Pachatopías: la iconografía prehispánica del Perú

Los historiadores están de acuerdo en que hace unos 10 mil años ya andaban por aquí. Verdaderas oleadas de cazadores de auquénidos y recolectores de tubérculos empiezan a poblar esta parte del planeta. Con su sedentarización afinan el arte, recrean todos sus mundos, especialmente el inmaterial. Así, hacia el año 1000 a.C. aparecería la primera sociedad compleja, Chavín de Huántar, y sus excepcionales edificios piramidales genitores de otros prodigios arquitectónicos como Kotosh, en Huánuco, y la serie de huacas que pueblan La libertad y Lima.

 

Es curioso verificar cómo el discreto desarrollo de la pintura en estas civilizaciones fue suplida con creces por sus extraordinarios aportes en cerámica, metalurgia, textilería y litoescultura, rubro en el que, otra vez, encuentra en Chavín un centro nuclear de dimensiones monumentales: lanzones y cabezas clavas alternan en notables edificios de plataformas superpuestas para una expansión artística que encontrará en los Paracas el puente perfecto de una sofisticación que acrisola sobre las arenas de Nasca.

Los mantos Paracas, de algodón y lana, compiten en belleza con sus ceramios, cuya sobriedad se obtiene por acción de las resinas minerales sabiamente aplicadas poscocción. Textilería urdida sobre telas llanas bordadas en colores vivos, poblada de seres híbridos y sobrenaturales, plantea un sistema iconográfico polícromo y regulado, cuya influencia incidirá sobre civilizaciones posteriores, tipo Huarpa, Virú o Recuay. Tótems de naturaleza geométrica bordan un sistema de arte que extenderá su influencia sobre todo lo que viene después.

Será en los tejidos mochica donde el ocre y el crema sean tan recurrentes como el dios felino Aia Paec, cuyo ajuar funerario tachonado de orfebrería metálica deslumbrará en las huacas de Trujillo y El Brujo. Los del valle Moche poseen una cerámica monocroma con gollete estribo. Inmensa civilización devastada brutalmente por el fenómeno de El Niño, azote indomable que atraviesa impunemente los siglos. Otros grandes orfebres resultaron los wari, tejedores de asombrosa finura y urdimbre.

La meseta del Collao, por su parte, arrojaría a los Tiahuanaco y sus kero de polícroma geometría como vaso ceremonial en sus fortalezas de Kalassasaya, Akapana y Templete. Y así, en civilizaciones aparentemente pequeñas como Chincha, Huanca, Chanca, Cabana, Chancay o Sicán, los artistas prehispánicos seguirían trazando una senda que ni el poderoso Imperio Incaico logró obliterar.

PRESENTE CONTÍNUO
Con semejante telón de fondo, resultaba insoslayable para un grupo de alumnos de la Pontificia Universidad Católica del Perú tender un puente al pasado y revisitarlo. La muestra de arte colectivo «Pachatopías» llega al Museo Amano para desplegar sus posibilidades creativas y reinventar la iconografía prehispánica en un afectuoso sentido de apropiación del pasado.

El colectivo hace un exhaustivo análisis compositivo de la lógicas secuenciales encriptadas en los hallazgos arqueológicos –especialmente textiles y ceramios– e inmediatamente los incorpora en su praxis. Diseño y arte, conceptualmente generados en un pasado pretérito y más vivo que nunca, provocan cuadros, esculturas y performances que pretenden decodificar y analizar la iconografía y la modulación de un diseño tan nuestro y atemporal como contemporáneo y vivo.

MÁS INFORMACIÓN

Lugar: Museo Amano Dirección: calle Retiro 160, Miraflores
Fecha: del 31 de marzo al 30 de abril
Horario: 10 a.m. a 5 p.m.
Precio: de S/10 a S/30
Publicado en El Comercio
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