Juego de escena”.

“Juego de escena” es un documental de 100 minutos construido casi exclusivamente de primeros planos de mujeres hablando. Contando sus vidas, historias personales, próximas y diversas. Historias para nada extraordinarias. Historias de mujeres puestas en escena como mujeres en una sociedad machista. Madres, hijas, abandonadas. Ellas las cuentan y son sus protagonistas, pero también son actrices que las interpretan contándolas, repitiendo lo que las originales ya contaron otras. El director, en el montaje, las une y las separa. Una y la otra se confunden.

En un trabajo que hace atractivas estas historias mínimas, reponiendo para el espectador la fascinación del relato oral, Coutinho propone un doble juego. Por un lado devela cuanto de representación tiene el discurso sobre uno mismo. Porque cada mujer que cuenta su historia lo hace representando su propio papel. Pero también, en un juego que confunde y atrae, una actriz lo representa. Lo que se pone en juego es la naturaleza misma de la representación: todo es una puesta en escena. Las actrices intentan reflexionar sobre sus recursos, sobre su conciencia de lo representado. Las protagonistas reales, carecen de la conciencia de tal representación. La pregunta es ¿alguna de ellas es la protagonista del relato? ¿hay una historia real en las historias contadas?

Sobre este juego de engaños y de espejos, impacta la fascinación que produce el primer plano contundente de un rosto emotivo. El primer plano de un rostro, que a comienzos del siglo XX hizo hablar de la especificidad de un nuevo arte y que fue motivo para el inicio de la teoría del cine, aquí vuelve a funcionar. Y subyuga al espectador como si fuera novedoso. Ese mismo primer plano, como gran parte del cine, oculta demasiado algo que “Juego de escena” cuenta: de cómo las mujeres establecen un relato común sobre la asignación de roles y la dominación de género.

Aprovechen el FICCI que el talento de Coutinho se entiende fácilmente: cuando el mago es un maestro, cualquier truco por más viejo y explicado que sea, vuelve a sorprender.

 

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