Teresa Wilms Montt: la poeta feminista

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A pesar de la represión social y familiar de la época, la poeta llamada cariñosamente “Tereso” por su padre, se caracterizó por una audacia emancipadora, característica rara en las mujeres de principio del siglo pasado. En su contexto, la producción de Teresa Wilms Montt parecer ser un grito desesperado que fácilmente puede ser reconocido y adaptado a nuestro tiempos. Acosada por los prejuicios sociales, los roles, la tradición, el conservadurismo familiar, el machismo, la violencia y el enclaustramiento legítimo, parece ser que el origen del camino de vida que llevó, más allá de la realización y el reconocimiento, fue hacer de su propia vida una vocación literaria.

“Fui crucificada, muerta y sepultada por mi familia y la sociedad.
Nací cien años antes que tú y sin embargo te veo igual a mí”
Teresa Wilms Montt

La poeta chilena Teresa Wilms Montt, nació en 1893 en el seno de una familia aristocrática. De origen viñamarino, desde muy pequeña tanto en su entorno familiar como social fue cuestionada por sus ideas rebeldes, contrarias a los valores y enseñanzas de su clase. Plasmó su ideario influenciado por el feminismo y anarquismo, en álgidos periodos de revueltas sociales: el Chile de Luis Emilio Recabarren, el salitre y la Masacre de la Escuela Santa María de Iquique, y en España junto a las movilizaciones por los derechos de las mujeres. Enclaustrada en un convento por su familia al no cumplir con el rol histórico atribuido a la mujer, de esposa y madre, escapa al extranjero junto a su amigo, el poeta Vicente Huidobro, lo que fue vital para poder desarrollar su carrera intelectual, literaria y constituirse, aunque poco reconocida, como pionera del feminismo en el campo de la literatura chilena.

Para contextualizar, es importante mencionar que a principios del siglo XX, la producción intelectual de las mujeres no estaba reconocida social ni académicamente, destacando el “discurso de la domesticidad” que “presentó el trabajo extra hogareño de la mujer como un atentado contra la familia”. En este contexto, Teresa Wilms Montt decide renunciar irreversiblemente a sus privilegios de clase, enfrentándose con la violencia que la sociedad y su familia ejercen contra ella: “la represión de la cual fue víctima la escritora provino desde su familia, su marido y desde la crítica literaria del periodo”.

Si bien fuera de Chile la poeta comenzó a desarrollar con éxito su carrera literaria, la vida bohemia y su idea de adentrarse en espacios que estaban reservados a los hombres, la llevaron a tener muy mala fama entre los compatriotas que visitaban los países de Europa. “Durante su último año de vida, cuando la poeta residía en París, los jóvenes de la aristocracia chilena que viajaban a la Ciudad de las Luces, de vuelta en Santiago de Chile narraban historias fantásticas sobre aventuras amorosas con la escritora, la que era conocida no por su actividad artística, sino por el prejuicio que había de ella”, lo que pudo haber significado un proceso difícil de validación social entre sus pares del círculo literario, mayoritariamente hombres, que no estaban exentos de misoginia y machismo.

Durante sus primeros escritos, como “Inquietudes sentimentales”, Teresa debió utilizar el lenguaje que estaba socialmente aceptado por la cultura masculina y sus discursos, el cual “contiene un valor simbólico y una carga de significaciones que el mismo patriarcalismo asignó”, lo que podría ser una de las causas por las que la poeta chilena comenzó a ser escuchada por los círculos intelectuales en Argentina y España, considerando que “las primeras poetas mujeres con un discurso rupturista diferente al canónico comenzaron a ser publicadas recién en la segunda década del siglo XX”.

Su vida literaria, estuvo influenciada por las revueltas sociales de cada contexto que vivió, principalmente por demandas del movimiento feminista y obrero; en Chile, durante la visita de la andaluza Belén de Sárraga en 1913, quien revolucionó a la elite chilena con su discurso “condenatorio hacia el rol de madre, de esposa sumisa y contra el autoritarismo moral de la iglesia”, luego en España, por las mujeres trabajadoras que reivindicaron demandas feministas, como Teresa Claramunt, Maria de Echarri y Clara Campoamor, quienes entre el 1900 y 1914, lucharon por reivindicar el rol de la mujer en la construcción de una nueva sociedad, en el mejoramiento de condiciones laborales para las mujeres trabajadoras y derechos cívicos como el voto femenino.

Asimismo, a principios del siglo XX, la joven poeta se refiere al contexto social de Chile en Argentina: “Aquí en el país de ustedes, hay una cultura, amor a lo bello, artistas de verdad, hay independencia individual, cada uno vive como se le ocurre o puede, en cambio allá de Chile… la iglesia domina aún, la separación entre la sociedad es profunda; al pobre “roto” se le desprecia; entre la aristocracia, corroída como todas, y el pueblo existe un abismo insondable”. Una evidencia de su pensamiento transgresor, es la opinión que su esposo Gustavo Balmaceda, tiene sobre el desarrollo intelectual de Teresa: “Poco a poco, iba abandonando su actitud pasiva para volver a las volubilidades imperiosas que eran el fondo de su naturaleza femenina, había vuelto también a sus devaneos literarios. Tornaba a devorarse sin selección alguna, cuando volumen pillaba a mano. Pero no se contentaba con leer, sino que escribía…”

A pesar de la represión social y familiar, “Tereso”, como la llamaba cariñosamente su padre, se caracterizó por una audacia emancipadora, característica rara en las mujeres de su época. En su contexto, la producción de Teresa Wilms Montt parecer ser un grito desesperado que fácilmente puede ser reconocido y adaptado a nuestro tiempos. Acosada por los prejuicios sociales, los roles, la tradición, el conservadurismo familiar, el machismo, la violencia y el enclaustramiento legítimo, parece ser que el origen del camino de vida que llevó, más allá de la realización y el reconocimiento, fue hacer de su propia vida una vocación literaria.

Mujer, poeta, feminista y clasista. Eso fue Teresa Wilms Montt durante su corta vida en los inicios del siglo XX, intentando abrir paso a su producción y derecho a vivir en sociedad como una persona libre. Su vida, sus ideas y convicciones, están reflejadas aquí: «Soy Teresa Wilms Montt… y aunque nací cien años antes que tú, mi vida no fue tan distinta a la tuya. Yo también tuve el privilegio de ser mujer. Es difícil ser mujer en este mundo. Tú lo sabes mejor que nadie. Viví intensamente cada respiro y cada instante de mi vida. Destilé mujer. Trataron de reprimirme, pero no pudieron conmigo”.

Fuentes:

Teresa Wilms Montt, un canto de libertad  Ruth González-Vergara, Grijalbo, 2009.
Teresa Wilms Montt, estrategias textuales y conflicto de época  Marina Alvarado, Cuarto Propio, 2015
Poesía reunida  Teresa Wilms Montt, Alquimia Ediciones, 2016.

Publicado en El Mostrador
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