La conquista de México vuelve en los murales de José Clemente Orozco

Visión de Orozco sobre la Conquista

Exposición ‘Los teules’ en el Museo Carrillo Gil

Ángel Vargas
Foto: Marco Peláez
La Jornada Maya

Ciudad de México
Domingo 9 de abril, 2017

En 1947, dos años antes de su muerte, José Clemente Orozco (1883-1949), uno de los tres grandes muralistas de la escuela mexicana, propuso una reconsideración en torno de la pintura de historia.

Lo hizo mediante una serie con la cual integró en ese mismo año la que sería su quinta y última exposición en El Colegio Nacional, del cual fue miembro fundador.

Se trata de Los teules, conjunto de obras en las que el artista jalisciense plasmó una singular visión del sometimiento de México, inspirado en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo.

Teules era el vocablo con el que los indígenas designaban a los conquistadores españoles, los cuales fueron confundidos con sus deidades. Teul proviene de la raíz en náhuatl teotl, que en los oídos de los conquistadores sonó a teules, explicó la investigadora Dafne Cruz Porchini, quien es curadora de la muestra Orozco y los teules: 1947, inaugurada el viernes en el Museo de Arte Carrillo Gil, que resguarda el acervo más importante de Orozco.

Gracias al apoyo de colecciones públicas y privadas, así como al acervo propio, ahora será posible apreciar 43 de las 60 piezas exhibidas hace 70 años en esa icónica muestra, que reúne pinturas, dibujos y acuarelas.

Choque brutal de culturas

Con Los teules Orozco desmitificó la forma de contar la historia de la Conquista, al evitar referirse a las contradicciones entre hispanidad e indigenismo y dedicarse a mostrar con llaneza, mediante la pintura, el choque violento y brutal de dos culturas.

Siempre hizo severas críticas a la concepción heroica de la resistencia indígena y cuestionó en buena medida la percepción académica, dijo Dafne Cruz.

A pesar de que el conjunto quiso ser una crítica del relato histórico, el artista deseó conservar cierta épica para representar escenas de guerra: heridos, cadáveres, fragmentos humanos, ríos de sangre y ritos ceremoniales.

En un recorrido con representantes de los medios de comunicación efectuado el miércoles, la especialista destacó que el pintor jalisciense privilegió la confrontación violenta entre españoles e indígenas, eliminando las figuras de códice, como él las llamaba.

La narración planteada por el artista refleja el momento previo al enfrentamiento, la lucha entre ambas facciones y la consecuencias de esa brutal confrontación, destacó la investigadora.

A la usanza de la pintura histórica producida en la Academia de San Carlos, posterior a la República restaurada, Orozco revaloró el género tomando ejemplos de la historia antigua de México, que se inspiraron en temas violentos.

Esos temas fueron combates sangrientos, matanzas, sacrificios humanos, la antropofagia entre los indígenas, el episodio conocido como la Noche Triste y la destrucción de teocallis, entre otros, que también fueron explorados por artistas como Félix Parra, Luis Coto y Leandro Izaguirre, expresó Dafne Cruz.

El tema de la Conquista, añadió, ya había sido recogido por José Clemente Orozco en los murales al fresco que pintó en la Escuela Nacional Preparatoria, que ocupaba el Antiguo Colegio de San Ildefonso; el Colegio Dartmouth, en Hanover, Nueva Hampshire y el Hospicio Cabañas, en Guadalajara.

La especialista informó que Orozco y los teules: 1947 permanecerá abierta al público tres y medio meses en el recinto ubicado en avenida Revolución 1608, San Ángel.

Con la finalidad de enriquecerla, se desarrollará un programa de actividades paralelas, como conversatorios, talleres y recorridos guiados; también se presentará un catálogo.

Publicado en La Jornada

Muestran la visión de Orozco sobre la Conquista de México

El Museo Carrillo Gil abre mañana exposición con 43 obras que narran la cruenta batalla entre españoles e indígenas. Es conocer la faceta del pintor como historiador, dice la curadora Dafne Cruz

Muestran la visión de Orozco sobre la Conquista de México | La Crónica de Hoy

Indígenas con rostros lleno de sangre, españoles descuartizados, cuerpos sin vida sobre los que Hernán Cortés lidera una batalla o la Malinche arrodillada, son parte de las 43 imágenes del enfrentamiento entre españoles e indígenas que hace 70 años pintó José Clemente Orozco (Jalisco, 1883-Ciudad de México, 1949) para una exposición ex profeso de El Colegio Nacional y que ahora se exhibirán a partir del viernes 7 de abril en el Museo de Arte Carrillo Gil (MACG), con el nombre Orozco y los Teules, 1947.

En palabras de la curadora, Dafne Cruz, está exposición recupera la faceta de historiador de Orozco, ya que muestra su visión sobre la Conquista: una guerra en donde tanto indígenas como españoles fueron violentos. Estas obras de gran formato las realizó el muralista mexicano a partir de la lectura de la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España (1632) de Bernal Díaz del Castillo.

“La obra de Orozco aún ofrece muchas vetas de estudio y reflexión, ver su trabajo a través de esta serie dedicada a la conquista de México, más que ver a un pintor, Orozco se presenta como un historiador”, comenta la curadora y detalla que en 1947, el muralista hizo cerca de 60 obras, de las cuales actualmente sólo se exhiben 43, ya que el resto fueron vendidas y se encuentran en Estados Unidos o se desconoce su ubicación.

Sin embargo, la directora del MACG, Vania Rojas, precisó que más del 80 por ciento de las piezas de la muestra original, “están ahora expuestas; las otras, por cuestiones legales, están en Estados Unidos. Esa fue la razón por la que no presentamos al 100 por ciento la misma muestra como hace 70 años. Pero es un privilegio ver, por primera vez estas obras juntas”.

Sobre la reflexión que José Clemente Orozco hizo en vida sobre el tema de la conquista, fue una crítica hacia la academia. “Después de leer la crónica de Bernal Díaz del Casillo, él no tomó partido, pensaba que como miembro de El Colegio Nacional, su misión sería más objetiva porque no le daba la razón a los hispanistas ni a los indigenistas. Es más, Orozco no realizó conferencias como acostumbran los miembros de El Colegio, él prefirió realizar exposiciones”, señaló la curadora Dafne Cruz.

El nombre de teules lo eligió Orozco, porque según los españoles, con esa palabra los indígenas los designaban. “Teul proviene de la raíz en náhuatl teotl, que en los oídos de los conquistadores sonaba a teules”, explicó Dafne Cruz.

En esta muestra que permanecerá hasta el 6 de agosto, sobresalen las representaciones propias de una guerra: enfrentamientos, la entrada violenta de los españoles a Tenochtitlán y los heridos de esa batalla. “No hay ejes temáticos porque sólo quisimos presentar la narración del enfrentamiento violento entre españoles e indígenas desde la visión de Orozco, la visión de una crónica desde la plástica”.

José Clemente Orozco fue el primer muralista en ingresar a El Colegio Nacional y el año en que presentó la serie Teules (en la que trabajó por 4 meses), coincidió con la primera exposición retrospectiva de su obra en el Palacio de Bellas Artes, proyectos que evidenciaron su consolidación como pintor y el reconocimiento otorgado por el estado mexicano.

CORTÉS Y LA MALINCHE. La exposición Orozco y los Teules, 1947 inicia con la obra El alanceado, un close up de un español herido con una lanza y que en palabras de la curadora Dafne Cruz, muestra que la violencia es la guía principal de esta serie.

“Después se observarán una serie de cuadros en donde aparecen caballos atacando, porque una de las cosas que más les sorprendieron a los indígenas, según la crónica de Bernal Díaz del Castillo, fueron los soldados a caballos y las grandes lanzas que portaban. Entonces el caballo es importante dentro de la conquista y Orozco privilegia esa figura dentro de esta muestra”, añadió.

También en algunas obras, se observa que Orozco no indagó en otras fuentes para representar la ropa de los mexicas, ya que los plasma con orejeras, tocados de plumas y con un calzón, y a los españoles los destaca por sus armaduras.

“Algo que le sorprendió a Bernal Díaz del Castillo fueron algunas prácticas indígenas, por ejemplo, la antropofagia que él define como canibalismo. Esa era una práctica bastante común entre las culturas de Mesoamérica. Por eso vemos que el muralista pintó a un indígena que le están cortando las piernas a un español”.

Sobre la representación que hizo Orozco de dos personajes polémicos en la conquista: La Malinche y Hernán Cortés, la curadora explica que  ella es de las pocas mujeres que están plasmadas.

“Muy pocas mujeres aparecen en la serie, eso nos habla del papel de ellas dentro de la conquista y también nos habla de que Díaz del Castillo no las menciona mucho. La que sí está en la crónica es la Malinche y Orozco la pone arrodillada, a merced del conquistador Cortés, quien posa sentado de perfil”.

Otra representación de Cortés, añadió, está en un cuadro donde aparecen los heridos de guerra en un amontonamiento de cadáveres, cuerpos entre vivos y muertos, “ahí sobre esa pila de cuerpos, destaca Hernán Cortés quien está dirigiendo la batalla”.

La curadora Dafne Cruz señaló que hay una parte de la exposición que remite a la esperanza: la serie de dibujos Indias, los cuales se colocaron a falta de la obra original.

“Ahí con esos bocetos, hay un cierto dejo de esperanza. Aparecen un conjunto de indias, una mujer no tan grande junto con otra más joven que ella, que a través de estos dibujos que son más anatómicos, son pintados por Orozco desde una perspectiva aérea y podemos percatarnos que una de las mujeres está embarazada. Entonces el enfrentamiento de la conquista fue violento, pero poner a una mujer embarazada, nos habla de un ciclo de vida y de la esperanza que hay a pesar de la violencia; es la creencia de un futuro”.

Publicado en Crónica

La Conquista, como no se había visto

Al entrar al Museo Carrillo Gil, se topa el espectador con una frase del historiador Justino Fernández: “Nadie había pintado, o hablado, así de la Conquista”.

Se refiere Fernández al trabajo que él había visto en el estudio de José Clemente Orozco, una serie de pinturas en caballete que, literalmente, dejaron al historiador sin aliento.

La serie se llama Los teules y Orozco la trabajó para el Colegio Nacional en 1947. Orozco fue uno de los miembros fundacionales de esa institución intelectual.

Teules significa dioses en náhuatl. Y la verdad es que, como obra inspirada por los dioses antiguos, el que mira, como Fernández, se queda impresionado.

La guerra, sin víctimas

Orozco, conocido como el gran maestro muralista, era un artista muy libre, sin miedo. En Los teules decidió narrar la Conquista como lo que fue: una guerra en la que ambos bandos fueron victimarios.

La inspiración del conjunto de obras, que incluye pintura y dibujo, nace de la lectura que el artista hizo de La historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo, crónica ineludible de aquellos hechos. Díaz del Castillo era soldado de la partida de Hernán Cortes, su visión, adelantada a su época, tiene tanta admiración por el ejército español como por los guerreros mexicas.

Eso transpira Los teules. Como explica el texto de sala, el cronista español tradujo la palabra náhuatl como “demonios”. Para los aztecas, la llegada de los guerreros extranjeros significó el cumplimiento de una profecía de los propios dioses: la caída de Tenochtitlan a manos de un ejército salido de más allá del mundo.

La obra con la que se abre la exposición es terrorífica: el rostro de un hombre barbado traspasado por flechas y lanzas. Los tonos azulados adivinan la sangre. Un cadáver dejado en el campo de batalla a su encuentro con la putrefacción.

El caballo es un leitmotif de la obra de Orozco. En Los teules aparece con frecuencia. En el fragor asesino, un caballo aterrorizado levanta las patas, sabe que está a punto de morir.

Otro, un dibujo en carboncillo, un guerrero azteca lleva como botín una pata de caballo chorreante. ¡Cómo dibujaba Orozco!

José Clemente Orozco es, para la de la voz, el mejor de los tres grandes muralistas (los otros, Rivera y Siqueiros). Su obra nunca dejó de crecer, nunca se detuvo exclusivamente en los temas nacionales. Los teules es una prueba: con técnica renovada, escenas de guerra que bien podrían haber salido de cualquier otro gran escenario bélico. No hay paz para quien mata, ambos bandos fueron asesinos.

Nadie toma prisioneros

¿Son obras antibelicistas? La pregunta cabe: después de todo en 1947, el mundo apenas acababa de salir de la guerra más grande de su historia.

Creo que la respuesta es no. Orozco no hace un elogio de la guerra, pero tampoco impone una mirada pacifista al respecto. Las piezas que uno ve en el recorrido son brutales. Diría incluso que hay una pulsión por el martirio en la imaginación y el pincel de Orozco.

Muchas de las escenas de batalla no niegan su parentesco con la épica. Arturo y sus caballeros en la Nueva España.

Hay mucho de ritual en las pinturas. Un encuentro entre el naturalismo figurativo y la hechicería de lo abstracto. No sería menos en una obra dedicada a los dioses de nuestro pasado.

En uno de los cuadros, uno de los más grandes de la colección, un dios mexica retratado con vivos colores lleva en el rostro una gran mancha negra. Luto. Horror.

Por cierto, aunque las obras no llevan el colorido de los murales de Orozco, hay color. Colores muy dramáticos como el azul de la piel de los guerreros aztecas (¿sangre?). Hay un cariz cinematográfico en varios de los cuadros.

La exposición dedica un espacio a los dibujos que completan Los teules. Un estudio de la desnudez de una mujer indígena. Otro dibujo en rojo de un cuerpo desmembrado.

Parecerían obras en proceso pero merecen su lugar en la sala solamente por el placer de ser testigo de la mano talentosa del maestro.

Publicado en El Economista

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